Crimen y castigo DOSTOIEVSKI, Fiódor


DOSTOIEVSKI, Fiódor. Crimen y castigo - Buenos Aires : Libertador, 2003.
477 p.
ISBN 987-546-025-7

Indización Juridica

DERECHO PENAL > HOMICIDIO / ACCIÓN PENAL / APOLOGÍA DEL DELITO

Vinculación:

La obra se centra en el asesinato de dos personas por parte de un joven basándose en causas que él considera legítimas pero que van en contra del orden moral y jurídico vigente.

Citas textuales:

• […] “– Continúo. Por otro lado por falta de apoyo se pierden fuerzas frescas, jóvenes, por todas partes, a miles. Cine, mil obras útiles se podrían mantener y mejorar con el dinero que esa vieja legará a un monasterio. Miles de vidas, se podrían encauzar por el buen camino; muchas familias se podrían salvar de la miseria, del vicio, de la degradación, de la muerte, de los hospitales para enfermedades venéreas, todo gracias al dinero de esa mujer. Si uno la matara y se apoderase de su dinero para destinarlo al bien de la humanidad, ¿crees que el crimen, el pequeño crimen, quedaría ampliamente justificado por el número de buenas acciones del criminal? Por una sola vida, miles salvados de la corrupción. Por una sola muerte, cien vidas. Es una cuestión matemática. Además, ¿qué puede pesar en la balanza social la vida de una anciana avara, estúpida y cruel? Lo mismo que la vida de un piojo o de una cucaracha. Y yo diría que menos, pues la vieja es un ser nocivo, lleno de maldad, que dificulta la vida de otros seres. Hace poco le mordió un dedo a Lisbeth y casi se lo arranca.” (pág. 69).

 •” […] “Lucirlo, Solón, Mahoma, Napoleón, etc., todos, hasta los más próximos a nosotros, han sido criminales, ya que al promulgar nuevas leyes violaban las antiguas, que habían sido respetadas por la sociedad y transmitidas por generaciones, y también porque esos hombres no retrocedieron antes los derramamientos de sangre, y muchas veces de sangre inocente y a veces heroicamente derramada para defender las antiguas leyes, por poca que fuese la utilidad que obtuvieran de ello.
Incluso puede afirmarse que la mayoría de esos bienhechores y guías de la humanidad han hecho correr ríos de sangre. Mi conclusión es que no solo los grandes hombres, sino todos aquellos que se elevan, por poco que sea, por encima del nivel medio, y que son capaces de decir algo nuevo, son por naturaleza, inevitablemente criminales, en un grado variable, como es lógico. Si no fueran criminales les sería difícil salir de la rutina. No quieren permanecer en ella, y yo creo que es provechoso que no lo hagan.” (pág. 236).

 • […] “- Sin embargo – continuó éste -, tengo razón, por lo menos con respecto a ciertos casos, porque los hombres son muy diferentes unos de otros y nuestra única consejera digna de crédito es la práctica. Pero, si usted tiene pruebas, me dirá usted… ¡Oh, Dios mío! Usted no sabe lo que son las pruebas: tres de cada cuatro son dudosas. Y yo, además de ser juez de instrucción, soy un ser humano y en consecuencia, tengo mis manías… […]…mi querido Rodion Romanovitch; y es que el caso que responde a todas las formas y fórmulas jurídicas, el caso típico para el cual se han concebido y escrito las reglas, ese, no existe, por la sencilla razón de que cada crimen, apenas realizado, se convierte en un caso particular, ¡y cuán original a veces!; un caso distinto a todos los otros casos conocidos y que, de alguna manera, no tiene ningún precedente.” (pág. 301/302).

 • […] “– Pero…, entonces…- preguntó con voz ronca -, ¿quién es el asesino?
[…] – ¿Qué quién es el asesino? – exclamó como no pudiendo creer lo que escuchaba – ¡Usted, Rodion Romanovitch! – Y añadió en un tono de profundo convicción, en vos muy baja – : Usted es el asesino.
[…] – Vuelve usted a su antigua estrategia, Porfirio Petrovitch. ¿No se cansa usted de emplear los mismos procedimientos?
– ¿Procedimientos? ¿Qué necesidad tengo de emplearlos? La cosa cambiaría si estuviéramos hablando ante testigos. Pero estamos solos. Yo no he venido aquí a detenerlo. Que confiese usted o no en este momento, me importa muy poco. Mi convicción seguiría siendo la misma.” (pág. 400).

Interrogantes

 • ¿Existe en la legislación argentina causas de justificación que eximan de pena a una persona que ha cometido homicidio? En el caso que existan, ¿en qué motivos de basan?

• ¿A través de qué procedimientos un juez puede recolectar pruebas para un juicio penal? ¿Las deben solicitar las partes o el juez puede reclamarlas de oficio?

• ¿Qué tipo de pruebas pueden ofrecerse en un juicio penal?

• ¿Qué ocurre con el proceso en caso de considerarse inválida alguna de las pruebas aportadas?

• ¿Se configura en la conducta de Rodion Romanovitch los requisitos necesarios para la figura de la apología del delito?

Comentario

 Si tuviéramos que elegir una de las obras fundamentales de la literatura rusa de todos los tiempos, o por qué no de la literatura universal, Crimen y Castigo figuraría sin duda alguna en esta lista imaginaria. Publicada por primera vez en 1866, Fiódor Dostoievski elaboró esta novela, estructurada dentro del género psicológico, centrando la trama en la vida de Rodion Raskolnikov y el doble homicidio que lleva a cabo y las consecuencias a las que el mismo protagonista se expone por su accionar.

Las razones que lo llevan a matar a Rodia son personales y bastante particulares: a pesar de la miseria en la que se halla inmerso, la cual impide que continúe sus estudios en la Facultad de Derecho, no lo hace para obtener únicamente un provecho económico. Sus motivaciones van más allá: él quiere demostrar que ciertas personas están diferenciadas del resto de la población, o se encuentran posicionadas en una jerarquía superior, por decirlo en otros términos. A partir de esta diferencia, se encuentra justificada la realización de actos ilícitos, como el homicidio, para de esta manera permitir nuevos progresos para la humanidad, tal como sería el caso de los grandes líderes (como por ejemplo Napoleón, al que Rodion mismo cita). En su caso, asesina a una señora usurera y de mala fama y a su hermana. Sin embargo, su plan fracasará y su accionar no será gratuito: rápidamente se ve en cierta forma arrepentido y este sentimiento contradictorio sobre la moralidad de lo realizado tiñe la totalidad de la obra.

La bondad de Raskolnikov en ningún momento es puesta en tela de juicio ya que no asesina por maldad. Es más, en múltiples pasajes se subraya su preocupación por el bienestar de los demás. Pero otras características personales lo llevan a bordear la insania: su orgullo y soberbia impiden que vea con claridad lo ejecutado. Ternura y enfermedad son entremezclados por el autor en su personaje.

El protagonista se verá además envuelto en otros contratiempos: la visita de su madre y de su hermana Dunia, quien está por casarse con un hombre al que Rodia no considera respetable y con quien tendrá un enfrentamiento. Por otro lado, personas allegadas al protagonista empezaran a sospechar de su crimen, como Porfirio Petrovitch, el juez de instrucción, quien intentará lo posible para que Rodia confiese su crimen a través de métodos poco éticos e ilegales.

La obra también se destaca por reflejar el espíritu de la época en sus páginas: San Petesburgo es descripta como una ciudad lúgubre y en cierto aspecto amenazante, en donde ocurren todo tipo de grandes cambios a nivel social: empiezan a surgir las ideas progresistas, con la proliferación del ateísmo, el feminismo, la relajación de la convenciones matrimoniales e incluso la extensión del suicidio.

Dostoievski expone magistralmente en esta obra, cómo nuestras ideas personales nos pueden distanciar a niveles extremos de aquello que socialmente se considera legítimo y lícito. La dignidad o indignidad de las acciones del protagonista, esa lucha interna por saber si lo que se ha hecho es correcto y sus consecuencias (¿entregarse o no a la Justicia?) nos invita a reflexionar sobre si podemos llevar nuestras teorías auténticamente a la práctica, provocándonos varias preguntas. “¿Estamos dispuestos a ejecutar aquello que consideramos justo y legítimo aún si ello nos aísla de los demás y en última instancia nos genera una condena, o es mejor acoplarse al rebaño?”, podría ser una de ellas.