Los enamoramientos MARÍAS, Javier


MARÍAS, Javier. Los enamoramientos - 1a ed - Buenos Aires : Alfaguara, 2011.
401 p.
ISBN 978-987-04-1748-4

Indización Juridica

DERECHO PENAL > HOMICIDIO /INSTIGACIÓN A COMETER UN DELITO
DERECHO CIVIL > OBLIGACIONES Y CONTRATOS > RELACION DE CAUSALIDAD

Vinculación:

Un hombre planea el homicidio de otro, esperando que una persona interpuesta realice el acto impulsado por los mensajes anónimos que recibe.

Citas textuales:

¨Que responsabilidad tengo yo en la conjunción de las casualidades, los planes que uno se traza no son más que tentativas y pruebas, cartas que se van descubriendo, y la mayoría de ellas no salen, no combinan. Lo único de lo que uno es culpable es de coger un arma y utilizarla con sus propias manos. Lo demás es contingente, cosas que uno imagina -un alfil en diagonal, un caballo de ajedrez que salta-, que uno desea, que uno teme, que uno instiga, con la que uno juega y fantasea, que de vez en cuando acaban pasando. Y si pasan pasan aunque uno no las quiera o no pasan aunque las anhele, poco depende de nosotros en todas las circunstancias, ninguna urdimbre está a salvo de que un hilo no se tuerza….¨ pág. 222

Interrogantes:

¿Puede considerarse instigador del homicidio al que elabora un plan para que ejecute el acto un tercero?

-¿El resultado –muerte- puede imputarse causalmente al accionar del hombre que solo planea el homicidio?

¿Puede considerarse como ¨causalidad adecuada¨ en los términos de los arts. 901 a 905 del Código Civil, la cadena causal desarrollada para lograr que el tercero ejecute el acto, por ejemplo: enviar anónimos ofensivos, esperar que se produzca en el tercero ejecutor la decisión de matar, proveer un arma sin la finalidad específica de matar a alguien ?

Comentario:

Por : Dr. Abel E. Marino. Profesor Regular de Obligaciones en la F.de Derecho U.B.A 

aemarino@fibertel.com.ar

La relación de causalidad y “Los Enamoramientos” de Javier Marías

Un día cualquiera, cerca de las dos de la tarde, sucede un homicidio en una bocacalle del madrileño Paseo de la Castellana. Un hombre muy bien vestido, seguramente un empresario, baja de su auto con chofer; inmediatamente es abordado por un indigente, que en ese lugar hacía tareas de “cuidacoches” –gorrilla en el lenguaje local- y comienza a increparlo con voces incoherentes y acusaciones disparatadas. Unos testigos refieren, sin demasiadas precisiones, que le reprochaba al empresario haber involucrado a sus hijas en una red de prostitución.

Al ademán de rechazo del empresario le sigue el ataque físico: el gorrilla saca una navaja tipo mariposa, de siete centímetros de hoja, se abalanza sobre la víctima y lo apuñala repetidamente –dieciséis puñaladas- en el tórax y un costado, afectando de ese modo órganos vitales y provocándole la muerte. El agresor, sorpresivamente, permanece en el lugar retenido por la mera orden verbal de un vecino y, a poco, es detenido por la Policía.

El mendigo tenía sus facultades mentales alteradas; vivía en un coche abandonado desde hacía tiempo en la zona, a veces tenía actitudes violentas y altercados que, si bien no habían generado actuación policial, molestaban a los vecinos. Como el que había sucedido pocos días antes del homicidio, teniendo como destinatario precisamente al chofer del empresario, golpeado por el gorrilla en la cara, aprovechando que éste llevaba la ventanilla baja del coche que iba conduciendo, sin la presencia de su patrón. O el día anterior al homicidio, cuando insultó al empresario y le formuló idénticas recriminaciones que las que, un día después, habrían de terminar con su vida.

El gorrilla no resulta imputable por el delito y es internado en una institución de salud mental; las actuaciones judiciales quedan estancadas, de camino hacia la impunidad. Pero, detrás de la escena, hay una trama oculta, descripta en la prosa cautivadora de Julián Marías en su novela Los enamoramientos, -Ed. Alfaguara, Bs. As., 2012-.

El relato es apasionante y, entre agudas reflexiones filosóficas y psicológicas, refiere a los estados de enamoramiento y sus, a veces trágicas, consecuencias. Es que, en verdad, el gorrilla es descubierto por la narración como el ejecutor material de un muy complejo plan urdido por otro, el mejor amigo del empresario quien, perdidamente enamorado de la esposa de este último, puso en marcha una cadena de acontecimientos que tuvieron como resultado el ataque y muerte a manos del indigente.

Así, valiéndose de los servicios de un tercero, el enamorado había mandado colocar un celular en el coche donde dormía el gorrilla y, a través de ese tercero, le comunicó que el empresario era responsable por el ingreso de sus hijas a la red de prostitución. Esto generó el primer ataque, fallido, dirigido al chofer. Tiempo después, además de nuevos llamados al celular, hizo dejar en el coche-dormitorio la sevillana con la que se consumó el homicidio.

El enamorado parece haber planeado un crimen perfecto: valiéndose del desvarío mental del gorrilla eliminó el obstáculo que lo separaba de la persona a quien deseaba. Todo parecía encaminarse según su designio, pero el insano recobra algo de razón y comienzan a aparecer grietas en el, aparentemente, impertubable destino de impunidad. Los temores y sentimientos de culpa son contados magistralmente por Marías, como hilo conductor de las ideas del autor sobre temas fundamentales de la vida humana.

Desde el ángulo del Derecho nos interesa establecer si, en el caso de resultar constatado el itinerario causal planificado por el enamorado, -suponiendo que el gorrilla finalmente cuenta todo lo sucedido- cabría atribuir responsabilidad al empresario por el resultado muerte. Para ello, muy brevemente, haremos referencia a la relación de causalidad entre ese resultado y sus antecedentes fácticos, analizando algunas de las distintas posturas que la doctrina ha desarrollado acerca de tan controversial cuestión.

La relación o vínculo causal es el nexo necesario que enlaza el resultado –delito/daño- con cierto/s hecho/s anterior/es. La trama causal es siempre compleja, surge de un conjunto de condiciones cuya relevancia para el logro del resultado, deben ser evaluadas a los fines de asignar a un sujeto las consecuencias jurídicas de ese resultado, en nuestro caso, la condena penal y la reparación de los daños derivados del homicidio. La teoría y los textos legales asumen que los hechos humanos se expanden en el ámbito social de un modo variado y complejo, al entrelazarse con otros hechos que, a su vez, son consecuencia de sucesos anteriores. El hecho originario, al conectarse con otros, produce consecuencias que aparecen como antecedente de nuevas derivaciones.

Para analizar la posible responsabilidad del enamorado el itinerario causal podría, básicamente, reducirse a los siguientes acontecimientos: el deseo que genera el estado de enamoramiento causa la elaboración de un plan, que causa la encomienda de colocación de elementos idóneos para que un inimputable se enfurezca y ataque a quien obstaculiza la concreción del deseo amoroso.

Haremos referencia a tres de las numerosas teorías utilizadas para la determinación causal, es decir, la selección de cuál o cuáles condiciones resultaron relevantes para la producción del resultado y, de tal suerte, para la asignación a un sujeto del carácter de autor responsable.

a) La teoría de la equivalencia de las condiciones o de la condictio sine qua non, parte del supuesto de que la adición de la totalidad de las condiciones es la que produce el resultado, no pudiéndose discriminar entre ellas, ya que si mentalmente eliminamos una, el efecto no sucedería. Vista así, y reconstruyendo el camino causal, la teoría llevaría a una suerte de regreso ad infinitum que nos llevaría a considerar responsables por el resultado muerte, por lo menos, a los fabricantes de la sevillana y del teléfono celular –objetos sin los cuales el ataque furioso y muerte no hubieran sido posibles- y a los progenitores del gorrilla -por haberlo engendrado-, a las autoridades municipales –por permitir la permanencia en la vía pública del automotor en el que pernoctaba el indigente- y, por supuesto, al enamorado en carácter de instigador, junto a su cómplice.

b) La teoría de la causa próxima, que sólo parecería involucrar a quien intervino de manera directa e inmediata en la producción del resultado, en este caso, el gorrilla. Inimputable penalmente, sólo sería susceptible de respuesta jurídica en los términos del art. 907 del Código Civil.

c) La teoría de la causa adecuada, que según la mayoría de la doctrina y jurisprudencia consideran consagrada en el código de Vélez (arts. 901 a 906) y recibida expresamente en los arts. 1726 y 1727 del Código Civil y Comercial de la Nación, sancionado recientemente en nuestro país. La teoría evoca la denominada “regla de la vida” según la cual, entre todas las condiciones que coadyuvan para la producción de un resultado, se pueden elevar a la categoría de causa aquéllas que, según un juicio de probabilidad normal, de acuerdo a la experiencia de la vida y el curso natural y ordinario de los acontecimientos, es idónea para producir el resultado que se examina. Las demás, son meras condiciones, factores o antecedentes. El juicio de probabilidad debe realizarse en abstracto, pero no teniendo en cuenta cómo sucedieron en verdad las cosas, sino en abstracto, atendiendo al grado de regularidad –lo que sucede normalmente en una pluralidad de casos- y previsibilidad –medida en función de lo que puede esperar un hombre promedio o corriente, ni el más sagaz ni el menos diligente-, desde la vista de un observador objetivo, que pondera todas las circunstancias fácticas que se constataron.

En el caso del enamorado, el examen de adecuación debe procurar prescindir del resultado muerte –tarea nada sencilla- y, posicionándose en el principio de regularidad, debe resolver el dilema determinando si, en abstracto, la sumatoria de estímulos –llamados al celular, colocación de un elemento sumamente apto para quitar la vida a otro- dirigida a un sujeto con facultades mentales alteradas, podía o no tener como consecuencia “según el curso natural y ordinario de los acontecimientos”, el furioso ataque con la sevillana, que determinó dicho resultado.

De un lado, podría válidamente sostenerse que el plan contaba con escasas chances de éxito, teniendo en cuenta que la reacción asesina del mendigo resultaba por demás aleatoria, podría decirse, como lanzar una moneda al aire. No obstante, nos parece que el análisis de regularidad y previsibilidad debería computar el decisivo impacto que indudablemente provoca la libre disponibilidad de un sugerente elemento como la sevillana en la traumatizada psique del gorrilla que produciría en un sujeto promedio de esa condición.

Como decimos, puede el observador adoptar con fundamento válido una u otra postura…y, con la lectura de Los Enamoramientos, se deleitará con un magnífico relato, que lo hará reflexionar sobre temas centrales de la existencia.