El jugador DOSTOIEVSKI, Fedor


DOSTOIEVSKI, Fedor. El jugador - Barcelona : Sol 90, 2000.
142 p.
ISBN 84-931100-9-4-

Indización Juridica

DERECHO CIVIL>PARTE GENERAL> CAPACIDAD>PRODIGO>

DERECHO CIVIL >OBLIGACIONES Y CONTRATOS >RESPONSABILIDAD CIVIL>DAÑOS Y PERJUICIOS>INDEMNIZACIÓN>JUEGOS DE AZAR

Vinculación

Este clásico de la literatura universal describe significativamente la actitud y los sufrimientos de distintos personajes que participan de juegos de azar en forma compulsiva, tema para el cual el Derecho moderno ofrece herramientas específicas.

Citas textuales:

-“…tengo una finalidad, pero no sabría explicarle cuál. Es simplemente que con dinero me convertiré en otro hombre…” (p. 33),

-“…ahora que la abuela había realizado semejantes hazañas en la ruleta, ahora que su personalidad se había afirmado ante ellos con semejante nitidez (una anciana terca, autoritaria y bombeé en enfance), ahora, quizá, todo estaba perdido, porque ella era feliz como una colegiala en libertad y fatalmente iba a dejarse desplumar en el juego…” (p. 84).

Interrogantes:

–        ¿Qué herramientas ofrece el Derecho para la protección del patrimonio de los jugadores compulsivos?

–        ¿Pueden los allegados de un jugador aspirar a la reparación del daño derivado de la pérdida del patrimonio, por su inversión en juegos de azar?

 

El jugador y el daño. Entre la ficción y el derecho

Por Gonzalo Tanaka

Alumno de Abogacía. Facultad de Derecho-UBA

24/9/15

tanaka838@est.derecho.uba.ar

 

La novela El jugador de Fiodor Dostoyevsky[1], nos presenta una historia que, más allá del tiempo y el espacio en que ocurren, muestra una cuestión arquetípica del hombre, como es su costado enfermizo, compulsivo en relación a la práctica de juegos de apuestas. Bien es sabido que el autor tenía problemas de adicción al juego. Ello no sólo hace pensar en que la construcción del personaje principal y las prácticas del juego que van transcurriendo pueden ser autorreferenciales, sino que además la temática del juego resulta bien abordadas y abarcada, aunque en un modo un tanto apresurado y resumido, en cuanto a los tipos de jugadores; facetas de maduración de la adicción al juego; el caso del jugador que lo pierde todo; descripciones sobre el “estado febril” al que puede llegar un jugador en relación a las ansias de apostar, entre otras cuestiones.

El personaje principal Alexis Ivánovich, es un ex jugador que trabaja como tutor de los hijos de un general. Vive su vida sin grandes anhelos, ni sueños y considerando sus días absurdos: “…tengo una finalidad, pero no sabría explicarle cuál. Es simplemente que con dinero me convertiré en otro hombre…” (p. 33), casi sin rumbo. Sólo lo conmueven su devoción hacia una mujer, Paulina Alexandrovna, por cuya palabra es capaz de arrojarse por el precipicio de Schlangerberg y ante  cuya presencia “pierde todo amor propio y todo le tiene sin cuidado…” (p. 36); y  su adicción al juego, al que no puede acceder por medios propios por encontrarse en “bancarrota”.

Por otro lado, la historia toma un giro cuando llega a la ciudad la terrible y rica Antonia Vassilievna Tarassevitch, “la abuela”. Ella es una mujer de gran fortuna, es la madre del general y éste, claro, su principal heredero ante su “esperada” muerte. Sabe que existe un juego llamado “ruleta” por medio del cual muchos han hecho o perdido grandes sumas de dinero y encuentra en Alexis el acompañante o “tutor de juego” ideal que necesita para aprender a jugar. En menos de dos días de juego “la abuela” pierde toda su fortuna.

Es indudable que existe, en el caso de los jugadores compulsivos como el que relata Dostoyevsky, un daño que se ve reflejado muchas veces en la pérdida de su patrimonio. Pero además, el perjuicio muchas trasciende a otras esferas de la vida del jugador de quienes lo rodean. En el caso de Alexis, el autor nos muestra a una persona considerada un “loco”, un sin rumbo, más allá de contar con un buen nivel de educación y ser capaz de trabajar como tutor de los hijos de un general. En el caso de la Abuela, se trata de una persona que pierde toda su fortuna por jugar compulsivamente, generando también preocupación en sus familiares por el futuro de aquella riqueza.

Ahora bien, cuando en el marco del derecho hablamos del daño que sufren estas personas, me surge como primera pregunta: ¿es resarcible dicho daño? Es decir: ¿Cabe a la persona que sufrió el daño su reparación? Calvo Costa entiende como daño resarcible a “la lesión a un interés –obviamente ajeno- patrimonial o extrapatrimonial, jurídicamente protegido, que provoca consecuencias patrimoniales o extrapatrimoniales, respectivamente”[2]. En el caso de quien apuesta, en tanto que la persona estaría realizando un acto voluntario (con discernimiento, intención y libertad), no existiendo lesión a un interés ajeno legítimamente  protegido, no cabría una reparación.

Sin perjuicio de ello, resulta de interés –al menos teórico-, preguntarse quién podría resultar responsable por tal daño. En otras palabras: ¿A quien le correspondería recomponer o soportar las consecuencias dañosas, de resultar resarcible el daño? Como he señalado anteriormente, el daño para ser resarcible debe tratarse de una lesión a un interés ajeno. Pero el jugador que pierde su fortuna no sólo se daña en esencia a sí mismo, sino que sería quién debe soportar lo sufrido. Así lo regula nuestro derecho y dicha solución parecería ser justa. A todo esto, ¿Es entonces que al derecho no le interesa el daño que sufren las personas que juegan compulsivamente? ¿Qué sucede con quienes sufren indirectamente dichos daños, como los familiares (en la obra, los potenciales herederos de la abuela)?

De otro lado, cabe comentar que el juego compulsivo desborda la esfera una mesa de ruleta, de póker o de dados, como bien ilustra la novela de Dostoyevsky. En respuesta a estas cuestiones, se debe tener en cuenta que existen en el derecho de daños otras funciones distintas a la resarcitoria, específicamente quiero referirme a la función preventiva[3] recientemente instrumentada por el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación. En un momento determinado de la historia, en los pensamientos de Alexis se anota que “ahora que la abuela había realizado semejantes hazañas en la ruleta, ahora que su personalidad se había afirmado ante ellos con semejante nitidez (una anciana terca, autoritaria y bombeé en enfance), ahora, quizá, todo estaba perdido, porque ella era feliz como una colegiala en libertad y fatalmente iba a dejarse desplumar en el juego…” (p. 84). Le quisieron advertir lo que todos ya sabían, que perdería todo, pero es que nada iban a poder hacer para convencerla. En tales situaciones, parecería lógica la función preventiva del derecho de daños, que nos ofrece herramientas para evitar tales perjuicios. Entre las herramientas que el Código Civil y Comercial de la Nación brinda, se encuentran la acción preventiva (Art. 1711), la declaración de incapacidad y capacidad restringida (Art. 33), y específicamente sobre la figura del “pródigo” (Art. 48) la acción de inhabilitación, que puede ser entablada por el cónyuge, conviviente y ascendientes o descendientes.

A modo de conclusión personal, entiendo que cuando se habla de juegos de apuestas, no se puede dejar de considerar que el hombre como tal lleva una pulsión dentro de sí, que lo puede “cegar” frente a los posibles daños derivados del juego compulsivo. Al igual que ante otras adicciones, la toma de conciencia, el abordaje de la problemática con madurez y a la altura de las circunstancias, con información sobre las herramientas que brindan el derecho y otras distintas disciplinas, sin dudas ayudaría a que haya menos casos trágicos como los que en su ficción exhibe Dostoyevsky.

Por último, en relación al marco social y vincular que el autor formula para sus personajes, basado en valores vacíos y superfluos y desde el convencimiento de mi propia experiencia como jugador, no puedo dejar de resaltar que el ambiente y los valores que rodean dichas prácticas, suelen no resultar óptimos para el desarrollo de una persona. Así dicho, desde un enfoque personal, afirmo que la contención y el amor dado por vínculos sólidos que no sean construidos por valores vacíos, es quizás la principal vía de prevención de daño para el jugador.

Bibliografía:

–        ZAVALA DE GONZALEZ, Matilde M. “Función Preventiva de Daños”. LA LEY 2011. Cita Online: AR/ DOC/ 3511/2011.

–        CALVO COSTA, CARLOS. “El daño resarcible en el Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación” SJA 2012/12/26-42 ; JA 2012-IV. ABELEDO PERROT nº: AP/DOC/4769/2012.

–        PICASSO SEBASTIÁN, “La reforma del derecho de daños”, SJA 2012/12/26-3 ; JA 2012-IV, Citar ABELEDO PERROT Nº: AP/DOC/4884/2012.

–        CÓDIGO CIVIL Y COMERCIAL DE LA NACIÓN ARGENTINA, ley 26.994.


[1] Resumen biográfico: nacido en Moscú un 11/11/1821 y muerto en San Petersburgo un 9/02/1881. Representante de la literatura existencialista. Su obra ha influido a escritores como Hermann Hesse, Jean Paul Sartre, Franz Kafka, Charles Bukowski, Roberto Arlt, Ernesto Sábato y Gabriel García Márquez.

[2] CALVO COSTA, CARLOS. “El daño resarcible en el Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación” SJA 2012/12/26-42 ; JA 2012-IV. ABELEDO PERROT nº: AP/DOC/4769/2012.

[3] La función preventiva del daño debe ser el objetivo principal de cualquier sistema de reparación de daños para evitar que perjuicios injustos ocurran. ZAVALA DE GONZALEZ, Matilde M. “Función Preventiva de Daños”. LA LEY 2011. Cita Online: AR/ DOC/ 3511/2011.