La Historia de Louis Riel el Jefe Rebelde COLLINS, Joseph Edmund

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COLLINS, Joseph Edmund. La Historia de Louis Riel el Jefe Rebelde - Toronto, 1970.

Indización Juridica

DERECHO CONSTITUCIONAL
DERECHO PENAL
DERECHOS HUMANOS
PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LOS SISTEMAS JURÍDICOS CONTEMPORÁNEOS
DERECHO PROCESAL PENAL

INTERROGANTES

  • ¿Qué fenómenos son relevantes al momento de centrar una defensa en juicio recurriendo a la insania?
  • ¿Puede ser la insania un concepto moralmente reprochable y atribuible a un gobierno?
  • ¿De que manera confluyen los aspectos socio-culturales y jurídicos en la concepción de la (imputabilidad) y la responsabilidad?
  • ¿Cómo se concilian la expresión étnica y socio-cultural de la opinión popular (jurado/veredicto) con la construcción jurídica casuística desarrollada por los países del Common Law, a la luz de una Revolución por la independencia de las Colonias?

CITAS TEXTUALES

  • Riel argumentó que sus acciones en la resistencia, lejos de ser las de un traidor, eran una respuesta política razonable y legítima a la inacción del gobierno, que hubiese permanecido como “constitucional,” y por lo tanto legal, si el Dominio no hubiese reaccionado con agresión.
  • La postura de Riel para rechazar la propuesta de sus abogados de recurrir a la defensa de insania en su juicio puede parecer una postura personal a primera vista, pero también tiene un profundo significado político. Riel se negó rotundamente a “la mancha que yace sobre mi reputación” que vio simbolizada por la estrategia propuesta por su
  • Este planteo, el de ser responsable por los actos propios, se basa en el conocimiento ideal de lo que el hecho significa dentro de un discurso que presupone que la ley es una normativa de carácter social y que equipara significativamente el conocimiento específico de la ley con un sentido aparentemente innato y moral del “mal”.
  • Al plantear la insania frente a la culpabilidad de Riel por sus actos en la Resistencia del Noroeste,  sus abogados basaron el argumento en las concepciones racistas respecto del origen Métis de Riel que sugería de forma implícita que el “misticismo” y que sus antepasados indígenas “faltos de educación” lo predisponían a una simpleza susceptible de convertirse en inestabilidad.
  • La concepción jurídica de la responsabilidad personal articulada en las Reglas de M’Naghten, como una hermenéutica que formaliza un divorcio potencial entre la comisión de un acto y la culpabilidad por ese acto, constituye un aspecto significativo de la forma en que las culturas derivadas de la tradición del Common Law conocen y entienden la responsabilidad.
  • Tal como lo demuestra el interés despertado por el estado mental de Riel (y, de hecho, el clamor sobre la decisión en M’Naghten), las concepciones jurídicas de la insania fueron objeto de un escrutinio popular considerable en el siglo XIX, y hubo un debate público en el que las concepciones particulares del derecho respecto de la responsabilidad y la culpabilidad fueron cuestionados por otros discursos socioculturales.

 

COMENTARIO

 Por Benjamin Authers “‘An Insane and Irresponsible Government’: Governance and Responsibility in Louis Riel’s Trial Speech and John Mackie’s The Rising of the Red Man.” In Riel’s Defence: Perspectives on his Speeches. Ed. Hans V. Hansen. Montreal and Kingston: McGill-Queens University Press, 2014. 224-246.

Benjamin Authers

Profesor adjunto de Derecho

Universidad de Canberra, Australia

 Edición: Rita Tineo

Traducción: Jimena Reides

 

“UN GOBIERNO DEMENTE E IRRESPONSABLE”: LOUIS RIEL Y LA CARACTERIZACIÓN  DE LA RESPONSABILIDAD

 El discurso de defensa de Louis Riel fue la primera oportunidad continua que tuvo para dirigirse a la corte en su juicio de 1885 por alta traición.[1] Durante el discurso, Riel sostuvo la legitimidad de la Resistencia de los Territorios del Noroeste  al señalar la mala administración por parte de Ottawa, destacando su fracaso tanto para responder al sufrimiento de los habitantes indígenas y Métis como para  garantizar a los colonos europeos un “gobierno responsable” y sus “libertades individuales”.[2] Riel argumentó que sus acciones en la resistencia, lejos de ser las de un traidor, eran una respuesta política razonable y legítima a la inacción del gobierno, que hubiese permanecido como “constitucional,”[3] y por lo tanto legal, si el Dominio no hubiese reaccionado con agresión.[4]

La postura de Riel para rechazar la propuesta de sus abogados de recurrir a la defensa de insania en su juicio puede parecer una postura personal a primera vista, pero también tiene un profundo significado político. Riel se negó rotundamente a “la mancha que yace sobre mi reputación”[5] que vio simbolizada por la estrategia propuesta por su  defensa.  Sostuvo que sus acciones estaban justificadas  en razón del trato dado por el gobierno a los territorios. De hecho, al resistirse al Dominio, Riel argumentó que fue él quien actuó “razonablemente y en defensa propia”.[6]  Y que, por consiguiente  la conducta desplegada por Ottawa, “al ser irresponsable y, en consecuencia, insana, sólo puede ser considerada incorrecta”.[7]

Este artículo examina el lenguaje de la responsabilidad y la insania utilizado en el “caso” de Louis Riel y analiza  cómo las declaraciones relativas a  la salud mental de Riel llegaron a ilustrar formas dispares de “concepciones sobre la responsabilidad”.[8] Las ideas acerca de la responsabilidad se despliegan en formas notablemente diferentes tanto en los textos del propio  Riel como en los de los autores que escribieron sobre él. En la caracterización planteada por sus abogados defensores, Riel es insano desde el punto de vista legal. Es incapaz de distinguir la calificación de su conducta como actos de traición y, por lo tanto, no puede ser responsable de ellos. Esta postura, refutada por la Corona y finalmente rechazada por el jurado, constituye una de las caracterizaciones más persistentes de Riel, una construcción jurídica cuyas connotaciones permean (al igual que lo hacen otros conceptos jurídicos) la cultura más amplia. Los trabajos literarios contemporáneos como Patrol of the Sundance Trail[9] de Ralph Connor y The Story of Louis Riel the Rebel Chief[10]  de Joseph Edmund Collins hablan de esta concepción de la culpabilidad y del complejo marco ideológico que ésta evoca y ayuda a construir. Aunque estas novelas no se concentran en forma directa en la cuestión legal de si Riel debería haberse declarado inocente  apelando a la defensa de insania para evitar ser enjuiciado, las discusiones sobre la salud mental de Riel y la culpabilidad le deben mucho a las concepciones jurídicas de responsabilidad, incluso cuando las matizan y las desafían. Las novelas de Connor y Collins demonizan a Riel al caracterizarlo como loco y también como criminal, encontramos también una caracterización de responsabilidad  mucho más enfática en la caracterización que hizo  John Mackie de Riel en The Rising of the Red Man: A Romance of the Louis Riel Rebellion.[11] En el texto de Mackie, se hace evidente que las ideas desarrolladas sobre la aberración y la criminalidad definen al líder de los Métis, caracterizándolo como un impostor que es a la vez irracional y culpable. Los términos jurídicos tales como “criminalidad” y “fraude” dan forma a la caracterización de Mackie acerca de Riel, pero es solo uno de los tantos discursos que lo hacen.

Las declaraciones del propio  Riel en su defensa también extrapolan el significado legal de “insania” y “responsabilidad”. Para Riel, sus acciones durante la Resistencia de los Territorios del Noroeste fueron las de un hombre racional que actuó en respuesta a  los actos de un “gobierno irresponsable, y por ende  insano”. Al crear una analogía entre la insania y la idea de un gobierno indiferente e irresponsable, Riel puede, de cierta forma, controlar la caracterización de su conducta en su discurso y a la vez plantear una crítica política sobre la administración del Dominio en los Territorios del Noroeste. Cada uno de estos textos se basa en diferentes concepciones  de insania y responsabilidad, y demuestran cuán potente y sobredeterminado es el concepto de responsabilidad en las discusiones de Louis Riel y la resistencia de 1885.  Las distintas caracterizaciones de estas concepciones muestran la postura jurídica del propio Riel y las posturas  más amplias que aparecen en la cultura anglófona en las últimas décadas del siglo XIX.

Se han realizado muchos trabajos interesantes desde finales del siglo XIX sobre la cuestión de la salud mental de Riel y si debería haberse considerado culpable de sus acciones en la resistencia. Aunque soy consciente de la importancia de este asunto en los registros históricos y de  los planteos sobre el derecho y la justicia que derivan de los errores de la defensa, este artículo complementa este  debate al analizar las caracterizaciones de la responsabilidad de Riel en lugar de preguntarse si éste  en el juicio debería haber sido declarado inocente por  insania.

Responsabilidad y Riel

En su biografía de 2010, Louis Riel and Gabriel Dumont, el escritor Métis Joseph Boyden observa que los abogados de Riel disponían de pocas opciones para formular su defensa. Ante  el delito de alta traición punible con pena capital, los abogados sostuvieron que el cargo debía reducirse al delito de traición, que si bien es un delito grave, es menos serio que el primero.  También  afirmaron que la “rebelión estaba justificada y que era producto de la conducta del gobierno federal por su mal manejo y por la ignorancia criminal de las solicitudes efectuadas por los Métis para que se revieran sus reclamos territoriales”.[12] Sin embargo, para ellos, era “más útil” y “obvio” recurrir a la defensa de insania.[13]Tal argumento se vio respaldado tanto por la internación de Riel en asilos en la década de 1870, la naturaleza aparentemente bizarra de sus escritos y también por la manía religiosa que parecía dirigir sus acciones, incluyendo su declaración de que era un “profeta del nuevo mundo”[14]  . En el mejor de los casos, el ser considerado insano salvaría la vida de Riel.

  Luego del discurso de defensa de Riel y los alegatos de sus defensores y de la fiscalía, el Teniente Coronel Hugh Richardson -magistrado permanente que presidía el juicio de Riel-  explicó el estándar al jurado: “Para establecer  la insania como defensa, se debe probar en forma clara que al momento de la comisión del hecho el estado mental del acusado era tal que no le permitía discernir la naturaleza y calidad de los actos que estaba realizando, o que si tenía conocimiento de tal naturaleza, no sabía que lo que estaba haciendo era incorrecto. Eso es lo que les propongo como regla.”[15] Las  instrucciones dadas por Richardson al jurado llevaron al estrado las M’Naghten Rules, una serie de criterios para determinar la responsabilidad legal que se consagraron luego del juicio de Daniel M’Naghten llevado a cabo en Inglaterra en 1843. En la creencia de haber sido perseguido por años por los Conservadores británicos, M’Naghten asesinó a Edmund Drummond, quien era el secretario privado del entonces Primer Ministro, Sir Robert Peel confundiéndolo con éste. El veredicto  de inocencia por insania emitido por el jurado inquietó a la población despertando las críticas de la Reina Victoria. En una carta privada a Peel, la reina expresó lo que ha demostrado ser una inquietud persistente sobre la insania declarada judicialmente: que un delincuente puede escapar a su castigo cuando “todos están moralmente convencidos de que… [él o ella era] perfectamente consciente de lo que hacía”.[16]

   Al  comparecer ante la Cámara de los Lores para aclarar la situación legal luego de M’Naghten, los jueces del Tribunal Penal Central respondieron una serie de preguntas planteadas por los Lores. En una “decisión” mayoritaria,  se determinó  la regla general de que un acusado que sufre de una enfermedad mental se considerará inocente a menos que “al momento de cometer el delito tuviera conocimiento de que su comportamiento era contrario a la ley ”.[17] Este conocimiento no implica un conocimiento específico de la norma, ya que la defensa debe probar que “el acusado actuaba de forma tal como para no saber la naturaleza y calidad de los actos que estaba cometiendo; o que si tenía conocimiento, no podía discernir que lo que estaba haciendo estaba mal”.[18]  Este planteo, el de ser responsable por los actos propios, se basa en  el conocimiento ideal de lo que el hecho significa dentro de un discurso que presupone que la ley es una normativa de carácter social y que equipara significativamente el conocimiento específico de la ley con un sentido aparentemente innato y moral del “mal”.[19] La responsabilidad legal depende de que el acusado pueda reconocer la “naturaleza y calidad” de sus acciones contrarias a la ley. Por lo tanto, el conocimiento acerca de lo correcto y erróneo de los actos específicos se convierte en la cuestión central de la responsabilidad legal; este conocimiento determina si un defecto en la razón, causado por una enfermedad mental, significa que un acusado no es competente para ser considerado responsable de las consecuencias (castigo) de lo que sería un acto criminal .

   En el precedente establecido en el Caso Daniel M’Naghten que utilizó el juez Richardson en The Queen v. Louis Riel, la defensa por insania se utilizó como el argumento legal de base para negociar la responsabilidad de una persona en los casos de enfermedad mental.[20] En el juicio de Riel, sus abogados plantearon al jurado la siguiente elección: “o este hombre es el lunático que nosotros, sus asesores, hemos tratado de hacer ver, o es un hombre completamente cuerdo en pleno uso de sus facultades mentales, y  responsable ante Dios y los hombres por todos sus actos”.[21] Al   plantear la insania frente a la culpabilidad de Riel por sus actos en la Resistencia del Noroeste,  sus abogados basaron el argumento en las concepciones racistas respecto del origen Métis de Riel que sugería de forma implícita que el “misticismo” y que sus antepasados indígenas “faltos de educación” lo predisponían a una simpleza susceptible de convertirse en inestabilidad.[22] Más abiertamente, la defensa sostuvo que debido a su participación en la Rebelión del Río Rojo de 1869-70, Riel había desarrollado una “enfermedad mental conocida como megalomanía… un amor extraordinario hacia el poder y un desarrollo extraordinario de ambición”, donde la víctima puede actuar “bajo la ilusión perturbada de que es un gran poeta, o un dios, o un rey, o de que se encuentra en comunicación directa con el Espíritu Santo.”[23] Las acciones de Riel, afirmó la defensa, no eran racionales: por ejemplo, él no se habría rendido al General Frederick Middleton si no hubiese estado actuando con la creencia irrazonable de que Dios lo estaba protegiendo de cualquier daño.[24] Cuando la fiscalía ofreció una caracterización alternativa al canalla “profundo, intrigante y astuto que parecía ser”[25], la interpretación de la defensa sostuvo que era “completamente insano y que no era responsable de sus actos”[26] y, por lo tanto, era incapaz de asumir una responsabilidad legal por su rol en la Resistencia del Noroeste. Riel no podía comprender racionalmente la calidad y la consecuencia de sus actos, los cuales derivaban de sus delirios, incluida su creencia megalomaníaca de que no habría “oposición de sus metas”.[27] Dadas las pruebas presentadas por la defensa, Charles Fitzpatrick, uno de los abogados defensores de Riel, pidió al jurado en su alegato final que apoyaran los “principios ingleses de la libertad profundamente enraizados en los corazones de los jurados ingleses”.[28] La justicia inglesa debiera proteger a Riel considerándolo “un pobre lunático”[29]. Una forma de protegerlo sería la utilización de la defensa por insania, ya que sería difícil de otra forma simpatizar con alguien como él por ser “un extraño en términos de raza y un extraño en términos de religión”[30], y un extraño también por su estado mental “foráneo”.       La concepción jurídica de la responsabilidad personal articulada en las Reglas de M’Naghten, como una hermenéutica que formaliza un divorcio potencial entre la comisión de un acto y la culpabilidad por ese acto, constituye un aspecto significativo de la forma en que las culturas derivadas de la tradición del Common Law conocen y entienden la responsabilidad. Sin embargo, algunos conceptos tales como la eximición de responsabilidad  por razón de incapacidad mental tienen una influencia más profunda en el contexto social más amplio, pero la ley no define tales conceptos de forma concreta. A continuación pasaré de los detalles del juicio de Riel a un análisis de la forma en que  estos conceptos jurídicos de su estado mental responsabilidad se percibieron fuera del ámbito judicial. Con frecuencia las decisiones judiciales tienen connotaciones que trascienden el caso particular, ya que la determinación de la prueba, las leyes, y también los procedimientos, normas y tests legales generan un impacto social en la sociedad de la que son parte. La forma que tome la ley influenciará el modo en el que la cultura en general se apropia de la situación y la define “de una cierta forma y nos alienta a percibirla de la misma manera.”[31]

   Tal como lo demuestra el interés despertado por el estado mental de Riel[32] (y, de hecho, el clamor sobre la decisión en M’Naghten), las concepciones jurídicas de la insania fueron objeto de un escrutinio popular considerable en el siglo XIX, y hubo un debate público en el que las concepciones  particulares del derecho respecto de la responsabilidad y la culpabilidad fueron cuestionados por otros discursos socioculturales. Las ideas acerca de la responsabilidad, como ha argumentado Kimberley White en relación con los juicios por homicidio en el siglo XIX en Canadá, se “producen, ordenan e impugnan”[33] de forma constante aún en los casos individuales. Como sostiene White, esta producción compleja de significado es “un proceso cultural intenso” que “combina una diversidad de ideas, instituciones e individuos con el objetivo común de intentar darle sentido y brindar respuestas justas a los actos de homicidio”.[34] Al mirar más allá del “veredicto oficial en cada caso”, White descubre que “respecto del tema de la responsabilidad, la ley no era estable” y que las “respuestas jurídicas no eran simplemente el resultado de una aplicación medida de la normativa”.[35] Por el contrario, las ideas de responsabilidad e  insania concebidas fuera del entorno jurídico lo retroalimentaban. A pesar de que el derecho construye un concepto particularmente influyente de la responsabilidad, no deja de ser uno de los tantos aspectos, a menudo contradictorios, del “conocimiento de la responsabilidad” que White define como influyentes para determinar la naturaleza del comportamiento culpable.

   La concepción de White sobre el conocimiento de la responsabilidad como un discurso acumulativo y refutado otorga una forma útil para pensar cómo las ideas sobre traición y pertenencia nacional, salud mental, política y ley confluyen en las representaciones de Louis Riel. Este tipo de caracterización de Riel, en el género literario, presenta una multitud de personificaciones distintivas que abarcan el último siglo y medio. Dado que se encuentra fuera del alcance de este artículo examinar de forma efectiva todas estas representaciones,[36] mi enfoque principal será sobre Rising of the Red Man de John Mackie, un ejemplo tomado del corpus de novelas publicadas entre 1885 y 1914 que desarrolla, al igual que el juicio, una discusión sobre la salud mental de Riel, la acción política y la responsabilidad.

   La descripción de Louis Riel como un manipulador “fanático y responsable de alzamientos”[37] ilustra el modo en que la caracterización legal de la responsabilidad de Riel oculta preconceptos culturales respecto de su capacidad. Tal como Albert Braz y Wolfgang Klooss opinan, la caracterización de Louis Riel en la literatura canadiense es “tremendamente fluida”[38] y las descripciones frecuentemente ilustran la forma en que Riel (y por extensión los Métis) ha sido “explotado ideológicamente por las fuerzas antagonistas que determinaron el destino del joven Dominio” en lugar de centrarse en las dimensiones “individuales, psicológicas o sociales” de Riel[39] Por lo tanto, la comprensión del trabajo cultural con el que la figura de Riel se ha colocado en textos literarios es a menudo “menos sobre él que sobre sus autores y la actividad social específica de éstos”.[40]

   En las décadas posteriores a la Resistencia del Noroeste, una ráfaga de novelas de escritores canadienses y británicos buscó representar sus causas y consecuencias. The Story of Louis Riel the Rebel Chief (1885) de Joseph Edmund Collins, una narración casi ficcional realizada con prisa sobre la vida de Riel, escrita en forma simultánea con la campaña de Saskatchewan,[41] reconoce la injusticia con los Métis, considera al Dominio “penalmente negligente”[42] en su tratamiento de los Métis, y descubre que su odio hacia el gobierno “no es del todo inmerecido”.[43] La posterior novela de Ralph Connor, Patrol of the Sundance Trail (1914), una secuela a su Corporal Cameron of the North West Mounted Police (1912), [44]también demuestra simpatía por los pueblos indígenas y los Métis del noroeste, al caracterizar al héroe explicándole a su esposa que muchas de las tierras en las que vivían fueron cedidas “bajo persuasión”[45] y a través de una figura de autoridad como el comisario de la Policía Montada del Noroeste al explicar que los Métis “tienen reclamos reales”.[46] Sin embargo, como ocurre con muchos autores del período, la compasión por los Métis “raramente se extendió a su líder”.[47] Para Connor, Riel es “alocado y embustero” y un agitador sanguinario,[48] un “traidor… mentiroso y cobarde”[49] que, a pesar de su aparente ineptitud, egoísmo y falta de confianza, “tiene un poder maravilloso sobre los mestizos”.[50] Su gran transgresión es incitar a los indios de las Planicies contra el gobierno, un acto que no solo afectará el progreso del asentamiento sino también, por último, llevará a la ruina a los mismos indios cuando se enfrenten con el poderío británico.[51] El Riel de Collins es incluso más despreciable. Es bestial, inclusive monstruoso, un “rufián Rebelde sin corazón” “insensible a todo impulso humano”,[52] que busca seducir a la niña Métis Marie para después desecharla “entre las inútiles y degradadas de su sexo”.[53] La elección de líder de los Métis media entre cualquier reclamo que su sufrimiento pueda generar y las simpatías que puedan despertar entre los lectores de las novelas (presumiblemente blancos y anglófonos).

   No obstante, aunque Collins en particular sugiere que Riel es inmoral e irracional, tampoco discute que la irracionalidad del líder de los Métis sea suficiente para negar la responsabilidad por sus acciones. Al reconocer que su caracterización de Riel puede parecer “absolutamente ilógica e irrazonable”,[54] el narrador del texto de Collins describe la novela como una representación completamente fiel del “carácter inestable e irracional de Riel, y [de] cuánto lo alejarán su pasión y su impulso de una cabal comprensión”.[55] Para Collins, esta capacidad de ser apartado de una “cabal comprensión” no sirve como una negación de la responsabilidad. La irracionalidad de Riel nunca lo exonera de culpa. Por el contrario, la decisión final de Collins es que Riel y sus aliados deben ser capturados y ejecutados por ser “amenaza[s] a la paz pública”, para que no “se les dé la oportunidad nuevamente de cubrir la tierra con sangre”.[56] Estas caracterizaciones de Riel describen al líder de los Métis como responsable ya que debía ser castigado por sus acciones en la Resistencia del Noroeste (y por los otros delitos y fechorías atribuidos a él) y también como una amenaza ya que sus ideas y acciones lo colocan fuera del ámbito del comportamiento apropiado. Esta concepción acerca de la comprensión de la responsabilidad, encuadrada de modo diferente al conceptualizado en la defensa por insania, concibe a la irracionalidad y la criminalidad como potencialmente concurrentes y a la incapacidad mental, al menos en el caso de Riel, como con un grado insuficiente para constituir una defensa moral.

   De manera similar, Rising of the Red Man: A Romance of the Louis Riel Rebellion (1902) del novelista británico John Mackie enfatiza el barbarismo y la irracionalidad propuestos sobre Riel, a la vez que casi sugiere que esto puede exonerar a Riel de responsabilidad por sus acciones. Mackie, autor de un número de novelas de aventuras escritas entre los siglos XIX y XX y publicadas en Gran Bretaña, Canadá y los Estados Unidos, fue un ex oficial de la Policía Montada del Noroeste que también trabajó en Australia y participó en la Guerra de Boer.[57] Con frecuencia, sus novelas resaltan su propia veracidad, ya que Mackie, en una ocasión, sostuvo que él había “recabado a partir de la vida real y la naturaleza del conocimiento de los hombres y las cosas que me sirven más que cualquier idea fruto de mi imaginación”.[58] Esta aura de supuesta verdad impregna los escritos de Mackie y habría sido una promesa familiar para los lectores de sus trabajos anteriores. Tal promesa tal vez también haya imbuido la caracterización de Mackie sobre Riel con una autoridad particular para sus lectores y haya hablado de memorias aún frescas y prejuicios sobre la Resistencia.[59] Riel entra y sale de The Rising of the Red Man, al parecer reemplazado en el interés del lector por la heroína enérgica y hermosa, Dorothy, y por el valiente héroe de la Policía Montada del Noroeste, el sargento Pasmore. Sin embargo, a pesar de las frecuentes ausencias de Riel en el texto, la novela de Mackie continúa siendo una representación de “la Rebelión de Louis Riel”, una atribución que resalta a quien es culpable para él de la revuelta y la resultante masacre de 1885.

   The Rising of the Red Man comienza con un prólogo que retrata a “Louis David Riel, fanático y rebelde… dirigiéndose a una gran reunión general de los mestizos e indios cerca de Batoche”.[60] En lo que Braz describe como una “revelación”[61] de Riel, Mackie representa al líder de los Métis como un fanático irracional (el lector nunca obtiene un significado claro de por qué Riel buscaría rebelarse, aparte de su propia maldad y heterodoxia rebelde) y como un villano hipócrita que está manipulando la superstición de su público. Para obtener apoyo, el “fanático sinvergüenza”[62] ha planeado que esta reunión coincida con el eclipse solar que él interpretará como la prueba del respaldo de Manitou para sus planes. Al tomar conocimiento del eclipse “por el almanaque  que podía consultar todo el mundo excepto los ignorantes mestizos y los indios a los que se estaba dirigiendo”,[63] Riel convence a su público de que se le una a lo largo de este espectáculo de aprobación sobrenatural y de “predicciones [más mundanas] en relación con la próxima era feliz en la que la comida, el tabaco y el aguardiente ilimitados harían felices a los corazones de todos”.[64] Como el narrador de Mackie afirma irónicamente, “al ser un hombre educado, había una gran metodología en su locura”,[65] una caracterización que enfatiza la capacidad de Riel para comprender sus acciones (y, por lo tanto, de acuerdo con el discurso legal, ser responsable de ellos), a la vez que afirma la existencia simultánea de alguna forma de “locura”.

   Aquí, la descripción de Mackie acerca de Riel es la de un charlatán que tiene éxito al fomentar la rebelión en gran parte porque su público es poco sofisticado, supersticioso y crédulo. No se sugiere que los oyentes aborígenes puedan tener quejas legítimas (de hecho, el único motivo dado por el que cualquiera de ellos esté allí es una referencia a “al Jefe Indio Poundmaker y su tribu, los Stonies, que estaban siempre buscando problemas”)[66] o que el propio Riel no tenga una política más allá de la confusa “predicción agradable”[67] y “tramposa.”[68] En efecto, Mackie cierra su prólogo al afirmar que “tal vez nunca en la historia de los impostores desde Mahomet hasta Mahdi un almanaque haya resultado ser tan útil”,[69] desestimando las injusticias políticas al equiparar a Riel con aquellos a los que Mackie considera falsos profetas. Al hacerlo, Mackie también se refiere a la sospecha, expresada por la Reina Victoria en su carta a Peel, de que la culpabilidad puede estar enmascarada bajo la apariencia de insania. La ansiedad estuvo presente de forma persistente en el contexto británico en el que Mackie escribió: como observa Roger Smith, aunque algunos veían a la declaración de insania como progreso, también había una sensación de que “el éxito de la declaración se correlacionaba con una propagación de la violencia impune.”[70] Riel, caracterizado por su abogado defensor como insano, aparece representado aquí por Mackie como “loco” hasta un grado impreciso y también como un impostor, un “absoluto fraude”,[71] que es el último en una línea de farsantes extranjeros (es decir, no británicos) en cuanto a la autoridad política y religiosa. Mackie determina que Riel carece de legitimidad debido a su locura (y por lo tanto incapaz de una acción política válida) y que es un impostor, lo suficientemente consciente de sus acciones como para actuar con intención y conocimiento. Al presentar a Riel como un fraude, deslegitima sus políticas de forma tan efectiva como una declaración de insania.

   Riel reaparece en la novela unos capítulos después del prólogo, capturando a Dorothy mientras ésta intenta llegar al fuerte en Battleford. Cuando le llevan a Dorothy por primera vez, Riel no le presta atención. Por el contrario, “estaba tan entusiasmado por la exuberancia de su propia elocuencia… que él… continuó en un estado de ensimismado éxtasis. Su sermón semimístico fue una mezcla extraña de religión y anarquía, exhortación devota, alboroto, saqueo, plegaria y botín.”[72] La narración aliterada de Mackie sobre los desvaríos de Riel muestra claramente al lector  la incoherencia de Riel, su extremismo religioso que demuestra su falta de legitimidad y también el de la resistencia  por la transgresión . A pesar de la calidad bufonesca de su discurso, el Riel de Mackie constituye una amenaza real para el orden social británico en el noroeste canadiense. Dado que no parece ser “el fanático peligroso y religioso que en realidad era”.[73] Riel tiene una presencia física que contradice su significado real y peligroso, aunque aquí, más que en el prólogo, su “discurso” aparentemente inconsciente se parece más a un acto irracional que a un fraude ingenioso . Por este motivo, la falsedad, ya sea intencional o no, se convierte en algo central para la caracterización contingente e inconsistente que Mackie hace  de  Riel y para los diversos enfoques que le da  a  la responsabilidad de Riel. Debido a que  en la formulación de Mackie  nunca se encuentra legitimado— en forma permanente parece ser algo que no es, siempre un impostor de algún tipo—, merece ser castigado por sus acciones. Por ello, Mackie no encuentra motivo para conciliar los desvaríos de Riel, sinceros en apariencia, con su anterior hipocresía ni para caracterizarlo como villano. El autor no está interesado en explicar ni justificar  el estado mental de un hombre que describe como alguien que complota para que los colonos blancos sean “totalmente exterminados” de modo que su “[indígena] elegido pueda poseer la tierra sin perturbaciones”.[74] Por el contrario, Mackie condena a Riel sin rodeos, adelantándose a su inevitable castigo en una visión de “la horca con los grandes travesaños  que sostienen la soga que se cierne tenebrosa”.[75]  Soslayando los fundamentos  establecidos en el caso M’Naghten, Mackie desarrolla en su novela una concepción de la responsabilidad en donde  la locura y la culpabilidad coexisten y tornan incuestionable  la legitimidad del castigo para Riel. En consecuencia,  en Rising of the Red Man  el autor elude la cuestión de la determinación de la culpabilidad a la luz de la insania – o quizás también  a la luz de la legitimidad política- al desarrollar la idea de la evidente culpabilidad por el comportamiento villano de Riel.

  El Yo y el Estado en el discurso de defensa de Riel

La caracterización que  Mackie hace sobre Riel  se opone a la concepción binarizada de los estados de salud mental privilegiados en la defensa de M’Naghten al articular  de un modo diferente  el concepto de  la comprensión de responsabilidad. incluso cuando The Rising of the Red Man no considera el estándar establecido por el precedente y proporciona como alternativa, la irracionalidad sin excluir la declaración de culpabilidad , aún hace referencia al discurso jurídico al reiterar  las inquietudes  culturales sobre el uso indebido de la defensa por insania y la creencia de que “la horca” es un castigo apropiado y legal para Riel. La ley proporciona un marco discursivo importante, aunque implícito, en la novela e  invita a los lectores a compartir  la visión  de Mackie sobre la responsabilidad junto con sus formas legales.

   El mismo Riel, en su discurso de defensa, se  resiste al concepto de eximición de responsabilidad por insania aunque con conclusiones muy distintas a las de Mackie. Desde el comienzo de su discurso, Riel reconoce que la insania ofrece una explicación rápida para sus acciones y que “sería fácil para mí hoy pretender ser un insano, porque en tales circunstancias cualquiera haría lo mismo”.[76] No obstante, inmediatamente después rechaza esta caracterización, pidiéndole a Dios que lo ayude “a mantener la calma y el decoro para conformar a este honorable tribunal, este jurado honorable”.[77] Al seguir las reglas esperadas por el tribunal Riel  puede describirse a sí mismo y a sus acciones como racionales. Y es necesario que sea visto como racional si luego la Resistencia del Noroeste, y su participación en ella, deben juzgarse como una forma legítima y significativa de responder al tratamiento del Dominio en los Territorios del Noroeste. La novela de Mackie hace hincapié en la responsabilidad de Riel independientemente de  su salud mental; en su discurso de defensa, Riel rechaza la declaración de insania porque no puede coexistir con la acción política legítima.
¿Qué significa afirmar la insania, con su posterior refutación de responsabilidad por las acciones propias, para un individuo que se arroga una representación política? La declaración judicial  de insania conlleva la negación de la capacidad personal, un acto paternalista que también es deslegitimizador. Como observa Smith, “al describir un acto como intencional, se le asigna responsabilidad al individuo. También confirma una sociedad en la que los valores se encuentran dentro de los atributos mentales de un individuo. El veredicto de culpabilidad  implica que estos valores debían haberse tenido en cuenta pero no lo fueron”.[78] Por otro lado, la determinación judicial  de insania muestra los límites de la responsabilidad individual y el autocontrol como categorías jurídicas y políticas. Ante  “la ausencia de un estado mental capaz de ‘discernir’,” el procesado  “ya no puede ser considerado  persona” ante los ojos de la ley y de la sociedad, cuyas normas son impuestas por la ley, precisamente por el hecho de que ya no se  le puede adjudicar responsabilidad.[79] Al afirmar que su cliente era insano, y por lo tanto no era culpable de sus actos en la Resistencia del Noroeste, los abogados de Riel eran conscientes del significado que esto tendría para el común de la gente. Como estableció Fitzpatrick en su resumen de la presentación de la defensa, “si es un lunático, nosotros, en el ejercicio de una prudencia sensata, hemos actuado correctamente al intentar probarlo. Si es un hombre cuerdo, qué humillación le hemos impuesto a ese hombre, nosotros, sus abogados, intentando, a pesar de sus órdenes, a pesar de su deseo, a pesar de sus instrucciones, hacerlo pasar como un tonto.”[80] Tal expresión reconoce el significado social degradante otorgado a la enfermedad mental, la “humillación” presupuesta al retratar al acusado como “ya no definible como una persona” en aspectos importantes.[81]

   De forma similar, John Gardner afirma que como individuos dignos, queremos poder dar explicaciones racionales para nuestro comportamiento, ser responsables de él. “Ser responsable de los propios errores es perfectamente una capacidad humana que es central para todas las vidas humanas, central de una forma muy particular”, sostiene Gardner. “Es la capacidad que hace que el respeto por uno mismo sea posible, dado que el respeto por uno mismo es la actitud de alguien que puede decir sinceramente,  que había una justificación para algo que hizo mal, o, si falla, que estaba perdonado”.[82] Al interponer una defensa por insania, entonces, “uno no se  concibe como un ser racional. Uno se  presenta como un ser  irracional. Uno se presenta como objeto en lugar de sujeto; uno se define  ( y caracteriza sus motivos) en términos de hechos que no son razones, o que uno no  considera como razones”.[83] Tal defensa no le otorga entidad a las acciones propias.  Por el contrario, las deslegitimiza. Como advierte Annalise Acorn, “al reclamar la falta de responsabilidad por enfermedad mental, uno se excluye como integrante  de la comunidad moral de los seres humanos racionales y responsables. Al reconocer una enfermedad mental, se reconoce  la total incapacidad de participar en la vida humana”.[84]

   Riel trató de controlar la forma en la que sus abogados abordaron el tema de  su salud mental a lo largo del juicio para intentar evitar  el concepto de falta de  “pertenencia total a  la comunidad moral de los seres humanos racionales y responsables”. Buscando cuestionar a Charles Nolin para refutar sus dichos sobre el comportamiento errático de Riel, éste afirmó: “No puedo abandonar mi dignidad. En este caso, tengo que defenderme de la acusación de alta traición, o tengo que aceptar la vida deshumanizada que representa un manicomio. No me cuesta aceptar este destino si no se me permite la existencia moral de un ser racional”.[85] Esta afirmación demuestra el cabal conocimiento  de Riel de las consecuencias del pedido de declaración de insania, con todas sus connotaciones personales y políticas. La insania implica que Riel pierda su “dignidad,” su capacidad de representarse a sí mismo como alguien que tiene “existencia moral” como un “ser racional”. Una “vida animal”, para Riel, es precisamente una vida deshumanizada, sin raciocinio ni  moral. Asimismo, un veredicto de insania también empañaría la legitimidad de su rol en la Resistencia del Noroeste. Dado que los elementos probatorios definen la salud mental del acusado al momento de cometer el acto, el veredicto de insania definiría a Riel como incapaz al momento del levantamiento. Esto pone en duda los motivos para la  resistencia y éstos  pierden potencialmente su legitimidad. Como reconoce el Riel de Boyden, si la defensa por insania hubiera tenido éxito, “el resto de Canadá y el mundo podrían pensar”, en consecuencia, “que el motivo de los Métis es  demencial ”.[86] Oponerse a la defensa de  insania fue, para Riel, un movimiento político necesario, ya que “él sabía que tenía que ser juzgado estando lúcido si quería legitimidad política”.[87]

   Al afirmar que si es hallado culpable y sentenciado a muerte, tendrá la “satisfacción”, como él lo llama, de no ser “conceptuado por todos los hombres como demente, como lunático”,  Riel reconoce que la naturaleza de su responsabilidad es, en este caso, una cuestión muy pública.[88] Sostiene que, considerarlo insano, implica que es un impostor político; es una “mancha” en su reputación que lo presenta como políticamente ilegítimo.[89] Luego del veredicto de culpabilidad por parte del tribunal, Riel reconoce que al menos se le vuelve a atribuir una entidad: “hasta este momento, una parte me ha considerado demente y otra parte me ha considerado criminal… Supongo que después de haber sido condenado, ya no me llamarán tonto y, para mí, es una gran ventaja… Si tengo una misión… No puedo cumplir mi misión mientras se me considere demente”.[90] En este caso, al igual que Gardner y Acorn, Riel observa la disparidad entre el ser representado como demente y ser considerado completa y competentemente humano. Si se lo considera como un “ser demente”, argumenta Riel, no puede dedicarse en forma legítima a su misión en nombre de los Territorios del Noroeste. Al oponerse a esta caracterización, es necesario que Riel se describa a sí mismo como alguien que reconoce la “naturaleza y calidad” de sus acciones y que las reafirma (y por lo tanto también a sí mismo) como políticamente legitimadas y racionales. Como observa Daniel Clarke, “el gran propósito de Riel, incluso en el juicio, fue distorsionar la defensa de insania y mostrar con sus palabras su capacidad mental para liderar ”.[91] Para Riel, los objetivos de limpiar su reputación personal y reasumir la responsabilidad por sus acciones fueron necesarios para defender sus políticas. También fueron las bases para su el argumento de atribuir a  Ottawa, la falta de responsabilidad por sus acciones en el Noroeste.

   Al sostener que el Dominio fracasó en proporcionarle al pueblo de los Territorios del Noroeste una representación política adecuada[92] y que el Consejo del Noroeste había reiterado “el gran defecto de su antecesor”, Riel indica que el pueblo del Noroeste envió “petición tras petición” al gobierno federal sobre el estado de sus asuntos.[93] Sin embargo, “el gobierno del Noroeste es tan irresponsable” que “además de no hacer nada para satisfacer al pueblo de esta maravillosa tierra, ni siquiera a intentado dar una simple respuesta ni contestar los reclamos. Ese hecho indicaría una absoluta falta de responsabilidad y, por lo tanto, una insania combinada con inacción”.[94] A diferencia de su propia reacción responsable frente a las necesidades de los territorios, observa luego Riel, “aunque soy simplemente un invitado en este país… trabajé para mejorar la situación del pueblo de Saskatchewan poniendo mi propia vida en riesgo”[95], los “ministros de un gobierno demente e irresponsable”[96] respondieron a estas peticiones primero con el silencio y luego con la agresión. Tal idea de irresponsabilidad, basada en un modelo de política que coloca en primer plano la respuesta a las necesidades de los votantes como el criterio para un buen gobierno, utiliza los términos legales de la defensa por insania para hacer una analogía respecto de la  incapacidad del gobierno canadiense en el manejo de los territorios.

   Riel luego recurre a las normas políticas y jurídicas del Imperio Británico para afirmar más profundamente la ilegitimidad del gobierno institucional en los Territorios del Noroeste: “La civilización británica que gobierna actualmente el mundo y la constitución británica han definido a un gobierno como éste, que gobierna los Territorios del Noroeste, como irresponsable, lo que lisa y llanamente implica que no hay responsabilidad, y por todo el conocimiento que se ha desplegado aquí  ayer, usted está obligado a admitir que si no hay responsabilidad,  el gobierno es demente”.[97] Al caracterizar a las acciones del gobierno como “dementes”, Riel se apoya en la  descripción de él propuesta por sus abogados, rearticulando y reestructurando el término como una crítica de lo que él considera que es un gobierno irresponsable en el Noroeste. El concepto que formula Riel sobre la responsabilidad se remite a las normas políticas y jurídicas  británicas y a los estándares constitucionales, un concepto conformado por el “juego limpio” en los tribunales[98] y por los valores obvios del “sano juicio”,[99] también por la naturaleza objetiva del conocimiento científico. Al apelar a estos ideales, Riel puede  destacar el fracaso del gobierno del Dominio por no adherir a la “civilización británica”, y también presentarse como  responsable, ante la falta de responsabilidad del  gobierno.  Al contraoponer  la falta de responsabilidad que implica la defensa de insania con la idea de un gobierno responsable —gobierno que es responsable del pueblo, como Riel ha sostenido—,[100] Riel compara y reinterpreta el concepto de responsabilidad para exculparse de la “mancha” de insania y a la vez sostener que tal mácula debería recaer en el  Dominio. En lugar de alinearse con el gobierno canadiense, Riel apela a una concepción británica superior sobre la civilización y el constitucionalismo dados gracias a su preeminencia imperial (“hoy gobierna el mundo”). Tal ideal es contrario a la administración canadiense en los territorios (“gobierno irresponsable”) y va  en línea con  interpretación que Riel hace de  sus propias acciones, por todo lo  que ha intentado “para ayudar a los indios, para ayudar a los mestizos y para ayudar a los blancos con mis mejores esfuerzos”.[101] Al considerar las acciones  como una patología de un “gobierno demente e irresponsable”,[102] Riel puede caracterizar a sus  propias acciones como apropiadas, responsables y cuerdas, mientras que el Noroeste está administrado por un gobierno que ha eludido sus responsabilidades.

   En esta analogía yace el complejo núcleo de la invocación de Riel y su reinterpretación sobre la responsabilidad como un concepto clave tanto de autogobierno como de gobernabilidad política, una postura frente a  la responsabilidad que se desliza discursivamente tanto entre el grado de respuesta a  los votantes y los tipos  de comportamiento responsable que la defensa por insania niega, como entre la eximición de responsabilidad y la irresponsabilidad. Para Riel, este deslizamiento discursivo se puede ver  en  de la idea de la insania como concepto jurídico, pero la forma de comportamiento responsable con el que intenta  justificar sus acciones no se puede abarcar mediante esta idea:

Si consideran el pedido de la defensa de que no soy responsable de mis actos, absuélvanme completamente, pues he estado discutiendo con un gobierno demente e irresponsable. Si se pronuncian a favor de la Corona, lo que afirma que soy responsable, absuélvanme de todas formas. Se encuentran perfectamente justificados para declarar que teniendo mi sentido común y sano juicio, he actuado razonablemente y en defensa propia, a pesar de que el gobierno, quien me acusa, al ser irresponsable y en consecuencia demente, no puede sino haber actuado de modo erróneo, y si hay alta traición, debe ser de su lado y no de mi parte.[103]

Al establecer  que el gobierno del Dominio es irresponsable ya que al no representar a sus votantes de forma adecuada, éste no ha cumplido con los estándares británicos de civilización —y, por lo tanto, ha fracasado en ser responsable  por  los Territorios del Noroeste y ante éstos—,  Riel puede reivindicar un doble argumento para defenderse de cargos en su contra, y ambos argumentos posicionan a la Resistencia del Noroeste como legítima. Por otro lado, si el jurado considera que Riel no tiene capacidad legal y, por ende, no es responsable de sus acciones, debería ser absuelto. Al analizar  la conexión que la defensa por insania establece entre la enfermedad mental y la irresponsabilidad, , Riel afirma que su insania aparece frente a  una “enfermedad” similar del gobierno. En consecuencia, Riel piensa que si se determina que él es insano porque el gobierno también lo es, esta determinación fáctica no necesariamente socava los propósitos de la resistencia.

   Como argumento alternativo, si se lo considera capaz,, Riel propone que debería, asimismo, ser absuelto. Dado que sus acciones, que desafían a un gobierno que “claramente actuó de forma errónea”, son necesariamente justificables, Riel ha actuado tanto en defensa del pueblo de Noroeste como en defensa propia. Riel sostiene que respondió razonablemente a una institución que no cumplió sus funciones, al punto tal que  paradójicamente, cometió un acto de insania y alta traición. Estructurado en base  en  las ideas de la responsabilidad estatal por sus acciones y la responsabilidad para con sus votantes, el concepto de Riel sobre el gobierno considera que hay  irresponsabilidad ante la inacción para  actuar en interés del pueblo. Para llevar la analogía de Riel más lejos, tal fracaso merece una intervención, una sustitución de la incapacidad del gobierno para actuar en pos de sus ciudadanos con una institución nueva y responsable, un cambio de valor y de poder que entonces fortalecería las normas de la civilización británica y la ley constitucional. Por ello, aunque Riel recurre a los conceptos consagrados en el precedente establecido por el caso  M’Naghten, el lenguaje de insania que evoca es una herramienta poderosa en su expresión de la legitimidad política de la Resistencia del Noroeste. Esto le permite a Riel describir sus acciones como las de una persona en su sano juicio, sino también como una respuesta responsable ante la inacción  También le posibilitan sugerir que en la caracterización que hace de si mismo podríamos encontrar un modelo novedoso y cuerdo  para gobernar los Territorios del Noroeste.

   La rearticulación de Louis Riel de la defensa por insania, entonces, conlleva un análisis de las interrelaciones entre la responsabilidad personal y política, una concepción de la comprensión de responsabilidad que no solo enfatiza  la presencia cultural dominante de las interpretaciones jurídicas sobre la insania y la culpabilidad, sino que también las reconfigura de un modo más efectivo desde el punto de vista político. Al remitirse a las concepciones acerca de la civilización británica idealizada y la ley constitucional como estándares que el Dominio no pudo cumplir en su tratamiento de los Territorios del Noroeste, Riel, en sus propios actos, invoca al imperio, justificando la resistencia y su papel en ella y a la vez defiende un estándar imperial que, por otro lado, Canadá ha fracasado en mantener. Por lo tanto, la Resistencia del Noroeste, al simbolizar las ambiciones de los territorios para ejemplificar los valores del imperio, llega a representar una forma idealizada de responsabilidad y la posibilidad de “una creación global única y posimperial”.[104] Al desarrollar la idea de de una concepción de insania que refleja la comprensión pública multifacética del concepto como médico, legal, moral y político a la vez, Riel presenta las acciones del gobierno como acciones insanas y, por lo tanto, acciones que requieren una respuesta. Al compararlas con las acciones personales, considera que no pueden ser los actos de un actor político válido. Simultáneamente, también sostiene que el gobierno fracasó en promulgar concepciones británicas apropiadas acerca de la ley y la civilización. Pareciera ser que el Dominio está eximido de  responsabilidad y es irresponsable.  Ya sea por negligencia o por un delito, ha fallado por acción y omisión en cumplir con su tarea, que es la de cuidar y representar a los habitantes de los Territorios del Noroeste. Riel, cuando busca actuar donde el gobierno no lo ha hecho, llega a encarnar un gobierno responsable en ambos sentidos. Ha asumido la misión de ayudar (ser responsable para y de) a los Métis, a los indígenas y a los colonos europeos en los territorios y, al perseguir su misión como un actor político responsable, ha demostrado estar en su sano juicio y estar legitimado, mientras que el gobierno no lo ha hecho.

   En su discurso de defensa, Louis Riel presenta una forma de comprensión de la responsabilidad que invoca los términos de la defensa jurídica de insania y busca expresar nuevamente tales términos a través de la conexión de las políticas constitucionales y el autogobierno. En consecuencia, el discurso se involucra con algunas de las formulaciones de responsabilidad que circulan alrededor de Riel tanto en textos legales como literarios, incluyendo la disertación que los abogados de Riel deben realizar necesariamente si van a utilizar la figura de insania en su defensa y la concepción complicada, e incluso legalmente contradictoria, de la responsabilidad personal, moral y política de Riel que vemos en The Rising of the Red Man. La capacidad para determinación de la responsabilidad está en el centro de todos estos textos, y el hecho de que tengan funciones ideológicas tan diferentes de manera significativa es un indicador del trabajo que las formas dispares de la comprensión de responsabilidad realizaron en la ley y la literatura canadienses y británicas a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Asimismo, estos textos reiteran las afirmaciones de Braz y Klooss en cuanto a que las descripciones (incluyendo, opinaría yo, autodescripciones) de Louis Riel siempre han estado sobrecargadas de  significado. Textos como The Rising of the Red Man y el discurso de defensa de Louis Riel sirven para enfatizar el potente rol interdisciplinario que juegan, y continúan jugando, las ideas sobre responsabilidad en las representaciones de Riel como un símbolo político y como un individuo con una significativa inmortalidad cultural.

Notas

[1] Riel brindó dos discursos significativos en el juicio: uno entre los  alegatos de sus abogados y antes de las deliberaciones del jurado y el otro después de que fue hallado culpable. Me refiero al primer discurso como “discurso de defensa” a lo largo del artículo.

[2] Desmond Morton, ed., The Queen v Louis Riel: Canada’s Greatest State Trial (en lo sucesivo Q v LR) (Toronto: University of Toronto Press, 1974), 312.

[3] Ibid, 317.

[4] Ibid, 324.

[5] Ibid, 316.

[6] Ibid, 324.

[7] Ibid.

[8] Kimberley White, Negotiating Responsibility: Law, Murder, and States of Mind (Vancouver: UBC Press, 2008), 10.

[9] Ralph Connor, The Patrol of the Sun Dance Trail (Toronto: McClelland and Stewart, 1914).

[10] Joseph Edmund Collins, The Story of Louis Riel the Rebel Chief (1885; reimpresión, Toronto: Coles, 1970).

[11] John Mackie, The Rising of the Red Man: A Romance of the Louis Riel Rebellion (Londres: Jarrold, 1902).

[12] Joseph Boyden, Louis Riel and Gabriel Dumont (Toronto: Penguin, 2010), 140.

[13] Ibid, 141.

[14] Ibid. Ver la declaración al respecto contenida en su discurso de defensa (Q v LR, 322).

[15] Q v LR, 348.

[16] Citado en Donald West y Alexander Walk, Daniel McNaughton: His Trial and the Aftermath (Ashford: Gaskell Books, 1977), 10. Victoria ya había sufrido tres intentos de homicidio hasta ese momento durante su reinado, incluyendo uno por parte de Edward Oxford, que fue posteriormente declarado insano. Ver “Queen Victoria,” in Orlando: Women’s Writing in the British Isles from the Beginnings to the Present, ed. Susan Brown, Patricia Clements e Isobel Grundy, base de datos (Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press, 2006), http://orlando.cambridge.org (consultado el 19 de octubre de 2013).

[17] Daniel M’Naghten’s Case, 10 Clark and Finnelly 200 (1843), 209.

[18] Ibid, 210.

[19] Ibid.

[20] El estándar de M’Naghten se ha modificado a través del tiempo en Canadá. Por ejemplo, el Código Penal de Canadá de 1892 modificó la ley cambiando el estándar de conocimiento por el de “discernimiento” de la naturaleza de  los actos propios, “cambio, que en general se consideró facilitaría la invocación de la defensa de insania”. Ver Thomas Flanagan, Louis ‘David’ Riel: ‘Prophet of the New World,’ [Louis ‘David’ Riel: ‘Profeta del Nuevo Mundo’] 2da ed. (Toronto: University of Toronto Press, 1996), 175.

[21] Q v LR, 294.

[22] Ibid, 295.

[23] Ibid, 296.

[24] Ibid, 309.

[25] Ibid, 299.

[26] Ibid, 295.

[27] Ibid, 301.

[28] Ibid, 311.

[29] Ibid.

[30] Ibid, 310.

[31] Desmond Manderson, Songs without Music: Aesthetic Dimensions of Law and Justice (Berkeley: University of California Press, 2000), 27. Considerar, por ejemplo, que la temática judicial en el Common Law con los procesos de interrogación a testigos, la determinación final de la verdad, etc. son ideales aceptados de justicia y equidad. Con otro cariz, “el mérito artístico” es relevante conceptualmente tanto para la literatura como para el derecho y a la vez otorga significado al concepto político de libertad de expresión. Para saber más sobre esta idea, ver Manderson, Songs without Music; y Benjamin Authers, “Truth in the Telling: Procedure, Testimony, and the Work of Improvisation in Legal Narrative,” Critical Studies in Improvisation 6, n.º 1 (2010): sin página.

[32] Ver, entre otros ejemplos, Daniel Clarke, A Psycho-Medical History of Louis Riel (1887; reimpresión, Ottawa: Canadian Institute for Historical Microreproductions, 1982).

[33] White, Negotiating, 9.

[34] Ibid, 11.

[35] Ibid, 9.

[36] Para un análisis exhaustivo sobre las representaciones literarias de Riel, ver Albert Braz, The False Traitor: Louis Riel in Canadian Culture (Toronto: University of Toronto Press, 2003).

[37] Mackie, Rising, 9.

[38] Braz, False Traitor, 3.

[39] Wolfgang Klooss, “Stereotyping in Canadian Literature: The Métis in Anglo- and Francophone Writing.” in Images of Louis Riel in Canadian Culture, ed. Ramon Hathorn and Patrick Holland, 131-74 (Lewiston, NY: Edwin Mellen, 1992), 171

[40] Braz, False Traitor, 3.

[41] Ibid, 45.

[42] Collins, Story, 136; ver también 176.

[43] Ibid, 8.

44 Ralph Connor, Corporal Cameron of the North West Mounted Police (Toronto: Westminster,      1912).

[45] Connor, Patrol, 33.

[46] Ibid, 23.

[47] Braz, False Traitor, 67. Anne Mercier y Violet Watt, The Red House by the Rockies: A Tale of Riel’s Rebellion (Londres: Society for Promoting Christian Knowledge, 1896) se posiciona como una excepción notable a esta regla general.

[48] Connor, Patrol, 180, 192-3.

[49] Ibid, 205.

[50] Ibid, 24. Connor, de modo similar, es displicente con respecto a “la innoble parte representada por el egoísta y casquivano de Riel” en el Levantamiento del Río Rojo, que denomina “la rebelión fantástica e inútil de 1870” (206).

[51] Ibid, 206.

[52] Collins, Story, 96.

[53] Ibid, 68.

[54] Ibid, 86.

[55] Ibid.

[56] Ibid, 175.

[57] Los registros del servicio de Mackie, junto con un obituario que detalla su vida, han sido digitalizados como una parte de la Colección de la Policía Montada del Noroeste en la Library and Archives Canada. Buscar John Mackie, en “North West Mounted Police (NWMP) – Personnel Records, 1873-1904,” http://www.collectionscanada.gc.ca/databases/nwmp-pcno/index-e.html (consultado el 2 de octubre de 2013).

[58] John Mackie, “Preface” en The Heart of the Prairie (Londres: Nisbet, 1899), sin página.

[59] Muchos supusieron que Story of Louis Riel de Collins se basó en los hechos. Como respuesta a esta confusión, Collins incluyó una nota en su siguiente novela, Annette the Métis Spy: A Heroine of the N.W. Rebellion  (Toronto: Rose, 1886), en 142-3, lo que confirma que, a pesar de la “historia [que está siendo] impresa una y otra vez como verdadera”, “no existe una verdad histórica en” ella.

[60] Mackie, Rising, 9.

[61] Braz, False Traitor, 56.

[62] Ibid, 11.

[63] Mackie, Rising, 10.

[64] Ibid, 12.

[65] Ibid, 10.

[66] Ibid, 9.

[67] Ibid, 10.

[68] Ibid, 12.

[69] Ibid, 13. Collins, Story, 49, hace una comparación similar: “M. Riel, como Mohammed, El Mahdi, y otros grandes patronos de la raza y la religión, tiene una fuerte voluntad; pero es más débil que Sansón con el pelo cortado cuando una mujer hermosa elige intentar una conquista”.

[70] Roger Smith, Trial by Medicine: Insanity and Responsibility in Victorian (Edinburgh, Reino Unido: Edinburgh University Press, 1981), 6.

[71] Mackie, Rising, 13.

[72] Ibid, 61.

[73] Ibid, 60.

[74] Ibid, 61.

[75] Ibid, 149.

[76] Q v LR, 311.

[77] Ibid.

[78] Smith, Medicine, 172.

[79] Ibid, 11.

[80] Q v LR, 294.

[81] Principalmente, incluye la denegación de libertad que constituye el encierro psiquiátrico, así como otras incapacidades legales y administrativas.

[82] John Gardner, Offences and Defences: Selected Essays in the Philosophy of Criminal Law [(Oxford: Oxford University Press, 2007), 276. Gardner subraya la importancia de esto al sostener que la forma legal del juicio se declara al permitirnos dar una explicación racional sobre nosotros mismos (188-9).

[83] John Gardner, “Hart and Feinberg on Responsibility,” en The Legacy of H.L.A. Hart: Legal, Political, and Moral Philosophy, ed. Matthew H. Kramer et al., 121-40 (Oxford: Oxford University Press, 2008), 123.

[84] Annalise Acorn, “Responsibility, Self-respect and the Ethics of Self-pathologization,” en Rethinking Criminal Law Theory, ed. François Tanguay-Renaud y James Stripopolous, 141-60 (Oxford: Hart, 2011), 141-2.

[85] Q v LR, 211-12.

[86] Boyden, Louis Riel, 147.

[87] Braz, False Traitor, 152. La representación de Riel como insano, y la deslegitimación política que implica, continúa siendo una fuente de disputa. Como observa Desmond Morton, “Las generaciones posteriores de indios y Métis han considerado insultante que se diga que sus ancestros aceptaron el liderazgo de un lunático”. Ver Desmond Morton, “Introduction”,

 en Q v LR, vii-xxxv, en xvi.

[88] Q v LR, 316.

[89] Comparar la descripción de Mackie sobre Riel como un impostor en The Rising of the Red Man. Riel también invocaría el término al final de su segundo discurso del juicio, en el que exige que una comisión atienda el tema de su cordura para que no sea visto como un “impostor” y sí como un actor político legítimo.

[90] Q v LR, 350-1.

[91] Clarke, Psycho-Medical History, 13. Clarke fue el jefe médico en el Toronto Insane Asylum y proporcionó un testimonio experto sobre la insania de Riel para la defensa en el juicio. Luego publicó A Psycho-Medical History of Louis Riel, en la que también sostuvo que Riel era insano.

[92] Q v LR, 312.

[93] Ibid, 323.

[94] Ibid, 323-4.

[95] Ibid, 324.

[96] Ibid.

[97] Ibid., 323.

[98] Ibid., 315.

[99] Ibid, 323.

[100] Ver, por ejemplo, Ibid, 324.

[101] Ibid, 312.

[102] Ibid, 324.

[103] Ibid.

[104] Duncan Bell, The Idea of Greater Britain: Empire and the Future of World Order, 1860-1900 (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2007), 10. Ver también Douglas Owram, Promise of Eden: The Canadian Expansionist Movement and the Idea of the West, 1856-1900 (Toronto: University of Toronto Press, 1980), cap. 6. Se puede ver una expresión similar hacia los valores percibidos del Imperio Británico en la invocación de Fitzpatrick de los “principios de la libertad inglesa”, mencionada anteriormente.