La luz difícil GONZÁLEZ, Tomás


GONZÁLEZ, Tomás. La luz difícil - 1a ed - Buenos Aires : Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A., 2012.
136 p.
ISBN 978-987-04-2397-3

Indización Juridica

DERECHO CIVIL > AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD
SALUD PÚBLICA > BIOÉTICA > DIGNIDAD DEL PACIENTE / MUERTE DIGNA
DERECHO PENAL > EUTANASIA
DERECHO CONSTITUCIONAL > DERECHOS Y GARANTÍAS CONSTITUCIONALES
DERECHOS HUMANOS > CONVENCIÓN AMERICANA DE DERECHO HUMANOS / DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHO HUMANOS

 Vinculación:

La obra cuenta la historia de Jacobo – y su entorno -, un joven a quien un accidente lo ha dejado parapléjico, y que debido a que los dolores que padece le hacen sus días insoportables, y sobre todo, lo privan de lo que él considera “vivir con dignidad”, decide someterse a una eutanasia.

 Citas textuales:

  •  “El dolor intenso le comenzó a Jacobo tres años después de salir del hospital. Los médicos nos lo habían advertido: tal vez lo peor no sería que no iba a volver a caminar, sino el malestar físico que en algún momento podría empezar a sentir. El dolor se volvió permanente con el paso del tiempo y fue aumentando en intensidad, a tal punto que había días (…) en que debíamos entrar con mucho cuidado a su cuarto y hablar en voz muy baja, para evitar que el ruido lo hiciera gemir y temblar…” (p. 24)
  • “Durante los tres primeros años después del accidente, mi hijo mayor se la pasó deseando volver a caminar y tratando de hacerlo. Entonces perdió la esperanza y a partir de allí, y a medida que el dolor se hacía permanente y cada vez más insoportable, se la pasó deseando que le llegara la muerte. Mejor si ocurría durante el sueño, le dijo una vez a Sara, pero estaría bien si lo encontraba despierto…” (p. 24, 25)
  • “Los acupunturistas, por ejemplo, que nunca sirvieron para nada, eran caros (…) y el seguro no los cubría. (…) Ah, y eso sin contar con el costo de las tales ‘medicinas’ del doctor zapato, que eran unas pepas negras, casi del tamaño de frijoles colombianos, muy amargas, y que se debían masticar con mucha lentitud, para que tuvieran un efecto complementario al agujerío que le ponían a Jacobo en la cabeza y por todas partes y lo dejaban como un Nazareno o un puercoespín…” (p. 26, 27)
  • “…le decían que lo que iban a hacer era lo mejor para Jacobo, pues ya no aguantaba más; que era un crimen seguir sufriendo tanto y que no lo pensara como un final sino como las puertas de su liberación, de su redención…” (p. 37)
  •  “…James nos había puesto en contacto con un abogado amigo suyo de Portland, especializado en esos asuntos en que estábamos, y que nos ayudaría si algo salía mal, pues Jacobo no era residente de Oregon, no tenía derecho a este tipo de asistencia, y el médico, Pablo, y el mismo Jacobo estarían actuando por fuera de la ley y podrían meterse en algún lío grave…” (p. 49, 50)

Interrogantes:

  •  ¿Puede considerarse que la vida que Jacobo transitaba después de su accidente era digna?
  • ¿Cuáles hubieran sido las opciones de Jacobo si hubiera vivido en Argentina?
  • ¿Cuál hubiera sido la situación de Jacobo si hubiera sido menor de edad?

Comentario

“Dignidad: de la mano de la vida, y de la muerte”

 

Por Cecilia Real de Azúa
Abogada (UBA)
Carrera de Especialización en Derecho de Familia -tesis pendiente- (UBA)
Trabaja en Ministerio Público Tutelar CABA

“Para estas personas, la dignidad, su dignidad,
pasa a ser el derecho fundamental
que reivindican como último acto humano:
decidir cómo morir, decidir cuándo morir”[1]

“La luz difícil” me ha invitado a pensar, una vez más, en la dignidad como derecho humano, como derecho humano fundamental, y en el diverso contenido que “la dignidad” puede tener, para cada una de las personas.

  De hecho, si bien la normativa internacional[2] reconoce el derecho a la dignidad, no lo define[3], sino que enumera acciones que tanto el Estado como los particulares tienen prohibido realizar, a fin de no vulnerar dicho derecho. Por su parte, la jurisprudencia[4] ha confirmado su entidad, al determinar que tal derecho –personalísimo, inescindible de la persona humana -, comprende el derecho a la vida, entendiendo que la misma no sería tal, sino fuera transcurrida con dignidad, y que el Estado también tiene la obligación de implementar medidas de acción positiva para garantizarla.

Ahora bien, mientras Tomás González describe el calvario de Jacobo, podemos pensar que en algunos casos, en los que tanto el Estado como los particulares han agotado, sin resultados, los esfuerzos por garantizarle a alguien su derecho a la dignidad, en vida, la única posibilidad de dejar de menoscabarlo, es permitirle decidir cómo y cuándo morir. Sin embargo, así como podemos afirmar que para Jacobo la vida y la dignidad ya no iban de la mano[5], no es menos importante recalcar que su situación podría ser vista de otro modo por otra persona, y que ninguna de las dos posiciones sería más válida que la otra, sino simplemente, distintas. Y ahí es cuando entra en escena otro de los conceptos, pilares del sistema democrático: la autonomía de la voluntad.

El art. 19 de la Constitución Nacional (CN) establece que “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden, ni a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados…”. Como bien surge de la norma, las decisiones autónomas de las personas, traducidas en acciones, tienen un importante resguardo en nuestro sistema jurídico, pero se encuentran limitadas por el orden y la moral pública, y la posibilidad de perjuicio a terceros.

¿Y cómo aplicaría lo establecido por el art. 19 CN, en relación a los derechos de la persona sobre su propio cuerpo? Al respecto, se ha dicho que “En el caso de los pacientes, de esa norma emerge el derecho a rechazar o interrumpir una terapia específica o a rehusar medios extraordinarios disponibles por los adelantos técnicos, con el fin de no afectar el respeto a la dignidad de la persona humana…”[6]. Ahora bien, este “derecho a morir con dignidad”, no contempla, en la República Argentina, las prácticas eutanásicas[7], prácticas que, podemos concluir, se entienden hasta la actualidad, contrarias al orden y a la moral pública – dado que no podríamos aseverar, por lo menos en abstracto, que causen un perjuicio a terceros.

Si bien estamos en condiciones de afirmar que lo resuelto por Jacobo en “La luz difícil” – se somete a una práctica eutanásica – se encuentra prohibido en nuestro país, sería interesante discernir si las opciones que actualmente Jacobo hubiera tenido, de vivir aquí, le hubieran garantizado la dignidad que tanto deseaba, y que como cualquier ser humano, merecía.

A partir de la sanción de la Ley 26742 de Muerte Digna, la cual modificó parcialmente el articulado de la Ley 26529 de Derechos del Paciente, Historia Clínica y Consentimiento Informado, un paciente que “…presente una enfermedad irreversible (…) o haya sufrido lesiones que lo coloquen en igual situación, informado en forma fehaciente, tiene el derecho a manifestar su voluntad en cuanto al rechazo de procedimientos quirúrgicos, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital cuando sean extraordinarias o desproporcionadas en relación con la perspectiva de mejoría, o produzcan un sufrimiento desmesurado. También podrá rechazar procedimientos de hidratación o alimentación cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación en el tiempo de ese estadio terminal irreversible o incurable (…) En todos los casos la negativa o el rechazo de los procedimientos mencionados no significará la interrupción de aquellas medidas y acciones para el adecuado control y alivio del sufrimiento del paciente” (art. 2 inc. e)[8].

En “La luz difícil”, Jacobo posee una lesión que lo coloca en una situación irreversible; hasta ahí, su caso podría estar subsumido en esta norma. Sin embargo, lo prescripto por la Ley 26529 no hubiera sido suficiente en la situación de Jacobo, porque él no estaba conectado a ningún soporte vital, no necesitaba de procedimientos quirúrgicos, pero sí padecía de un sufrimiento desmesurado, en forma continua, que no eran generados por ningún tratamiento, sino el sólo hecho de su existencia. En este caso, y dado que la muerte de Jacobo no era inminente[9], la única opción posible para él era “dejarse morir”, rechazando hidratarse o alimentarse, con el sufrimiento que tal accionar generaría en cualquier ser humano – sufrimiento absolutamente alejado de una situación de muerte digna. Legalmente, en Argentina, se hubiera quedado sin opciones.

En esta línea de ideas, vuelvo a recalcar que quizás, quien – por ejemplo – asimila la vida digna al cumplimiento de un designio divino, aunque el mismo signifique una situación de padecimiento hasta el final de los días, podría no coincidir con el pedido y la decisión de Jacobo. Pero para él la dignidad ya no estaba del lado de la vida: sólo se concretaría con la muerte, en paz, sin dolor.

Al respecto, se ha dicho que dependiendo de la “…posición personal que asuma quien estudie esta problemática (…) la respuesta al interrogante de si mantenernos vivos debe ser considerado un derecho o una obligación, será diferente…” y que “…Hablar de la vida, del derecho a la vida, (…) del derecho a la dignidad (…) tiene que ver con (…) aquello que aprendimos para vivir, para ser dignos, para ser libres, para elegir, y con estos valores sin los cuales nuestra vida no merece ser vivida. Y esto es un juicio de valor indelegable que nos corresponde a cada uno de nosotros en tanto seamos humanos, en todo sentido de su expresión”[10].

            Y esta idea de Ciruzzi es la que tomo a fin de concluir este comentario. Ni la vida ni la dignidad, significan lo mismo para cada uno de nosotros. Es entendible, respetable, y acuerdo absolutamente con la necesidad de una regulación de la autonomía de la voluntad de las personas, porque como bien sabemos, no sería posible la vida en comunidad si así no fuera. Pero eso no es igual a intentar determinar cuánto alguien debe vivir, ni cómo debe morir.

            “La luz difícil” nos invita a pensar, a reflexionar acerca de la vida, de la muerte, y de la dignidad, a veces más cerca de la segunda que de la primera. La eutanasia es en la Argentina un debate pendiente y necesario, por las personas que, como Jacobo, en estado de absoluta conciencia, y de insoportable dolor, ya no desean seguir viviendo, y que hoy sólo con un accionar ilegal– o un muy largo, y probablemente infructuoso proceso judicial – podrían concretar dicho deseo.

Bibliografía:

–       CIRUZZI, María Susana, “Los dilemas al final de la vida: el paradigma bioético frente al paradigma penal”, en Revista de Derecho Penal, Año I, N° 2, Ed. Infojus, Buenos Aires, 2012, pp. 29/64, disponible en http://www.infojus.gob.ar/documentDisplay.jsp?guid=123456789-0abc-defg0310-21fcanirtcod&title=los-dilemas-al-final-de-la-vida-el-paradigma-bioetico-frente-al-paradigma-penal

–       GELLI, María Angélica, “La autonomía personal y los derechos de los pacientes a vivir con dignidad”, en Suplemento Especial: Identidad de Género – Muerte Digna, La Ley, Buenos Aires, 2012, pp. 93/99.

–       WIERZBA, Sandra, “Las intermitencias de la muerte de José Saramago. Una senda para reconsiderar dilemas esenciales vinculados al Derecho a la Salud”, Diario La Ley, Buenos Aires, 2013, pp. 1/3.

–       World Health Organization, “Ethics of medicine and health”, WHO-EM/RC42/7, Technical paper presented at the Forty-second Session of the Regional Committee for the Eastern Mediterranean, http://applications.emro.who.int/docs/em_rc42_7_en.pdf, 1995.

–       Constitución Nacional.

–       Instrumentos internacionales de Derechos Humanos: Convención Americana de Derechos Humanos; Pacto de Derecho Civiles y Políticos; Convención sobre los Derechos del Niño; Declaración Universal de Derechos Humanos.

–       Caso de los “Niños de la Calle”, Villagrán Morales y otros Vs. Guatemala, CIDH, 19/11/1999, Serie C N° 63, http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/Seriec_63_esp.pdf

–       Ley 26529 de Derechos del Paciente, Historia Clínica y Consentimiento Informado, modificada por la Ley 26742 de Muerte Digna.

–       Código Civil y Comercial promulgado el 7/10/14.


[1] CIRUZZI, María Susana, “Los dilemas al final de la vida: el paradigma bioético frente al paradigma penal”, en Revista de Derecho Penal, Año I, N° 2, Ed. Infojus, Buenos Aires, 2012, p. 35, disponible en http://www.infojus.gob.ar/documentDisplay.jsp?guid=123456789-0abc-defg0310-21fcanirtcod&title=los-dilemas-al-final-de-la-vida-el-paradigma-bioetico-frente-al-paradigma-penal

[2] Esto se ve claramente en el art. 11 de la Convención Americana de Derechos Humanos, y en otras normas de similares características – que no nombran expresamente el derecho a la dignidad: art. 10 del Pacto de Derecho Civiles y Políticos; art. 16 de la Convención sobre los Derechos del Niño; art. 12 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. De todos modos, vale aclarar que muchas otras normas de estos instrumentos internacionales dan contenido al derecho a la dignidad, como las que prohíben los tratos crueles, inhumanos o degradantes, la esclavitud, etc.

[3] Vale aclarar que la falta de definición es común a la mayoría de los derechos reconocidos en los instrumentos internacionales de derechos humanos (y a las normas en general; por ejemplo, en la Nota al art. 495 CC se expresa “Nos abstenemos de definir, porque como dice FREITAS, las definiciones son impropias de un Código de leyes…”).

[4] Caso de los “Niños de la Calle”, Villagrán Morales y otros Vs. Guatemala, CIDH, 19/11/1999, Serie C N° 63, http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/Seriec_63_esp.pdf , párr,. 144 “…En esencia, el derecho fundamental a la vida comprende, no sólo el derecho de todo ser humano de no ser privado de la vida arbitrariamente, sino también el derecho a que no se le impida el acceso a las condiciones que le garanticen una existencia digna. Los Estados tienen la obligación de garantizar la creación de las condiciones que se requieran para que no se produzcan violaciones de ese derecho básico…”.

[5] En la novela, Jacobo tiene un amigo, Michael, en una situación similar a la suya. Haciendo alusión al dolor que sobrellevaban, describe el autor, en la página 76: “…El uso de la metáfora por parte de ellos era intenso ‘Es como si agarraran un serrucho y me empezaran a serruchar despacio la pelvis, míster David’, decía Michael. ‘Y a veces es como si mis piernas estuvieran congeladas y al mismo tiempo envueltas en tizones encendidos. Para decirle la verdad, no sé si valga mucho la pena vivir, si es para sufrir tanto: ¿Usted qué piensa?’ Y nuestro pobre Jacobo hablaba de que a veces era como si le metieran los dedos de los pies en una prensa. O como si le hubieran dado un puñetazo perpetuo en el estómago. Los dos casi siempre alcanzaban en aquellas descripciones el límite mismo del lenguaje, y llegaban al dolor que toca el punto donde ‘indescriptible’ es la última palabra que se pronuncia antes de que se acaben todas las palabras y quede sólo la sordomuda brutalidad del hecho”.    

[6] GELLI, María Angélica, “La autonomía personal y los derechos de los pacientes a vivir con dignidad”, en Suplemento Especial: Identidad de Género – Muerte Digna, La Ley, Buenos Aires, 2012, p. 94.

[7] Según la OMS, “Las definiciones de la eutanasia no son exactas y pueden variar de una persona a otra, pero tienen varios elementos en común. La mayoría de los comentaristas restringe su descripción a la eutanasia directa o ‘activa’, la cual puede dividirse en tres categorías: 1) El homicidio intencional de aquellos que han expresado, de manera libre y con competencia plena, el deseo de ser ayudados a morir; 2) El suicidio asistido profesionalmente; y

3) La muerte intencional de los recién nacidos con anomalías congénitas que pueden o no ser una amenaza para la vida” (traducción del texto: World Health Organization, “Ethics of medicine and health”, WHO-EM/RC42/7, Technical paper presented at the Forty-second Session of the Regional Committee for the Eastern Mediterranean, http://applications.emro.who.int/docs/em_rc42_7_en.pdf, 1995, p. 9).

En Argentina, las prácticas eutanásicas están expresamente prohibidas en el art. 11 de la Ley 26529 de Derechos del Paciente, Historia Clínica y Consentimiento Informado, y en el art. 60 del Código Civil y Comercial promulgado el 7/10/14, que comenzará a regir en enero de 2016).

[8] Vale aclarar que similares presupuestos se prevén cuando hablamos de eutanasia, la cual “…por lo general involucra a pacientes con patologías crónicas, denominadas ‘terminales’, ‘irreversibles’ o ‘incurables’, usualmente causantes de gran dolor y angustia” (WIERZBA, Sandra, “Las intermitencias de la muerte de José Saramago. Una senda para reconsiderar dilemas esenciales vinculados al Derecho a la Salud”, Diario La Ley, Buenos Aires, 2013, p. 2).    

[9] Dado que la situación clínica de Jacobo no era de muerte inminente o muy próxima, la llamada sedación terminal – a la que se hizo lugar en el Caso M.- tampoco hubiera sido posible (conforme lo expuesto en CIRUZZI, ob.cit., p. 42).

[10] CIRUZZI, ob.cit, pp. 29/30.