Amalía MÁRMOL, José


MÁRMOL, José. Amalía - Buenos Aires : Centro Editor de América Latina - Biblioteca Argentina Fundamental. Tomo I: Nº10, Tomo II: Nº11. 1967., 1967.
712 p.

Indización Juridica

FILOSOFÍA DEL DERECHO > IDEOLOGÍA / CORRIENTE IUSFILOSÓFICA / INTERPRETACIÓN JUDICIAL / RACIONALIDAD JURÍDICA

DERECHO CONSTITUCIONAL > EXILIADOS POLÍTICOS / DERECHO A LA PRIVACIDAD / DERECHO DE REUNIÓN

DERECHO PROCESAL > RECONOCIMIENTO DE LOS HECHOS / JUECES

CITAS TEXTUALES:

“El cuchillo mutila las manos, los dedos caen, el cuello es abierto a grandes tajos; y en los borbollones de la sangre se escapa el alma de las víctimas a pedir a Dios la justicia debida a su martirio.” (p. 10 – Tomo I)

“Bien puede ser; pero como no hemos de tener un tribunal que nos juzgue, tendremos que hacernos matar o emigrar.” (p. 65-66 – Tomo II)

 – “Señor cura Gaete -dijo el joven-, usted ha entregado su alma al demonio, y nosotros, a nombre de la justicia divina, vamos a castigar al que ha cometido tamaño crimen.” (p. 86 – Tomo II)

– “Será siempre mentira la libertad, mentira la justicia, mentira la dignidad humana, y el progreso y la civilización mientras también, allí donde los hombres no liguen su pensamiento y su voluntad para hacerse todos solidarios del mal de cada uno para congratularse todos del bien de cada uno, para vivir todos, en fin, en la libertad y en los derechos de cada uno.” (p. 219 – Tomo II)

 

INTERROGANTES:

  • ¿Qué hechos o situaciones serán relevantes para el derecho?
  • ¿Cuáles son los que criterios de los jueces para establecer las causas de un hecho anti-jurídico?

– ¿Se puede concebir las relaciones sociales no intervenidas por la multiplicidad de discursos culturales?

 

 

COMENTARIO:

Héctor Gonzalo Ana Dobratinich.

Abogado. Investigador CONICET. Docente (UBA-UNPAZ).

Maestrando en Filosofía del Derecho (UBA). Doctorando en Derecho (UBA).

Correo electrónico de contacto: gonzaloanadobra@gmail.com

 

ROSAS, NO ES TODO COLOR

“Donde no hay ley, no hay libertad”.-  John Locke

No podemos escindir toda producción sin ubicar espacio-temporalmente al sujeto que la ha realizado así como tampoco podemos entender un hecho o acontecimiento sin al menos intentar comprender la totalidad de causas que lo han provocado. Ambas consideraciones nos llevan a reflexionar que para entender “Amalia”[1] es necesario ubicar a su autor en épocas en que el poder de la Confederación Argentina[2] era ocupado por el político y militar Juan Manuel de Rosas[3].

Al igual que sus personajes, José Mármol[4] es producto de su época ya que se encuentra mediado por las circunstancias que lo implican. El escritor y político argentino nacido en Buenos Aires hacia fines del año 1817, luego de desistir en sus estudios de abogacía se dedica plenamente a la política y la escritura. Para José Pedro Crisólogo Mármol Zavaleta, su nombre completo, la participación política y la producción literaria son dos caras de una misma moneda y por lo tanto inescindibles entre sí, casi que podrían llamarme similares. Sus escritos siempre van estar trasvasados por la política y la política a su vez va a trasvasar sus escritos. Es por ello que se hace necesario entender la coyuntura de la época para poder entender la escritura de Mármol.

Desde sus primeros intentos por introducir otras perspectivas ideológicas en la Argentina, el autor de Amalia se vio enfrentado al poder de turno, encabezado por Juan Manuel de Rosas[5]. La concatenación de hechos en los cuales se va a ver implicado, ente los cuales citamos su breve paso por la prisión, en adelante lo va a posicionar políticamente en sus producciones. No hay que esperarse un sinfín de metáforas, ni nombres inventados cuyas iniciales coinciden con la de personajes reales de la época, tampoco atajarse de antemano que vamos tener que interpretar un sinfín de ironías, por el contrario, desde sus primeras páginas “Amalia”, entre los deseos de libertad, un ambiente oscuro y enigmático y un miedo que flota constante en el ambiente, nos pone al tanto de cuál es su posicionamiento.

La escritura tendrá una doble función. Por un lado estética-informativa. Sus textos caracterizados por el romanticismo que se importaba de Europa, deja ver todo su temperamento apasionado, las ideas como grandes estandartes, los aires de libertad poetizados, los sentimientos que se imponen y protegen al amor alado frente a todo pensamiento racional. Las expresiones del romanticismo caen como puntero a la sortija rioplatense. Sus ideas e improntas serán un muy buen canal para conducir y transmitir los pensamientos del contexto, en tanto reflota la idea de libertad, de apelación a los sentimientos y la movilización social. El movimiento artístico y cultural en su totalidad, decanta de manera espectacular en las necesidades de negociar ideas en momentos en los cuales la posición política se expresaba en términos polarizados de blanco o negro.

Ello nos lleva directamente a una segunda función, a saber, la performativa. En este intento de transmitir conocimientos, el texto literario constituye subjetividades. La escritura forma y deforma a los sujetos a su imagen y semejanza. Las máximas que se pueden identificar y resaltar en las lecturas son instrumentos y herramientas para posicionar al sujeto y constituirlo de una determinada manera. La construcción de la sociedad, el ciudadano, las ideas, el buen hombre y el tirano, es un proceso que responde a múltiples factores, entre los cuales podemos encontrar a la lectura como piedra angular[6]. La formación multidisciplinar de un conocimiento va hacer uso de todas la herramientas posibles a fin de sostener su relato[7], y la novela de amor, de odio y de muerte “Amalia” es un claro ejemplo ello.

El acto de construcción del relato de “Amalia” va unido a todo un acopio social. José Mármol no es su productor ascético sino que lleva consigo toda una carga de intereses, emociones, motivaciones y elecciones propias[8]. Amalia y su narración son el resultado del modo en que se la representa y narra. No se origina la novela por fuera del autor, como un hecho en sí mismo sino que hay un sujeto hacedor que la produce. La construcción que se hace de cada una de las cinco partes en que se desmiembra la novela dará cuentas de la vinculación que tienen todos los sucesos entre sí. En “Amalia” es difícil entender un hecho aislado o separado de la totalidad del relato. Todo es medido, controlado y nada fuera de los límites. Measure for measure[9] dirá William Shakespeare.

 La obra, considerada la primera novela argentina de tema nacional, nos lleva a retomar la imperecedera discusión que gira en torno a la doctrina filosófica sobre el determinismo y el indeterminismo, es decir, la de considerar que todos los acontecimientos están causalmente determinados y por lo tanto son explicables, o pensar que hay sucesos que escapan a nuestras posibilidades de entendimiento o previsión, dejándolo al campo del azar o la casualidad. El exhaustivo detalle, por momentos de contrastes exagerados, con que es escrito “Amalia” da cuenta de la miríada de factores que intervienen en las relaciones humanas. Casi que se nos hace difícil cuestionar cualquier desenlace interior de la obra, porque todo acontecimiento responde a una concatenación que viene con un impulso anterior. El dramático final es entendible aún con el estupor y sorpresa que puede generar en el lector acostumbrado a los finales felices y banquete de perdices[10]. Si hace una alto, y repiensa la trama podrá pasar de un ferviente defensor del azar a una posible aceptación de la causalidad. Claro que puede sentirse agobiado ante tanta determinación y la dificultad de poder explicar cada uno de los instrumentos que participaron en cada suceso. La frase cambiaría por “esas causalidades de la vida”[11]. Al igual que las ideas sostenidas por la institución de la novela, gran parte de los individuos consideran que son libres para hacer y disponer lo que quisieran. Todo ello compete no solo a una vaga discusión filosófica sino que también jurídica.

Si hacemos un alto, posiblemente esta manera de pensar posee más la forma de una creencia, que una frase fundamentada. Sometido a un análisis, posiblemente no vuelva formularse de la misma manera.

En la sociedad podemos observar un cúmulo de relaciones aparentemente ordenadas y rutinarias produciendo un enmarañado juego comparable a láseres de diferentes tipos, colores y tamaños proyectados dentro de un laberinto de espejos. En él los haces de luces se entrecruzan cambiando de grosor y combinando una multiplicidad de colores, volviendo al lugar de donde partieron pero desde otra dirección y con otra intensidad, encontrándose en direcciones opuesta y generando un interminable vaivén de idas y venidas. Estos sucesos se darán de forma muy rápida y de manera repetida aún cuando lo hagan de los modos más diversos. Al comprobar que de modo constante todos los láseres al chocar salen dirigidos por obra de los espejos, con diferentes trayectorias, vamos a hablar de causalidad como un modo para describir esta regularidad. Y se observa con ello que al hablar de causas no estamos hablando de un concepto a priori ni atemporal sino de un elemento de origen humano que se forma para poder dar una explicación a los sucesos que se nos presentan y con ello tener un cierta predecibilidad y manejo de nuestro entorno.

Los espejos, los láseres y los entrecruzamientos son la metáfora que representa a la sociedad en la cual se da una multiplicidad de hechos. La sucesión de estos va a poder ser concebida o bien como una cuestión lineal en donde le vamos asignar a cada uno de ellos una única causa, como el caso de la instalación de una plaza en un barrio a causa de que no hay árboles en la zona; o bien podemos entender que responde a más de una causa, las cuales irán desde el “entorno familiar” del acontecimiento hasta una circunferencia de dilatadas magnitudes que se nos hará difícil abarcar y manejar.

La sociedad es un conjunto de relaciones que son efectos y a su vez causas de otros efectos que están en constante interrelaciones, aparentemente algunas con mayor intensidad o más inmediatas que otras según el lugar que ocupen dentro de tal o cual acontecimiento. Este proceso se hace casi de modo automático y responde a la rutina y la costumbre, a una concentración ciega, irreflexiva y tranquilizadora en donde ante tal estímulo decimos automáticamente tal o cual solución, v. gr., si decimos robo concluimos falta de educación o para el dolor de cabeza contestamos medicinalmente ácido acetilsalicílico.

Hablamos de una red enorme cuyas relaciones se estimulan entre ellas, entonces al decir que un hecho se da por tal causa 0estamos haciendo un corte o marcando un límite arbitrario porque en realidad se dan un sinfín de causas para la producción ese hecho. V.gr., al pensar en un homicidio decimos que el acusado, soltero, graduado universitario, mayor de edad y de nombre R. Causa mató a la viuda y desempleada L. Efecto y entonces le aplicamos las normas, el acusado a la cárcel y será justicia. Sin embargo si observamos y hacemos un análisis detenido de los sucesos vemos que Rubén solo empuñó el arma que su padre le enseñó a usar, la cual le había regalado su abuelo cuya tenencia le fue dada por el Estado al obsequiársela como un presente inimitable de fabricación israelí según una técnica hermética aprendida de los kazajos quienes plagiaron su fabricación de los secretos de las divinidades adoradas por antiguos habitantes de Anatolia. Por otro lado, al arma solamente empuñada por Rubén Causa, aunque ahora ya no sabría decir con seguridad si es él quien la está empuñando, deja ver un gatillo que oscila hacia adelante y activa la conexión mecánica que hace que un percutor golpee el cebador y provocando que la bala que ese encuentra en la recamara comience el proceso de disparo recorriendo todo el cañón, cuyos surcos en espiral de sus paredes capturan los gases en expansión y ayudan a mantener la bala sobre un camino recto hacia L. Efecto, produciendo su muerte. Allí tampoco nos quedamos, puede que finalice la tarea del armero pero comienza la del perito en balística, la del psicólogo y luego la del médico que tendrá otro embrollo en explicar las miríadas de causas que llevan a considerar fallecida a L. Efecto cuando la bala ingresó en su cuerpo, aunque lo más seguro es que se concluya que fue a causa de un paro cardio-respiratorio. Son muchas las causas que harían pensar que es imposible encontrar una única relación con el hecho de su muerte. ¿Logramos determinar cómo se produce en realidad lo que dimos en llamar homicidio?. Así podríamos llegar a dejar en libertad a R. Causa o sancionar las divinidades de Anatolia, al Estado, al abuelo, a nadie o se podría llegar a poner tras las rejas a toda la sociedad  por su incidencia de un modo u otro o la víctima misma porque ese día su novio le dijo que vaya a visitarlo a la tres de la tarde y ella salió cinco minutos más tarde porque se demoró con el encargado del edificio que le comentaba de los nuevos impuestos municipales, así sucesivamente hasta encontrarse en el momento exacto con R., lo demás es historia sabida. La pregunta es: ¿quién mato a Lucía?.

Nos veríamos agotados ante la inmensidad de acontecimientos que pueden tener injerencia en el hecho y angustiados de no poder poner un límite y establecer “la causa” del homicidio. Lo mismo nos plantearíamos ante un suicidio, y se nos presentaría la incertidumbre de saber si el hecho fue ocasionado por el mismo sujeto o por todos los habitantes de su pueblo con sus prejuicios, obligaciones y exitismos.

No podemos considerar que haya una sola causa. Los procesos no pueden pensarse como una secuencia constante, lineal y única de causa-efecto porque si observamos detenidamente en un acontecimiento intervienen montones de causas productoras interrelacionadas. Claro que podríamos estar toda la vida intentando establecerlas y aun así no nos alcanzaría el tiempo por ser omnicomprensivas de la totalidad a la cual nos remitimos. Es la incapacidad del ser humano de enfrentarse a la eternidad, en otras palabras es muy difícil estar tirado en suelo en el sótano de Daneri[12] viendo la esfera de Escher[13] y de eso modo intentar abarcar hasta los más mínimos intersticios del gran entramado social. Imagino a los tribunales intentando resolver conflictos desde siglos y siglos pasados y si es que algún astuto no ha inventado suspicazmente la institución de la prescripción, los expedientes tendrían los mismos problemas y títulos que el cuento cortaziano “No se culpe a nadie[14].

La solución se resuelve de un modo más simple y de hecho así es como lo hacemos. Decidimos establecer determinadas causas para determinados efectos, con ello marcamos los límites sobre cuál va a ser nuestro universo a analizar y donde haremos el corte hasta donde está permitido llegar. Ello nos permite lo que anteriormente llamaba tranquilidad, es decir, establecemos y damos por ciertas determinadas causas, lo hacemos desde la rutina y desde la costumbre aunque muchas veces estas nos jueguen una mala pasada como en la búsqueda de cosas perdidas entorpecidas por hábitos rutinarios dándonos dolores de cabezas para encontrarlas.

Lo que realmente ocurre es una sucesión de acontecimientos interrelacionados influyendo constantemente entre sí y de ello construimos el concepto de “causa”. A un acontecimiento le sigue otro y de esa experiencia constante que percibimos, le vamos a dar la característica de causa-efecto necesaria y única, una cadena de sucesos reiterados que se mantienen así hasta el presente  v.gr. estamos seguros que el sol saldrá por el este y se ocultará por el oeste. Vemos por lo tanto que el conjunto causa-efecto se basa en la experiencia, estamos haciendo referencia a hechos pasados. Nuestra seguridad está dada por acontecimientos que sucedieron en un tiempo anterior. Es imposible predecir el futuro, tenemos convicciones de que los sucesos se darán en el futuro del mismo modo pero no podemos asegurarlo aún cuando pretendamos justificarlo del modo más razonable posible. Por ejemplo, cuando votamos elegimos desde lo que percibimos y rogamos que no nos toque el gobernante que el pueblo se merece sino uno que cumpla con su papel correctamente. Diremos que un suceso será causa de otro cuando se dé antes en un espacio-tiempo de modo constante. Ello lleva a generalizar de modo inductivo que en el futuro ocurrirá lo mismo dándonos esa serenidad ilusoria. Nuestro límite lo marca la experiencia por ello es que no podemos ir más allá de ésta, dejando de lado principios a prioris o metafísicos.

No podemos conocer el futuro y establecer causas necesarias y únicas de modo apriorístico. Tampoco podemos controlar los efectos y dominar todos los acontecimientos ya que al entrar a ese terreno estamos en el plano de las creencias. Si conoceríamos todas las causas que ocasionan un acontecimiento predeciríamos con una exactitud con la que soñaron los iluminados de la modernidad como Nicolas de Condorcet[15] y sus construcciones geométricas o Pierre Jean George Cabanis[16] y su medicina hacia la felicidad. Pero ello no es así, existen en cambio variables ocultas de acción, en contra de aquella idea de causalidad lineal que es nuclear en el surgimiento del pensamiento ilustrado.

Si la relación causa-efecto fuese universal y fundada nos llevaría a considerar que todos los acontecimientos se darán siempre del mismo modo despreocupándonos y rechazando toda visión apocalíptica, sin embargo observamos que no se cumple de este modo. Veamos un ejemplo. En nuestro ordenamiento jurídico tenemos la Carta Magna como única ley fundamental y de la cual se desprenden armoniosa y coherentemente un conjunto de códigos los cuales a su vez darán nacimiento a otras leyes y así sucesivamente. Ahora bien, llegado el momento de volcar las leyes en la sentencia, notamos que los jueces de iguales competencias aplican el sistema normativo de las más variadas formas dando lugar a diferentes sentencias. Por ello surgirá la necesidad de solicitar a órganos superiores unificar los criterios. Los magistrados reconstruyen las jerarquías de modos diferentes y ello incide en sus conclusiones. Se da la situación de leyes iguales arribando a soluciones diferentes. Vemos por lo tanto, que cada uno ha hecho el corte que considera necesario para la resolución del caso concreto para dar explicación frente a la vaguedad de la norma ante el caso concreto.

Somos nosotros quienes le daremos orden, leyes y armonía al caos de causas que intervienen. La necesidad por controlar y explicar los acontecimientos a través de teorías de asociaciones con un intento de entender el futuro. Pondremos las normas y las rejas para encuadrar en pocas causas el homicidio de L. Efecto. Nos vemos superados por la imposibilidad de controlar todos los acontecimientos y al ver que continúan sucediendo de modo repetido en el tiempo podemos considerarnos unos individuos con mucha “suerte”. Estamos a la deriva del azar o  Es esta última la que nos dará esa paz al ver que el sol sale todos los días por el mismo lado porque en caso que un día deje de ser así estaremos ante la furia de alguna divinidad, un hecho anómalo que no coincide con la ley causal o un derrotero de los acontecimientos que estaría escrito en papeles invisibles, a veces llamado destino. Siempre desconfié de esos conceptos que clausuran todo tipo de pregunta posterior y lo dejan a uno con una ignorancia mayor o con cierta duda de saber si ello es así.

Cabría entonces pensar la posibilidad de que todo acontecimiento es producto de causas en que no pueden sostenerse sucesos azarosos ya que todo es explicable si conocemos la secuencia de causas intervinientes en el hecho. Pero como ello es, para algunos, muy trabajoso y para otros, imposible, se argumenta que ciertos fenómenos son productos incausados por un “algo desconocido” y el trato que le dan es muy superficial y con pocas ganas de complicarse la vida. Pienso por un momento en la señora que se levanta temprano y antes de desayunar empieza a leer el diario desde atrás porque busca rápidamente el horóscopo. Ella considera que siempre “le acierta” con las cosas que dice, hasta con los números que le propone cada día.

¿Pero podemos considerar que las máximas proféticas formuladas de modo general de los signos zodiacales tengan razón y nos digan cómo somos y que nos va a deparar el día?. Es decir, las predicciones no son las que aciertan sino que somos nosotros quienes les damos significado y valor a lo que el horóscopo establece. Adecuamos nuestra forma de ser y nuestros sucesos del día a lo escrito y acto seguido invertimos la relación dándole el poder al horóscopo de predecir el futuro o determinar nuestras acciones. La causa de nuestro actuar pasa ser el horóscopo y no nuestro actuar quien le da sentido al horóscopo.

Con ello vemos dos cosas. Por un lado, la dificultad de predecir el futuro, nunca he leído un horóscopo que diga “hoy ganará la lotería”, todo lo contrario siempre exponen máximas optimistas y obvias que la gente quiere escuchar asegurando así su éxito. Por otro lado la invención de artilugios con pretensiones de llenar el vacío que genera no saber explicar los hechos. Parecería ser que la palabra que de fondo se oculta es la ignorancia, el eterno miedo a decir “no sé” o la angustia que genera no poder abarcar la totalidad introduciéndonos a veces sin darnos cuenta, en el terreno de lo metafísico. Allí encontramos entre otras cosas, a los milagros como acontecimientos que se dan y de los cuales no se puede dar una explicación racional de cómo es que sucedieron. Como el caso de un estudiante que confía en la suerte para que le vaya bien en un examen nos daría a pensar que le irá bien en la medida que haya estudiado y no se quede conforme con su actitud azarosa. Lo mismo podríamos pensar de la ayuda que vamos a darles a los once jugadores que juegan en Japón la copa mundial si tenemos puesta la camiseta de cábala o del fortuito descubrimiento del hongo penicillium chrysogenum.

Muchas veces, al hablar de cuestiones casuales hacemos referencias a una causalidad eterna y apriorística. En ella estamos destinados por caprichos divinos mientras los seres humanos solo son partícipes de dichos acontecimientos pero cuyas causas no le pertenecen, ello es tarea divina, sino una terea por entender la complejidad de causas generando grandes enigmas. Ante estos deseamos buscar una explicación rápida que consideramos superior a nosotros y es de esperar que se formulen frases como “gracias a dios” o “el diablo anduvo metiendo la cola”. Este fideísmo nos va a liberar de muchas cargas explicativas y va a permitir que fuerzas sobre-humanas dominen nuestro accionar.

Frente a todo esto, ¿de qué hablamos cuando decimos “libertad”?, que según parece es la capacidad de auto-determinarse sin ninguna intervención externa. Si volvemos a líneas anteriores podríamos llegar a pensar que todo acontecimiento cae en las fauces del determinismo. Todas nuestras elecciones por más autenticidad y pureza que queramos darles, de lo que en realidad están imbuidas es de esa multiplicidad de causas sean estas químicas, físicas, biológicas, históricas, políticas, sociales, entre otras.

El que haya elegido este tomar esta punta del hilo de la miríada de tema que “Amalia” deja ver responde a muchos otros factores, que vaya por este camino o por este otro, en el hecho que quiera ir a la plaza y no al cine se descubren montones de causas que seguramente desconocemos y entonces la libertad empieza  a convertirse en un concepto pulverizado si se lo concibe como algo a priori y absoluto, anterior al hombre y libre de toda atadura. Hacer una elección es un proceso en el cual su juzgan y ponen en balanza montones de opciones de las cuales seleccionamos unas pocas. Este proceso no nos lleva mucho tiempo porque acortamos nuestros límites, no nos hemos sentado a decidir un largo tiempo de los efectos que podrían sucederse si elijo té o café. Y es que desde nuestra costumbre, en nuestras experiencias hacemos actos inductivos que se confirman constantemente ante la repetición. Allí estamos firmes, es mejor continuar con estos hechos para que nuestra teoría siga incólume y no nos veamos en el aprieto de ver caer todo lo sostenido hasta ahora. Nuestro futuro es incierto pero hacemos de cuenta que no, por lo que muchas veces rechazaremos causas que no nos den como resultado lo esperado por nosotros. Difícil es pensar un libertad independiente, la pregunta sería ¿independiente de qué?. Porque siempre está dependiendo de causas, concebida la libertad como eterna se convierte en una ilusión. El concepto parte desde los seres humanos quienes lo construyen y lo forman. Por ello es importante el papel que cumple el lenguaje y la carga emotiva con la que se carga a las palabras oscurece su significado como en el caso de “libertad”.

La elección del individuo se ubica en el medio de un laberinto donde su imagen es devuelta por montones de espejos y atravesada por otra gran cantidad de láseres.

¿Quien sabe que “láseres” lo han llevado a usted lector para que se encuentre ahora leyendo estas líneas que apoya o critica?. ¿Quién sabe si ya en realidad conocemos de antemano como el croupier ha tallado las cartas o simplemente nos sentamos a jugar dejándonos sorprender o jugar a hacernos los sorprendidos?. Borges y su lotería babilónica se han encargado de explicar todas estas líneas con su exquisita exactitud[17].

[1] Primara publicación en el año 1851. Segunda publicación extendida en el año 1855.

[2] Confederación de provincias argentinas entre los años 1835 y 1852.

[3] Político y militar argentino (Buenos Aires, 30 de marzo de 1793 – Southampton, Gran Bretaña, 14 de marzo de 1877).

[4] Escritor, periodista y político argentino (Buenos Aires, 2 de diciembre de 1817 – íd., agosto de 1871).

[5] Véase: Fucito, Felipe (2010) La crisis del derecho en la Argentina y sus antecedentes literarios. Un enfoque sociológico. Pág. 117. Buenos Aires: Eudeba.

[6] Véase: Berger, Peter y Luckmann, Thomas. (1993) La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu.

[7] Véase: Kohan, Martín. (2005) Narrar a San Martín. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.

[8] Véase: Fucito, Felipe (2010) La crisis del derecho en la Argentina y sus antecedentes literarios. Un enfoque sociológico. Pág. 118-119. Buenos Aires: Eudeba.

[9] Measure for Measure / Medida por medida (1604), obra de William Shakespeare.

[10]Vivieron felices y comieron perdices”. Frase utilizada para indicar el final feliz de un relato.

[11] El uso cotidiano de la frase es “por esas casualidades de la vida”.

[12] Cuanto El Aleph de Jorge Luis Borges.

[13] Maurits Cornelis Escher (Leeuwarden, Países Bajos, 17 de junio de 1898 – Hilversum, Países Bajos, 27 de marzo de 1972), artista nnerlandés

[14] Cuento incluido en el libro Final de juego de Julio Cortázar.

[15] Filósofo, científico y político francés (Ribemont, Aisne, Francia, 17 de septiembre de 1743 – Bourg-la-Reine, 28 de marzo de 1794).

[16] Médico y filósofo francés (5 de junio de 1757 – 5 de mayo de 1808).

[17] La lotería en Babilonia, cuento incluido en el libro Ficciones de Jorge Luis Borges.