Una excursión a los indios ranqueles. Tomos I y II MANSILLA, Lucio V.


MANSILLA, Lucio V.. Una excursión a los indios ranqueles. Tomos I y II - Buenos Aires : Editorial Kapelusz, 1966.
Págs. 547 p.

Indización Juridica

FILOSOFÍA DEL DERECHO > ÉTICA / IGUALDAD JURÍDICA / PODER
DERECHO ADMINISTRATIVO > EXPROPIACION / CONTROL ESTATAL
DERECHO CIVIL > PARTE GENERAL > COSTUMBRE / DERECHO A LA IDENTIDAD
DERECHO CIVIL > DERECHOS REALES > DOMINIO / POSESION
DERECHO CONSTITUCIONAL > IGUALDAD ANTE LA LEY / PROPIEDAD COMUNITARIA DE LA TIERRA / DERECHO DE LIBRE DETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS
DERECHOS HUMANOS > DERECHOS DE LA MUJER / DERECHOS DEL INDIGENA

VINCULACION

Los dieciocho días de excursión a los indios ranqueles, es la imagen que representa las nuevas ideas de expansión y consolidación de la República Argentina. La obra está colmada de pensamientos políticos, filosóficos y jurídicos. Mansilla penetra en las relaciones humanas a fin de entender la condición del indio y sobre todo dejar de negar su realidad. Sus cartas representan “la gran carta” difícil de vencer, la experiencia de haber ido, vivir, observar participativamente e inmiscuirse en un mundo simbólico diferente y desconocido.

CITAS TEXTUALES

“¡Qué bien anda la justicia! ¡Los mismos abogados no hacen otra cosa que gritar contra la justicia!”.- (p. 211)

– “El juez me leyó todas mis declaraciones y una porción de otras cosas, que no entendí bien.” (p. 253)

– “Volvió al otro día el escribano y me leyó la sentencia. Me condenaba a muerte; vea lo que es la justicia, mi coronel. ¡Y dicen que los doctores lo saben todo! Y si lo saben todo, ¿cómo no

habían descubierto que yo no era el asesino del juez, aunque lo hubiera confesado? Y muchos que después de la patriada de Caseros, no hablan sino de la Constitución! Será cosa muy buena. Pero los pobres somos siempre pobres, y el hilo se corta por lo más delgado. Si el juez me hubiera muerto a mí en de veras, ¿a que no le habrían mandado matar? (p. 254-255)

– “El cabrío emisario de las leyes, tienen que ser las costumbres. Dadme una asociación de hombres cualquiera con hábitos de trabajo, con necesidades, con decencia, y os prometo en poco tiempo un pueblo con leyes bien calculadas. (p. 304)

– “Está visto que las instituciones humanas son el resultado de las necesidades y las costumbres y que la gran sabiduría de los legisladores consiste en no perderlo de vista al modelar las leyes.” (p. 403)

– “Vuestra libertad y vuestro derecho están garantidos por la libertad y el derecho ajeno. Alteri non faceris quod tibi fieri non vis.” (p. 409)

– “¿No pretende que lo gobierne la justicia y no lo gobierna eternamente esa inicua inmoralidad, que los políticos sin conciencia llaman razón de Estado?” (p. 447)

– “ ¿No hacían lo mismo que los que en nombre de la Constitución y de las leyes, de la civilización y de la humanidad arman al pueblo contra el pueblo?” (p. 448)

– “El medio más eficaz de extinguir la antipatía que suele observarse en ciertas razas en los países donde los privilegios han creado dos clases sociales, una de opresores y otra de oprimidos, es la JUSTICIA.” (p. 539)

 

INTERROGANTES

  • ¿Cómo articular el encuentro entre dos sistemas normativos que sostienen principios jurídicos contrapuestos?
  • ¿Cómo se aplica el derecho frente a la dicotomía blanco/indígena? ¿Qué normas rigen a cada uno y cuáles son los órganos encargados de administrar y aplicar justicia en cada caso?
  • ¿Cómo participa el derecho frente al fenómeno del multiculturalismo? ¿Permite la injerencia de otro tipo de discursos?
  • ¿Cómo garantizar el efectivo cumplimiento de un tratado de paz en que una de las partes intervinientes se encuentra en condiciones de desigualdad?

 

EDITOR: Kevin Rother (rotherkevin@gmail.com).

 

COMENTARIO

 

Por Héctor Gonzalo Ana Dobratinich  (gonzaloanadobra@gmail.com)

Abogado (UNT). Docente (UBA). Maestrando en Filosofía del Derecho (UBA).

Doctorando en Derecho (UBA). Integrante del Proyecto UBACYT Lectores para la Justicia

 

 

IGUALES PERO DIFERENTES

“Desgraciadamente yo no tuve quien me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí”. – Juan Rulfo

Lucio V. Mansilla ha realizado la gran hazaña. La excursión a los indios ranqueles[1], que le ha llevado 18 días, es la imagen que representa las nuevas ideas de expansión y consolidación de la República Argentina. Los relatos que van introduciéndonos en ese mundo desconocido, lejano y extraño, avanzan al igual que la política del momento bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento[2], autor de “El Facundo”. La obra literaria realizada bajo una forma aparentemente superficial y pintoresca, está colmada de pensamientos políticos, filosóficos y jurídicos, cuentos breves, notas personales y charlas de club. Sin embargo, esa multiplicidad fragmentaria goza de unicidad sobre el modo de observar el universo ranquelino. Esta unicidad se presenta a nivel estético y conceptual. El autor da cuenta de que aquella dicotomía civilización-barbarie, no está tan acabada y terminante tal como lo consideraban algunos de sus precursores. Mansilla se propone una conciliación de dicha dualidad, al mismo tiempo que profundiza sobre la realidad inmediata que lo acecha y de un modo u otro, lo afecta. Hay una intención clara de penetrar sobre las relaciones humanas a fin de entender la condición del indio y por sobre todo dejar de negar su realidad. Sus cartas representan “la gran carta” difícil de vencer, la experiencia de haber ido, vivir, observar participativamente e inmiscuirse en el mundo simbólico del mundo ranquelino.

El militar y escritor Lucio Victorio Mansilla nace el 23 de diciembre de 1831[3]. Su entorno lo obliga implícitamente a continuar dos carreras que sabrá llevar de manera conjunta. Por un lado, la carrera castrense. Su padre fue el coronel Lucio Norberto Mansilla[4], de participación reconocida en grandes acontecimientos bélicos de la historia argentina, entre ellos la Guerra de Independencia o la Batalla de la Vuelta de Obligado. Su madre, Martina Agustina Dominga del Corazón de Jesús Ortiz de Rozas López de Osornio de Mansilla[5], hermana del político y militar Juan Manuel de Rosas, admirada no solo por su belleza, lo que le valió el apodo de “la belleza de la federación”  sino por su activa participación en actividades de beneficencia. Por otro lado, la carrera de escritor. Eduarda Mansilla[6], su hermana, es considerada una de las más destacadas escritoras argentinas del siglo XIX, que le valieron el reconocimiento de personalidades como Domingo Faustino Sarmiento o el francés Victor Hugo.

Estos dos caminos, se verán plasmados de forma superior en su gran obra Una excursión a los indios ranqueles. Claro que entender la escritura en los hombres del 80 (1880) es pensar que no es una actividad que se da solitaria y exclusivamente sino que se conjuga con una multiplicidad de actividades que su autor realiza[7]. No ha de sorprendernos que los escritores también reúnan en una misma persona la calidad de políticos, filósofos, militares, periodistas, profesionales o diplomáticos. La tarea final no es ser escritor, sino que acompaña a las otras ocupaciones sociales que están obligados a cumplir, sea en la función política o en las charlas de club.  Esta miríada de estímulos lo llevan al autor a producir texto polimórficos, llenos de una multiplicidad de perspectivas vivenciadas. En este orden de ideas, los viajes van a tener una fuerte impronta, y Mansilla será uno de sus exponentes de ese “hombre de mundo”[8]. Una excursión a los indios ranqueles se gesta a los 39 años del autor, campaña que tendrá la duración de dieciocho días pero que tanto a los personajes participantes como a los lectores nos parecerá una historia de meses, años, décadas. La narrativa dócil y suelta, por momentos detenida en explicaciones, hace que nos dejemos llevar por un viaje por momentos amistoso, por momentos amenazante. Un ambiente en el que siempre subyace esa tensión entre lo que pensamos y lo que verdaderamente va a suceder en cada encuentro con los indios ranqueles. Lo más interesante de esta obra, ya no es el lugar desde donde se escribe o desde donde se narra sino el lugar que ocupa el lector. A diferencia de otras producciones literarias en las cuales nos preocupamos por conocer el autor, su contexto, intenciones e ideología, así como la importancia de conocer exhaustivamente todo el espacio narrativo, la escritura de Mansilla interpela al lector. Dependiendo en qué posición se encuentre el lector va depender la lectura que haga del libro. Y ello es así, porque como sujetos aparentemente sociales que somos, el encuentro con una cultura totalmente diferente puede hacernos dejar la lectura a medias, darnos ese frío helado de pavor por lo que pueda llegar a suceder frente a las intenciones ocultas de los indios o esperar en cualquier momento un desenlace totalmente distinto al esperado. El libro nos interpela frente al otro, al cual creemos conocer pero del cual no estamos dispuestos aceptar muchas de sus “incivilizadas costumbres”[9]. El preciso detalle que el autor da a sus relatos nos hace introducirnos en el fantástico mundo de los ranqueles, no solo como lectores sino como sujetos afectiva y sentimentalmente comprometidos.

Una excursión a los indios ranqueles, nos intima tanto como sujetos sociales como así también actores jurídicos. Nos cuestiona hasta donde estamos dispuestos a ampliar nuestras concepciones culturales que indefectiblemente tendrán implicancias jurídicas. Esa dualidad que aún no ha sido superada de civilización-barbarie. Si en el Facundo así como en el Martín Fierro la temática central estará puesta en el gaucho, Una excursión a los indios ranqueles agrega de modo explícito y en profundo análisis el tópico del indio[10]. Las ideas de progreso se están expandiendo y con ellas las fronteras físicas. Mansilla no trata la realidad desde los cómodos asientos de un escritorio bruñido, por el contrario habla desde la experiencia y ello es un fuerte acercamiento para conocer las circunstancias de vida cercanas. Más allá de la construcción del relato y el punto de vista que adopte Mansilla, el haber estado ahí le da una voz de autoridad difícil de rebatir. Ya no es la crítica desde la teoría y la denuncia heredada, sino el conocimiento con causa positivas.

Entre la multiplicidad de espacios que trata Mansilla, el jurídico será uno muy importante y destacado. El encuentro entre dos formas culturales presenta un choque en toda la órbita de significados y maneras de representación. No solo será una diferencia idiomática, que de por sí ya representa una gran abismo, ni una discrepancia de los modos de convivencia o las divisiones jerárquicas, sino también jurídica. Las diferentes formas de entender el universo jurídico entre los expedicionarios y los indios son muy interesantes, no solo porque a mismas situaciones cada cultura encuentra diferentes soluciones normativas sino que también nos cuestionan sobre las posibilidades de fusionarlas o establecer jerarquía entre ellas haciendo prevalecer una sobre otra. Este dilema de poder comprender los diferentes sistemas normativos, de participar en ellos y de su aparente inconmensurabilidad, expone nuestras concepciones frente al multiculturalismo y nos interroga en qué posición nos ubicamos, sea del lado de una aceptación de todo tipo de culturas, un relativismo plural o la negación de diferencias y el sostenimiento de un solo relato absoluto e inmutable desde el cual todos debemos hablar y pensar.

Mucha literatura nos pone en esta gran disyuntiva social y jurídica. Un claro ejemplo de ello es el artículo “Las mutilaciones sexuales en las mujeres. Multiculturalismo y normatividad jurídica” de Alessandra Fachi[11], en el cual se plantea la disyuntiva por buscar una solución en torno a qué normas jurídicas debe aplicar un determinado Estado a personas que mantienen distintas prácticas culturales contrarias a las leyes nacionales.

Francois Ost[12] al inicio de su texto “Júpiter, Hércules, Hermes: Tres modelos de juez[13] describe la profesión del magistrado: “No existe de manera evidente ningún otro modelo de referencia, ninguna otra definición unívoca de una profesión que tienda a volverse tal multiforme y pluralista”.  Al igual que el campo judicial y jurídico definido como “heterogéneo y complejo”, las evoluciones en curso impiden “toda la referencia a la idea de un modelo”. Como vemos, el Derecho tiene parte dentro del nuevo contexto pluri y multicultural en el cual vivimos y en el que el fenómeno de la globalización tiene principal participación como intensificador de la relaciones a nivel mundial, capaz de unir localidades lejanas entre sí generando que los sucesos ocurridos en ellas tengan como causa eventos acaecidos a distancias enormes. Boaventura de Sousa Santos[14] expone que es un proceso a través del cual una determinada entidad local amplía su ámbito a todo el globo y, al hacerlo, adquiere la capacidad de designar como locales las entidades rivales. De esta globalidad, se desprende el análisis en torno a los Derechos Fundamentales que no solo importan un ordenamiento jurídico sino también posturas filosóficas, éticas, religiosas, políticas. Ello atomiza el discurso jurídico, desencantándolo de su monismo epistemológico y su limitada posición positivista. Lo introduce, a la vez bajo la lupa de otros saberes que permitirán dar mejor cuenta de su ubicación e impronta como saber trans y multidisciplinario y generar el interrogante de si estamos ante Derechos universales, objetivos e inmutables o en cambio, nos encontramos frente a un Derecho relativo, cambiante y sujeto a toda la estructura cultural de una determinada sociedad.

Es necesario ubicarnos histórico-temporalmente. Caminamos sobre un siglo XXI cuya destacada característica es la fragilidad de las miríadas de relaciones que se hilvanan en constante regularidad. Del desencantado relato moderno nos han quedado un sujeto descentrado, la liquidez de las relaciones interpersonales, no hay progreso lineal ni entronización de la razón. El sujeto está desfragmentado, las ideas alteradas, han caído los grandes modelos, su cuestiona la soberanía conceptualmente, se deja de lado todo intento totalizador a nivel epistemológico, se cuestionan la igualdad, la libertad y la tolerancia. La realidad se atomiza y complejiza y ello lleva a la dificultad a la que se ven expuestos los sistemas de conocimientos para dar razones de ello. La angustia camusiana de que nada se puede hacer frente a la “potencialidad” en contraposición al “acto racional”. Pero ello no necesariamente nos debe llevar a considerar los acontecimientos como malos. Paradójicamente a medida que se descree en los postulados modernistas se mantiene una fe latente en el papel de la democracia, como cauce hacia la diversidad y la amplitud discursiva, funcionando como elemento de crítica a los postulados que buscan ciegamente últimos fundamentos. Uno de los rasgos del posmodernismo, se caracteriza por la superposición y las interferencias constantes de los juegos del lenguaje, en donde participa, entre otros, un Derecho Posmoderno, como una estructura en red que se traduce en infinitas informaciones disponibles instantáneamente y difícilmente matizables. Son juegos del lenguaje, infinitamente complejos y enredados.

Sostener una atomización de los saberes nos lleva a cuestionar sus utilidades y funciones dentro de todo el entramado social. El derecho no siempre ha sido un saber impoluto y ausente de controversias, al igual que le verdad, la realidad social o la ciencia misma, parte desde los individuos como propia construcción. Es un campo pronto a ser ocupado por los discursos potencialmente homogeneizadores. No es un saber dado apriorísticamente sino una herramienta formada por y para el sujeto que fue desarrollándose a lo largo del tiempo y complejizándose en sus concepciones. Los actores jurídicos no son sujetos desideologizados. Sus intereses, pasiones, sentimientos, se involucran en los actos que realizan, no está librado de esta inyección de poder. Ese gran juego llamado derecho, que parece ser muy utilizado por la gran tribu de Occidente, sigue instrucciones que responden a ese propio “juego de lenguaje”. En el latente campo de batalla se enfrentan por un lado, actores como Alan Sokal y Jean Bricmont en crítica al relativismo cognitivo, sostenedor de la idea de que el pensamiento “pretendidamente racional” es comparable a un mito, narración o construcción social. Consideran imposible poner en el mismo pie de igualdad la medicina científica y las prácticas curativas de ciertas tribus. Por el otro lado, los relativistas culturales pondrán el grito en el cielo acusándolos de etnocentristas que quieren imponer sus propios modos eliminando los pertenecientes a una determina sociedad por considerarlos “irracionales”. Si se sigue una línea wittgensteiniana podría decirse que ambos bandos están en un error, el de querer comparar dos reglas de juego totalmente diferentes. La medicina responde a la ciencia y no tiene interés que su aplicación sea un ritual, lo mismo sucede con el chamán que entiende su ceremonia dentro de su cultura simbólica sin pretensiones de explicación científica. La dificultad de compararlos y establecer qué lugar de importancia ocupa cada una pone sobre el tapete la problemática de la inconmensurabilidad y heterogeneidad entre ellos.

Entender el acto de iniciación a la madurez en tribus africanas como la ablación de clítoris es muy difícil desde nuestra cultura. Ellos indican que se debe a razones  culturales, religiosas o cualquier otra alejada de la explicación medicinal. Su discurso permite justificar sus actos mientras que la ciencia médica rechazaría in limine esa práctica. Lo mismo podría suceder con el chamán que mella con una piedra y un cuchillo los dientes de las chicas jóvenes para hacerlas más atractivas y satisfacer a los espíritus en tribus de las Islas Mentawai en Sumatra, poniendo en tela de juicio no solo cuestiones del saber sino también ciertos principios aparentemente inconmovibles, como la belleza. Así podríamos continuar con las tradiciones de la tribu Sateré-Mawé de Brasil y su ritual de la hormiga bala o los Indígenas australianos en torno a la ceremonia de la circuncisión.

La pregunta gira en torno a saber hasta dónde podemos estirar el dedo y acusar de ilegales, antijurídicas, antihigiénicas, improbable o físicamente imposibles las actitudes de otras tribus. Al hablar de antijurídico los estamos haciendo desde nuestro conjunto de normas y vivencias respecto a estas. Todos esos conceptos son discursos propios pero la tribu no los maneja, contienen otro discurso desde los cuales interpretan su realidad. Se pone en juego el papel representativo del lenguaje. Michel Foucault dirá “las cosas y las palabras van a separarse. El ojo será destinado a ver y sólo a ver; la oreja sólo a oír. El discurso tendrá desde luego como tarea el decir lo que es, pero no será más que lo que dice[15].

La muerte de un habitante de la tribu Pokot será argumentada por sus congéneres como un acto maligno de un espíritu oscuro. El hecho que nosotros les aclaremos que se debió a una gripe y que con determinado remedio se hubiese curado hace que entremos en un conflicto comunicativo, en donde tengamos que hacer una profunda interpretación del sentido de “medicamentos” y “espíritus oscuros” respectivamente. Se puede sumar a ello, la concepción de ciertas tribus que consideran que las personas no mueren sino que desaparecen. Lo que para nosotros puede ser una desesperación para ellos puede ser una aceptación lisa y llana, porque su cultura modela su forma interpretativa. El significado no se confunde con el referente, o con el objeto designado, sino con una definición aceptada o convencional en el sistema de la lengua. Para comprender lo que significa un término ya no basta con saber a qué se refiere, hay que conocer, la lengua en la cual se pronuncia, y en última instancia, ser hablantes de la misma: en resumen, participar de una cultura. Los indios yamanas de Tierra del Fuego tienen un verbo para hablar de las cosas que se rompen  y otro para hablar de las cosas que se pierden. Cuando un animal muere, ellos dicen que se rompe, cuando una persona muere dicen que se ha muerto. Sería una ilusión etnocéntrica: para nosotros se trata de un mismo hecho, mientras para ellos se trata de dos hechos diferentes. El mundo “real” está determinado por lo hábitos del lenguaje que orientan nuestras interpretaciones de los hechos.

El Derecho como discurso no solo desprende elementos instrumentales o de forma que hacen hincapié en la completitud y consistencia normativa, sino que en él también juegan otros tipos de elementos como la historicidad, la ideología y el poder. Las problemática en torno al derecho y su papel, es decir, sus funciones se deben al esfuerzo y participación de otros saberes que intersectan el saber jurídico. Ejemplo de ello lo hace la sociología y la antropología jurídica que dan cuenta que más allá de los fines conservadores y protectores, se entrevé el progreso, la transformación y la injerencia de la totalidad social. Se constituye así, un saber que se despliega como intersección de múltiples conocimientos. El caso más demostrativo en este campo, cuenta con un intenso trabajo socio-antropológico participante, realizado en el barrio tugurial Pasárgada de Río de Janeiro en Brasil por Baoventura de Sousa Santos. Pasárgada es una población densamente poblada de Rio en la que se ha establecido una compleja red de relaciones sociales entre sus habitantes y en la comunidad como un todo, las cuales tienen origen en contratos y demás negocios jurídicos, tal como el derecho real a la tierra. Ello lo asemeja análogamente a las relaciones jurídicas del derecho oficial brasilero. A la luz de este, las relaciones establecidas al interior del barrio son ilegales y jurídicamente nulas. Pero tales, son consideradas plenamente legales al interior de la comunidad en donde se ha ido generando una práctica y un discurso jurídico diferenciado. Es un derecho paralelo, no oficial  con una intensa interacción, al margen del sistema jurídico estatal.  Es válida solamente la interior de la comunidad  y su estructura normativa se asienta en la inversión de la norma básica (gurndnorm) de la propiedad, a saber, la ocupación ilegal se transforma en posesión y propiedad legales. Su control es llevado a cabo por la asociación de moradores, quienes ratifican las relaciones jurídicas y resuelven las disputas que surgen de ellas. El discurso jurídico de Pasárgada, no reside en la aplicación lógica e univoca de las normas sino que son la aplicación gradual y progresiva de varios elementos aportados por las partes y por la comunidad como es el caso de los vecinos. Si bien hay una referencia al “derecho del asfalto” como intento de dar un marco de normatividad.  La participación del “auditorio relevante” se hace patente en los instrumentos retóricos, tales como referencias bíblicas, lemas, índices. El derecho oficial solo se utiliza como forma organizativa del discurso. Hay un uso de un lenguaje técnico popular en donde se tiene en cuenta lo que se dice así como  también lo que se calle. Santos indica que éste lejos de ser un vacío caótico, es una realidad comunicativa estructurante.

El presente caso no plantea una seria de interrogantes importantes en torno el “multiculturalismo jurídico”. En primer lugar, nos interpela sobre el modo en que se debe tratar a los derechos extra-oficiales, frente a la dificultad de ser reducidos analíticamente con el fin de liberarlos de connotaciones ideológicas, con el peligro de occidentalizar y distorsionar los estudios empíricos y las posibles soluciones jurídicas al caso; o acaso, se deben utilizar los conceptos y categorías nativos de las sociedades en las que se proyecta el derecho. Por ello, se hace necesario superar el debate de que es el derecho, que es el objeto derecho. A ello se le suma la controversia de nivel antropológico en cuanto se plantea la controversia de establecer si en todos los pueblos, cualquiera sea el grado de su “primitivismo”  existe derecho o no. Ante este panorama, debemos indicar dónde ponemos el límite, lo que está bien y mal, lo correcto e incorrecto, lo verdadero y lo falso, en resumen, lo legal de lo ilegal. Al preguntarnos esto hacemos aparecer los valores, la ética, los principios que marcarán los límites de lo que se debe o no hacer, decir o callar.

Se deben cuestionar los límites que establece el racionalismo, como causa de restricciones unilaterales de los modos de conocer. En el pluralismo cultural se da una postura abierta y flexible, no hay postulados mejores ni peores a los cuales deba aspirar la humanidad. No se pueden despreciar como inútiles sistemas de creencias como la astrología o la medicina alternativa, a los que atribuye un estatus equiparable al de otros, como la ciencia misma. Sosteniendo la concurrencia de elementos no racionales y extra-científicos en la construcción del conocimiento, siendo inexistente el dominio de un único derecho y equiparándolo junto con otros, como la religión, la magia o la mitología. Todas ellas serán partes comprensivas de la tradición, a saber, como un conjunto de actividades colectivas que dan sentido a quienes las practican.

Las sociedades establecen los puntos de partida desde los cuales van a entender y comprender la totalidad que los rodea, sea de manera material personificada en una deidad tal como el caso de los babilonios en la figura del dios Nabu o de forma inmaterial como lo es razón.

En esa postura democrática tolerante encontramos la posibilidad de hacer más participativos a los individuos dando más y mejores herramientas de análisis frente a cualquier situación. Juega un papel muy importante la democracia dentro del discurso jurídico. Este último, constituye e interpela, ambos elementos de pertenencia a la dimensión ideológica.

El Derecho intenta vana e “irracionalmente” buscar una solución en la que pueda contener a todos sus hijos constituidos mediante la interpelación. Pero sin embargo, no todos son sumisos, algunos rebeldes extranjeros no entrarán en la burbuja conceptual, sea porque religan a un dios distinto, porque no se sienten parte del rompecabezas estatal, porque si bien buscan nuevo suelo conservan viejas costumbres. Para ello el Derecho se vale de mecanismos de disciplina, sutiles, opacados, silenciosos, que ocultan los procedimientos. Es la dualidad de la alusión/elusión en una sociedad de la normalización. Los rebeldes extranjeros desconocedores del derecho oficial monopolizado, que no hablan en el mismo idioma deben ser corregidos mediante un proceso de culturización jurídica mediante mecanismos que no impliquen coerción directa sino sutiles elementos de orden. Caso de ello se observa en el principio de la no-ignorancia de la ley; esto es, del principio de que la ignorancia de la ley no puede invocarse para disculpar el comportamiento contrario a sus determinaciones obligatorias. Se obliga al ciudadano el conocimiento del derecho que desconocen. El Dr. Carlos María Cárcova indica el papel de “los hacedores, guardianes y aplicadores de la ley de masas populares cuya ignorancia (el secreto) de la ley es un rasgo de esa ley y del propio lenguaje jurídico. La ley moderna es un secreto de Estado[16]. Este desconocimiento normativo se expresa en el monopolio del saber encriptado, lenguaje cerrado y rituales engorrosos. Es necesaria la opacidad para que el poder pueda desenvolverse en silencio sin ningún tipo de cuestionamiento.

Se hace necesario pensar las categorías jurídicas desde el Derecho ya que de allí podremos entender como se trata aquello que participa o no del relato. El discurso jurídico construye una red de significaciones en la que todos quedan atrapados en donde le indica que hacer o no, que decir y que callar. Se presenta como discurso hegemónico dispuesto aplicarse sobre las diferentes relaciones sociales, aún aquellas que no se sienten parte integrante del discurso, el Derecho las nombra, las resignifica y le da un “lugar de contención” dentro de su hogar de control. Muchas sociedades conviven  entre un derecho ancestral y un derecho moderno, a causa de los procesos migratorios, las sociedades multiculturales, la nueva lex mercatoria internacional que generan conflictos normativos así como exigen nuevas categorías conceptuales para su comprensión y contención. Órganos estatales, son los encargados de delimitar el alcance de las fronteras conceptuales, las palabra marca los límites políticos. Ta les el caso de la Corte Constitucional al momento de establecer las intenciones normativas de aplicación. El texto “Yo, Ovidio González Wasorna,… y el mito de la protección constitucional del derecho indígena[17] permite observar cómo se este órgano construye el instituto del “aborigen” y para ello va a echar mano de todo los discursos que refuercen y den legitimidad a su construcción, como la ciencia. El discurso jurídico designa las facultades y los límites de expansión de las comunidades aborígenes. La inconmensurabilidad cultural se ve reducida a una simple resolución capaz no solo de entrometerse y ordenar sus vidas de modo obligatorio, creyéndose necesaria, sino también de desconocer la fuerza histórica que poseen dichos grupos. En la pretendida libertad otorgada, la norma y su interpretación resignificante, lo que verdaderamente ha hecho es limitar el radio de acción de las comunidades aborígenes. La paradoja es que se piensan en la libertad desde la opresión.

De esta última, desprendemos nuestro punto de análisis. Las relaciones sociales desde el Derecho nos interrogan sobre el papel que cumplen la igualdad y la diferencia. A hablar de emancipación lo hacemos, no como la eliminación de la diferencias sino como la afirmación del carácter constitutivo de la diferencia. Es la pugna entre universalismo (derecho humanos) y particularismo (diferencias étnicas). El pensador argentino Ernesto Laclau indica que universal y particular es insalvable, “lo que equivale a decir que lo universal no es más que un particular  que en algún momento ha pasado a ser dominante”. No hay política neutral ni solución que alegre completamente a todos, tampoco se trata de buscar una moral universal sino que construir prácticas democráticas  supone creencias y discursos compartidos. La democracia carece de último fundamento lo que hace que se preserve como democrática, siempre está abierta a la revisión y al cuestionamiento. El disenso y el consenso son elementos necesarios. El derecho forma parte de esta búsqueda de solución y ello está en resignificar la noción de igualdad. Que el derecho nos interpele y nos constituya como “sujetos”, nos deja librados a una generalidad que desconoce el terreno en donde se está parado. Nos iguala y con ello nos amalgama a las miserias o a situaciones que no nos tocan de cerca. Es necesario, en cambio, que se nos asegure la igualdad de los diferentes, en la oportunidad de participar en la decisión de “cuales diferencias” son relevantes.

El gran problema de las “realidades” que el discurso jurídico constituye reside en que marca las diferencias entre una cultura y la otra al mismo modo que establece jerarquía entre ellas. Es el acto de poder que constituye las identidades y forma relaciones sociales en desmedro de otras. El derecho atravesado por el poder, no es un conjunto de normas correctamente encajadas sino que hacen presentes otros discursos, como el moral, el xenófobo, el de la diferencia, el de la razón iluminista.  Todo ello acompañado de mecanismos e instrumentos que articulan el fácil cause de las intenciones de poder. Que el derecho pretenda conservar “la identidad nacional” no es una marca definitiva de fundamentos ontológicos, objetivos e universales sino que responde a construcciones atravesadas por el poder, en donde posiblemente se esconden políticas de migración, por ejemplo. La afirmación de la igualdad lleva consigo la negación de la diferencia, ocultas en soluciones políticas que se proponen[18].

Tal como lo expone la Dra. Alicia Ruiz[19], no podemos limitarnos a la reproducción del discurso iluminista que convirtieron en falaces descripciones del mundo a las ficciones constituyentes del imaginario democrático. Se debe por el contrario, construir desde la “diferencia” una propuesta de ciudadanía que incluya la diversidad sin pretensiones hegemónicas, que tienda a la emancipación y a la no regulación. Es importante el modo en que organizamos los relatos y el uso de los criterios de interpretación para conocer los hechos. La articulación norma y hecho no es neutral y el modo en que vinculemos estos dos fenómenos es crucial para enfrentar toda forma de dogmatismo. Pensar el derecho para la multiculturalidad innegable, importa revisar las piezas centrales del montaje jurídico.

Entender la multiculturalidad no es solo traducirla en términos de xenofobia, de migración o minorías nacionales sino que es entender la afectación que sentimos por la proximidad de los distintos, del “otro” que se nos instala y a su vez nos interpela. Es también la exclusión social, los miedos, el rechazo, en definitiva, el otro más cercano. Sin embargo surge el vacío de comprender, la indeterminación y la impostura por la falta de ubicación desde el punto del cual debemos partir. La angustia camusiana de saber en qué atril está sentado el verdadero conocimiento como lo fue para los egipcios el erudito Imhotep. El hombre nace moldeado en la cultura en la que nace, sujeto a enseñanzas y experiencias de vida. Lo que hace que mantenga para sí ciertos principios sobre los cuales no va a renunciar. Dichos fundamentos van a ser capaces de adquirir cierto consenso dentro de una determinada comunidad, gozarán de regularidad.

Como hemos dicho, este punto de partida epistemológico, se inserta en el mundo jurídico es pasible de aplicación y elemento que permite la apertura del derecho frente a la realidad social que le demanda respuestas aplicables efectivamente, y no mediante formulas tabuladas que continúan inmovilizando el método y pretendiendo poner al “ius” bajo un cuidado aséptico de todo saber proveniente de un vulgo primitivo y salvaje. Aferrados a estos pensamientos, pensamos desde la dualidad en la que se ha estructurado nuestro pensamiento y ha invadido en planos que van desde el multiculturalismo o el trato de la sexualidad. Frances Olsen en el “Sexo del Derecho[20] demuestra como los hombres desde pares opuestos han proyectado la identidad y han dominado y definido a lo largo de la tradición a las mujeres.  Esa luz racional que se expande e ilumina todo, da muestra de una imposición llevada a cabo desde el binomio poder/saber[21] a través de medios visibles cuya externalización pueden provocar el descontento. La administración de la sociedad por parte de estos legisladores que establecen la verdad, lo que es así y debe propagarse, marca los pares opuestos que son necesarios ya que con dicha dualidad indicarán el lugar de cada uno en el espacio delimitando así la línea en las que tendrán “razones suficientes” para aplicar su dogma correctivo: conocimiento-ignorancia, razón-salvajismo, blanco-negro, bueno-malo, nacional/extranjero. Desde todos los ámbitos aparece un poder fluctuante que establecerá los cánones desde el lugar de donde se hable y que se encontrará en soledad si no hay un aparato que sostenga su discurso sobre pilares como el conocimiento, el mercado, personas calificadas y con autoridad para hablar, el regreso a concepto tranquilizadores, un universo de individuos que comparten sus ideas, metodologías expuestas como exactas, la auto-autentificación. El modo de cómo encarar y saber qué es lo que estamos conociendo verdaderamente o lo que se nos propone no puede ser hecho sin el “otro”. Esta construcción es social pero diferente de una modernidad ilustrada que no concebía una conversación de igual a igual sino que dejaba caer un yunque pesado cuyas ondas expansivas se propagaban sin límites a costa de miseria, desigualdad o hambrunas. Ese “otro” representa la conversación desde la cual se habla,  comunica,  e interpreta que es lo que está sucediendo en la relación poder/saber en la que estamos y en la que también participan, muchas veces de modo opuesto, otras sociedades.

El poder surge desde abajo hacia arriba y en las situaciones micros de la sociedad. Es en los escenarios cotidianos en donde se observan las situaciones estratégicas de dominación. Se hace una obligación una conversación sin trabas, por la tolerancia, por evitar la hipertrofia de las expectativas, saber quitar el velo ante discursos que parecen ser simples y son aceptados por un público apático que los considera “simpáticos” cuando en realidad dan muestra de elementos como: consumo excesivo, gente selecta, lugares seguros, exclusión[22].

La importancia de la praxis. Siempre presente en el Derecho como medio de cambio, como opción política. Puntapié para generar ámbitos de reflexión, pero ello no será así mientras todo quede en hojas. Se debe impulsar un derecho social, entendible, palpable, que llegue a grandes públicos con perspectivas de amplitud participativa. Esa apertura desde la cual “Mansilla nos enseñó definitivamente que detrás del mundo de las formas, figuras y apariencias que constituían la armazón esquelética de la sociedad y civilidad argentinas, perduraba un mundo real, hondo y denso -aunque escondido y replegado- de ímpetus telúricos y de fuerzas primitivas poderosas, que sin embargo pretendía ser negado e ignorado por la ficciones dominantes[23].

[1] El 20 de Mayo de 1870, Lucio V. Mansilla publica la primera de las “cartas” sobre la excursión a las tolderías ranquelinas.

[2] Domingo Faustino Sarmiento, presidente argentino durante el período 1868-1874.

[3] Buenos Aires, 23 de diciembre de 1831 – París, 8 de octubre de 1913.

[4] Político y militar argentino (Buenos Aires 1 de marzo de 1792 – 10 de abril de 1871).

[5] Buenos Aires, 20 de enero de 1816 – 29 de agosto de 1889.

[6] Escritora (Buenos Aires, 11 de diciembre de 1834 – 20 de diciembre de 1892).

[7] Véase: FUCITO, Felipe; La crisis del derecho en la Argentina y sus antecedentes literarios. Un enfoque sociológico, Capítulo VI – La llamada “generación del 80”, segunda parte, pp. 239-283, Buenos Aires, Editorial Eudeba, 2010.

[8] Véase: MANSILLA, Lucio V.; Diario de vieja a oriente (1850-1851) y otras crónicas del viaje oriental, Buenos Aires, Editorial Corregidor, 2012.

[9] En el capítulo nº 36 de Una excursión a los indios ranqueles, Mansilla da cuentas de las “Costumbre de los indios” que ponen en jaque los conceptos de civilización-barbarie. En los ejemplos, recomendamos ver lo concerniente a los derechos de las mujeres ranquelinas (pp. 309-311).

[10] Véase: FUCITO, Felipe; “El indio en la literatura de la época. Lucio Victorio Mansilla”, en La crisis del derecho en la Argentina y sus antecedentes literarios. Un enfoque sociológico, Capítulo VI – La llamada “generación del 80”, segunda parte,  pp. 270-283, Buenos Aires, Editorial Eudeba, 2010.

[11] Profesora de Filosofía del Derecho en la Facultad de Ciencia Política, Economía y Sociales de la Universidad de Estudios en Milán.

[12]  Abogado y filósofo (Bélgica, 17 de febrero de 1952).

[13] Revista Doxa: Cuadernos de Filosofía del Derecho, Nº 14, Año 1993.

[14] Sociólogo del derecho  (Portugal, 15 de noviembre de 1994).

[15] Véase: FOUCAULT, Michael; Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Editorial Siglo XXI editores, 2008.

[16] Véase: CÁRCOVA, Carlos M.; La opacidad del Derecho, 2da. Edición, Madrid, Editorial Trotta, 2007.

[17] DUQUELSKY, Diego; “Yo Ovidio González Wasorna y el mito de la protección constitucional del derecho indígena”, en Materiales para una teoría crítica del derecho, A.A.V.V., 2º edición, Buenos Aires, Editorial Abeledo Perrot, 2006

[18] Véase: Diario CLARÍN, 09/04/2009, Muro y polémica: divide dos municipios para proteger un barrio, link:

http://edant.clarin.com/diario/2009/04/09/laciudad/h-01894188.htm. Diario LA NACIÓN, 08/04/2009, Disputa por un muro entre San Isidro y San Fernando, link: http://www.lanacion.com.ar/1116460-disputa-por-un-muro-entre-san-isidro-y-san-fernando. Diario PÁGINA 12, 08/04/2009, La muralla contra los pobres, http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-122845-2009-04-08.html.

[19] Véase: RUIZ, Alicia, Derecho y derechos: una sociedad multicultural en Idas y vueltas por una teoría crítica del derecho, Facultad de Derecho UBA-Editores del Puerto, Buenos Aires, 2001.

[20] OLSEN, F.; El sexo del derecho, Nueva York, Pantheon, Editorial David Kairys, The Politics of Law, pp. 452-467. Traducción de Mariela Santoro y Christian Courtis, 1990.

[21] FOUCAULT, Michael; Vigilar y castigar, Buenos Aires, Editorial Siglo XXI editores, 2008.

Genealogía del racismo, Buenos Aires, Editorial Altamira, 2000.

[23] GUGLIEMNINI, Homero M.; Mansilla, Buenos Aires, Editorial Ediciones Culturales Argentinas, 1961.