Mañana en la batalla piensa en mí MARÍAS, Javier


MARÍAS, Javier. Mañana en la batalla piensa en mí - Buenos Aires : Debolsillo, 2012.
354 p.
ISBN 978-987-566-255-1

Indización Juridica

DERECHO PENAL>POLÍTICA CRIMINAL>HOMICIDIO>PENAL
DERECHOS HUMANOS>VIOLACIÓN DE DERECHOS HUMANOS
DERECHO ADMINISTRATIVO > ETICA DE LA FUNCIÓN PUBLICA
OBLIGACIONES y CONTRATOS > RESPONSABILIDAD CIVIL > RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES
DERECHO CONSTITUCIONAL > DEFENSA EN JUICIO > VIOLACION AL DEBIDO PROCESO.

Por Rother, Kevin.

VINCULACIÓN

Frente a los diferentes dilemas jurídicos que enfrentamos en nuestra vida cotidiana, muchas veces los enunciados de las normas positivas distan de encontrar concordancia con las consideraciones personales con la que uno forma sus juicios de valor. Muchas veces, la declaración de inocencia que imparte un tribunal por un determinado suceso, puede ser opacada por la condena que nosotros mismos nos hemos impuesto.

CITAS TEXTUALES

– Había que salir de allí sin más tardanza, tuve de pronto la sensación de que me había quedado paralizado como en tela de araña, en un estado de estupefacción, y de duda no reconocida por la conciencia incansable.- (p. 64-65)

– Como puede serlo decir “Yo no lo busqué, yo no lo quise” o “Yo lo busqué, yo lo quise”, en realidad todo es la vez de una forma y de su contraria, nadie hace nada convencido de su injusticia y por eso no hay justicia ni prevalece nunca.- (p. 258)

– El punto de vista de la sociedad no es el propio de nadie, es sólo el tiempo y el tiempo es resbaladizo como el sueño y la nieve compacta y siempre permite decir “Yo no soy el que fui, es bien fácil, mientras haya tiempo.- (p. 258)

INTERROGANTES

– ¿Qué fenómenos son los relevantes para establecer la culpabilidad en términos jurídicos?

– ¿Es posible superar las contradicciones que constantemente se dan entre nuestras formas de actuar y los prescripciones normativas del derecho?

EDITOR (vinculación, citas textuales, interrogantes): Héctor Gonzalo Ana Dobratinich

COMENTARIO

Por Valeria Cardinale.

 Dramaturga y estudiante de abogacía en la Universidad de Buenos Aires.

 Participa en el Proyecto Lectores para la Justicia, Facultad de Derecho (UBA). Desarrolla una beca de formación e investigación en la UBA  en tareas relacionadas a la capacitación e investigación en el campo de lo legal.

E-mail: cardinaleval@gmail.com

 

MORIR DE CULPA

Mañana en batalla piensa en mí,

y caiga tu espada sin filo:

desespera y muere.” 

 

Yo no lo busqué, yo no lo quise

“Seguimos los dos aquí, en la misma postura y en el mismo espacio, aun la noto; nada ha cambiado y sin embargo ha cambiado todo, lo sé y no lo entiendo. No sé por qué yo estoy vivo y ella está muerta, no sé en qué consiste lo uno y lo otro. Ahora no entiendo bien esos términos. Mañana en batalla piensa en mí, y caiga tu espada sin filo: desespera y muere. El hecho de que alguien muera mientras uno sigue vivo le hace a uno sentirse como un criminal durante un instante, pero no era sólo eso: era que de pronto, con Marta muerta, mi presencia en aquel lugar ya no era explicable o muy poco, ni siquiera desde el embuste, yo era casi un desconocido y ahora no tenía sentido que estuviera de madrugada en el dormitorio que quizá ya no era de ella, puesto que no existía, sino sólo de su marido, en una casa a la que me había invitado a entrar necesariamente en su ausencia; pero quién aseguraría  ahora que se me había invitado, ya no había nadie para atestiguarlo.”

El acto de contar siempre supone tomar decisiones, mientras que la voluntad de callar siempre es lo que pudo ser o lo que aún podría darse. Los factores que condicionan lo que pasa o deja de pasar son sumamente variables e incontrolables, por lo que nadie es dueño de su circunstancia, nadie puede tener seguridad de que se van a cumplir sus expectativas. Este tipo de ignorancia o ceguera que por inercia llamamos azar esta siempre al acecho. En el relato, se expresa el revés de todo lo que existe e integra algo tan amplio como lo incognito lo descartado o lo incumplido. Este planteamiento paradójico es una constante en la narrativa de Marías.

El libro comienza con un adulterio. Marta Téllez, aprovechando la ausencia del marido, invita a su casa a cenar a Víctor Francés, un hombre al que apenas conoce; tras la cena con el futuro  amante, en presencia del hijo de dos años de ella que, vigilante y alerta, tarda en dormirse, Marta y Víctor se trasladan finalmente al dormitorio, donde al poco de empezar los preliminares del amor, la mujer se siente mal y muere.

En dos capítulos memorables, el hombre cuenta ese paso de eros a thanatos, tan intercambiables. Durante esa noche inaugural que fue a la vez la última noche, Víctor francés que poco antes ha tenido entre sus brazos a la sensual Marta Tellez, se encuentra de repente con una muerta, en la casa de un desconocido y con un niño dormido. Una vez se materializa el misterio de la muerte, ya nada significa lo mismo. Las normas éticas, olvidadas bajo la urgencia de las pulsiones eróticas, irrumpen en la conciencia del testigo con un angustioso sentimiento de culpabilidad. La intimidad de que han gozado no ha sido precisamente la que el hombre había imaginado con aquella joven casada. La mujer, tumbada en la cama de espaldas a él, en su agonía le ha pedido que la abrace. Y mientras él así lo hace, mientras la protege y espera, se da cuenta de que lo que antes lo excitaba ahora lo avergüenza: la cama medio abierta, los desnudos parciales, el rastro de los besos. Ya no habrá más.

“Yo sigo en su alcoba y eso hace que su muerte parezca menos definitiva porque yo estaba allí también cuando estaba viva. Yo no lo busqué, yo no lo quise.”

En la narrativa conocemos la historia de un hombre que sin ser autor del hecho en forma material, se ve envuelto en ser testigo de una situación que le resulta absurda y siniestra. Víctor, como auto-asumido delincuente pretende eludir toda consecuencia negativa por su obrar, evitando cumplir con la normativas éticas que le conminan y de las que no puede escapar.

Comprendiendo al delito como un hecho socialmente grave e intolerable cometido por una persona que está en condiciones de comprender dicha gravedad e intolerabilidad o al menos, la prohibición legal del hecho y las consecuencias de violar esa prohibición normativa. Esto presenta dos caras como en las monedas: para el autor, si no reúne las condiciones espirituales, mentales para la referida comprensión (de la gravedad social del hecho, de la prohibición legal y sus consecuencias) no debe ser castigado o, al menos, no con rigurosidad: nunca supo o entendió que era grave e intolerable para la sociedad lo que ejecutaba, no es culpable. Lo mismo si padeció antes o en el momento del hecho de alguna situación psicológica o personal (aun generada desde el entorno social) que haya afectado de modo concreto su capacidad de cumplir la ley o evitar el delito.

Acercándonos a autores como ROXIN que entiende a la culpabilidad “como el ‘poder evitar y [consiguientemente] […] La culpabilidad  […] fundamenta el reproche personal contra el sujeto de que no omitió la acción antijurídica aunque pudo omitirla. […]. La culpabilidad es reprochabilidad. Con el juicio de desvalor de la culpabilidad se le reprocha al sujeto que no se haya comportado conforme a derecho, que se haya decidido por el injusto aunque habría podido comportarse conforme a derecho, decidirse por el derecho. La base interna del reproche de culpabilidad radica en que el ser humano está revestido de autodeterminación moral libre, responsable y es capaz por ello de decidirse por el derecho y contra el injusto”. [1]

“Cuando entre en la alcoba sentí vergüenza por primera vez ante el cuerpo semidesnudo de Marta, lo que tenía de desnudo por obra mía.”

La culpabilidad  supone la atribuibilidad y pertenencia del hecho a su autor, como sujeto racional capaz de autodirección normal. Por ello en este caso, se conjugan una muerte y un adulterio, que si bien éste, no está en vigencia dentro de la tipificación legal, genera un halo prohibitivo, una relación extramatrimonial que trasgrediría parte de un pacto acordado, teniendo en cuenta que en este caso existiría un ocultamiento, no una conformidad voluntaria de parte del marido de Marta.

 “Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros.”

La forma de escribir; reiterativa, introspectiva, ensimismada y recurrente sobre el hecho y todas las consecuencias que nacen en relación a la muerte de Marta, generan el elocuente contenido de lo narrado: el sentimiento de culpabilidad. Sentimiento que auspicia las veces de límite y medida de la pena y vincula psicológicamente al autor y al resultado. En la narrativa, lo interesante a ver, es como se transparenta ese vínculo psicológico muchas veces ignorado en el campo de lo legal, ya que estaría dentro del área de la conciencia del individuo.

La culpabilidad es un juicio de atribución, una valoración (por ello es normativa) que se le hace al sujeto comisor por haber actuado contrario a una norma de deber (actuación intencional) o una norma de cuidado (actuación imprudente), con ello desaparecen la dos culpabilidades y se reducen o resumen en una, habida cuenta, tanto el actuar imprudente como el intencional se reprochan por haber actuado contrario a una norma.

Este juicio de imputación se conforma por tres elementos a saber:

  1. La capacidad de imputabilidad
  2. Las formas de la culpabilidad(intención o imprudencia)
  3. Condiciones normales de exigibilidad.

Tal juicio de imputación personal tenía como presupuesto o fundamento para poder hacerse al momento del hecho: que el sujeto comisor podía haber actuado de modo distinto a como lo hizo, es decir, que al momento del hecho el trasgresor podía elegir actuar con arreglo a derecho y sin embargo no lo hizo. Ese poder actuar de modo distinto partía de la libertad del sujeto entendida esta como libre albedrío. Toda esta argumentación es lo que se ha dado en llamar “el fundamento material de la culpabilidad”.

Se debe partir de que la conducta humana -como absolutamente todos los fenómenos- está sometida a la causalidad, es decir, que está determinada, pero esa determinación o causalidad no es en el modo o la forma en que la explican algunos autores como algo que gravita fatalmente sobre el hombre, como algo fuera de él que lo empuja o lo obliga a actuar de una forma y no de otra; esa idea es errónea. El determinismo en la conducta humana es magistralmente explicado por Federico Engels cuando afirma:

«La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado».[2]

La conducta humana está determinada, pero no por causas ajenas al hombre mismo, sino por sus propias necesidades materiales y espirituales que se conforman en, y a través de su actividad práctica; es decir, ellas son la causa del actuar humano, determinan el actuar humano, como sentencia Carlos Marx:

«Nadie puede hacer algo sin hacerlo, al mismo tiempo, en aras de una de sus necesidades y del órgano de esta necesidad».[3]

Por otra parte, la libertad del hombre -aspecto al cual le brindó brillante respuesta Hegel -, no es sinónimo de libre albedrío, de una absoluta y total independencia de todo lo externo; es, primero que todo, reconocimiento de la realidad. En otras palabras, somos libres en la misma medida que conozcamos la esencia o necesidad de los fenómenos que nos rodean y la hagamos funcionar de acuerdo con nuestros intereses; quien no conoce la “necesidad” está sometido a ella, en consecuencia, no puede ser libre. La libertad no es hacer todo lo que se quiera, sino, esencialmente, todo lo que se pueda hacer con arreglo a la necesidad dada y dominada por nuestros conocimientos.

Todo el proceder de Víctor conforme al hecho de la muerte de Marta, son parte de un actuar pulsional que desea poseer un efecto exonerador de una culpa inexistente o indebida en lo material, ya que el carecía de poder de evitación. Principio vinculante básico al término de culpabilidad. Con lo cual, una vez más, el uso de una narrativa introspectiva ensimismada forma parte de representar la culpabilidad en la conciencia del personaje.

Así las cosas, mi interés principal es la apertura que puedan generar la literatura y el derecho para invitarnos a pensar en la atribución de responsabilidades y correspondencias conforme a los hechos concretos y ficticios. Siendo estas dos atribuciones difusas, en tiempos en donde todo se inclina intencionada o desintencionadamente a la confusión.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • MARÍAS, Javier; Mañana en la batalla piensa en mí, Buenos Aires, Editorial: Debolsillo, 2012.

[1] ROXIN, Claus, “Derecho Penal – Parte General”, Ed. Civitas, 1ª edición, 1997, T. I (“Fundamentos. La estructura de la teoría del delito”), p. 799.

[2] HEGEL, Georg W. F.: Filosofía del derecho, México, Universidad Autónoma de México, 1985.

[3] HEGEL, Georg W. F.: Filosofía del derecho, México, Universidad Autónoma de México, 1985.