Bartleby, el escribiente Melville, Herman


Melville, Herman. Bartleby, el escribiente - 7a. edición - Madrid : Ediciones Cátedra, 2007.
ISBN 978-84-376-0654-5

Información adicional:

Edición y traducción de Julia Lavid

Indización Juridica

DERECHOS HUMANOS
DERECHO LABORAL > DESPIDO
DERECHO CONSTITUCIONAL> DERECHO A LA VIVIENDA DIGNA/CONDICIONES DE DETENCIÓN

Vinculación:

La vinculación del libro con el Derecho aparece desde el título original: “Bartleby, el escribiente. Una historia de Wall Street”. Un abogado, dueño de un estudio jurídico, contrata un nuevo empleado (Bartleby) para que copie escritos. Surgen en este peculiar relato situaciones sobre las condiciones laborales del lugar y de la época (Nueva York, 1853) donde por ejemplo se podía contratar a un niño de 12 años (Ginger Nut); cómo es la relación de dependencia, su alcance y sus límites; la libertad, de actuar (o no actuar) y de expresarse; despido; derecho a la vivienda; desalojo; condiciones carcelarias; persona vulnerable.

Citas textuales:

  • “Realizo un trabajo cómodo relacionado con las obligaciones, las hipotecas y los títulos de propiedad de los ricos” (p. 76)
  • “Ginger Nut, el tercero de la lista, era un muchacho de unos doce años. Su padre era un cochero, que ambicionaba ver a su hijo, antes de morir, en el estrado en vez de en un coche. Así que lo envió a mi oficina como estudiante de leyes, recadero, chicho de la limpieza y barrendero, a razón de un dólar por semana” (p. 82).
  • “En respuesta a mi anuncio, una mañana apareció en el umbral de mi oficina un joven impasible; la puerta estaba abierta porque era verano. Todavía recuerdo aquella figura: pálidamente pulcro, enternecedoramente respetable, irremisiblemente desamparado. Era Bartleby” (p. 83).
  • “Al principio, Bartleby escribió en cantidades extraordinarias. Como si hubiese estado mucho tiempo hambriento de algo para copiar, parecía atracarse con mis documentos. No hacía pausa para la digestión. Iba línea tras línea día y noche, copiando con luz solar y a la luz de las velas.” (p. 84).
  • “…le llamé, exponiendo rápidamente lo que quería que hiciera, es decir, examinar conmigo un pequeño documento. Imagínense mi sorpresa, mejor dicho, mi consternación, cuando sin moverse de su reservado, Bartleby contestó con una voz singularmente suave y firme:
    —Prefiriría no hacerlo.” (p. 85).
  • “—Bartleby —dije—, Ginger Nut ha salido; acérquese a la Oficina de Correos, ¿le importa? (estaba a tres minutos de marcha), y mire si hay algo para mí.
    —Preferiría no hacerlo.
    —¿No quiere hacerlo?
    — Prefiero no hacerlo.” (p. 90).
  • “¡Qué miserable aislamiento y soledad se revelan aquí! Su pobreza es mucho, pero su soledad, ¡qué horrible!” (p. 94).
  • “Por fin, en respuesta a mis apremios, me comunicó que había dejado de copiar para siempre” (p. 99).
  • “—Ha llegado el momento, debe usted abandonar este lugar; lo siento por usted; aquí tiene dinero, pero debe irse.
    —Preferiría no hacerlo —replicó, dándome la espalda todavía.
    —Tiene que hacerlo.
    Se quedó callado”  (p. 100).
  • “No podía expulsarle a empujones; hacerlo salir a base de insultos no serviría; llamar a la policía era una idea poco grata…” (p. 103).
  • —¿Va usted, o no va usted a dejarme? —pregunté ahora, con repentina ira, avanzando hacia él.
    —Preferiría no dejarle —contestó, subrayando suavemente el no.
    —Pero, ¿qué derecho humano tiene usted a quedarse aquí? ¿Paga usted alquiler? ¿Paga usted mis impuestos? ¿O acaso es suya esta propiedad?”  (p. 183).
  • “…quizás al final me sobreviviría, y reclamaría el derecho a la posesión de mi oficina por su ocupación perpetua” (p. 107).
  • “No vas a echar a ese pobre pálido y pasivo mortal, no irás a echar a la calle a una criatura tan desamparada, ¿verdad?” (p. 107).
  • “…le haré saber claramente, que si lo encuentro en mi nuevo local, procederé contra él como si fuera un vulgar intruso” (p. 108).
  • “…le ha expulsado de su despacho, y ahora persiste en rondar el edificio, sentándose de día en los pasamanos de las escaleras, y durmiendo por la noche en la entrada. A todo el mundo le afecta; los clientes están abandonando las oficinas; se teme un alboroto; tiene usted que hacer algo, y sin demora” (p. 109).
  • “—Preferiría no ser dependiente…” (p. 110).
  • “¿Quiere morirse de hambre? Si eso es lo que quiere, que viva de la comida de la prisión, eso es todo” (p. 113).
  • “Soy el despensero. Los caballeros que tienen amigos aquí me contratan para que les proporcione algo bueno de comer.
    —¿Ah, sí? —dije, volviéndome al carcelero.
    Dijo que así era.
    —Bien, entonces —dije, deslizando unas monedas en la mano del despensero (pues así le llamaban)— quiero que le preste particular atención a aquel amigo mío, encárguese de que tenga la comida mejor que usted pueda conseguir. Y sea con él lo más educado que pueda” (p. 113).
  • “El informe era éste: que Bartleby había sido un empleado subordinado en la Oficina de Cartas no Reclamadas de Washington, de la que repentinamente se le había despedido por un cambio en la administración” (p. 116).

Interrogantes:

  • ¿Existían motivos justificados para despedir a Bartleby según la normativa laboral argentina?
  • ¿Cómo defendería la situación de Bartleby desde una perspectiva constitucional y aun convencional?
  • ¿Qué alcances tendría el derecho a la vivienda en una persona sola y vulnerable, como sería Bartleby?

Comentario

Por Guillermo Dante González Zurro.
Juez civil.
Profesor de Derecho Procesal (UCA).
Tesis doctoral (presentada, en trámite de ser defendida): “El pensamiento metafórico de la Corte Suprema de Justicia” Director: Dr. Fernando Racimo.
Correo electrónico: gdgzurro@gmail.com

El intento de vincular el libro “Bartlebly, el escribiente” con el Derecho demuestra, por lo inasible, cuánto más profundo aparece el texto literario. Los temas jurídicos, que aparecen en la indización, conforman una reducción que no llega a explicar mínimamente de qué se trata la historia. Es que podemos categorizar los aspectos legales pero no será posible encasillar de la misma manera el relato de Melville, con su ambigüedad y sus múltiples lecturas.
Por lo pronto, ¿cuánto moviliza una respuesta inesperada, fuera de lo común, en una mentalidad rígida como la que usualmente tenemos los abogados?¿Hasta dónde nos desestructura? ¿Cuánto espacio dejamos para la creatividad y la imaginación?
Es verdad que el Derecho, como las obras literarias, requiere interpretación. Sin embargo, en el mundo legal siempre hay que dar una respuesta: al menos para dictar una sentencia hay que decidirse. Los doctrinarios también se expiden y buscan una solución para caba problema. En cambio, en una novela como Bartleby, como cualquier clásico, esta tarea es imposible. Los límites en ambos campos difieren.
Pese a estas diferencias, intentaré esbozar una tenue relación entre lo subyacente en el texto literario con lo jurídico.
La pregunta (la que elijo, de tantas posibles) es si podría el Derecho hacerse cargo de un hombre solo, desamparado, que por un lado rechaza al “sistema” y, al mismo tiempo, no quiere recibir ayuda.
El abogado-narrador no logra resolver el dilema. Nos da pistas sobre el “antihéroe rebelde” y nos sugiere un alto grado de escepticismo, pero las múltiples interpretaciones variarán según cada lector. La propia forma literaria que necesita catárticamente para expresarse es una muestra de la incógnita irresoluta. Ello no impide, sin embargo, vislumbrar el cambio que se produce en el narrador.
El Derecho, por su parte, regula conductas. Y aquí el comportamiento (más bien la omisión) del escribiente podría ser juzgada por los parámetros legales (de hecho en algún punto la trama lo expresa). Pero esta “solución” está a gran distancia de la dimensión filosófica que motiva el cortés “preferiría no hacerlo” (I would prefer not to) de Bartleby. Su respuesta —que ha sido considerada absurda porque nadie le dio opciones para que opte— puede ser interpretada como una resistencia al materialismo, al utilitarismo deshumanizante: la “utilidad” del escribiente es “copiar” y aquí deja de hacerlo. Postura esta última que excede el aspecto laboral e impregna toda su existencia, para terminar pagando un altísimo costo. Es llevado a prisión (lo que sería contrario a todos los derechos y garantías actuales) y lo entiende perfectamente (“Sé dónde estoy”), pero mantiene incólume su obstinación día tras día: “prefiero no cenar hoy”. ¿Merece ser respetada esta suerte de “huelga de hambre”? Entiendo que sí, aunque llegue al extremo. Hay una cuestión de libertad de conciencia que debe preservarse. Es un hombre solo, pobre en sentido material, preso, lo que hoy diríamos un vulnerable, un marginal. El Derecho debería acudir en su ayuda. Pero el límite lo fija el propio interesado, en tanto goce de discernimiento.
En este ámbito de absoluta interioridad, provocativa y rebelde, que magistralmente nos relata la literatura de Melville (pensemos en las metáforas de las paredes, biombos y muros a lo largo de la obra y aun en el título original), el Derecho —aunque también se base en el lenguaje— halla un límite, allí no puede entrar.
¡Ah Bartleby! ¡Ah, humanidad!

Bibliografía ampliatoria:

Levy, Daniel “La Ley como opción (Acerca de Bartleby)” Lecciones y Ensayos Nº 81, UBA (2005).
Puede descargarse el número completo aquí: http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/lye/pub_lye_numeros_81.php

Tres Ensayos sobre Bartleby de Gilles Deleuze, Giorgio Agamben y José Luis Pardo, en “Preferiría no hacerlo”, Ed. Pre-textos, Valencia (2000).

Pinsker, Sanford. “‘Bartleby the Scrivener’: Language as Wall.” College Literature 2, no. 1 (1975): 17-27.

Pribek, Thomas. “Melville’s Copysists: The ‘Bar-tenders’ of Wall Street.” Papers On Language & Literature 22, no. 2 (Spring86 1986): 176

Weiner, Susan. “`Bartleby’: Representation, reproduction and the law.” Journal Of American Culture (01911813) 17, no. 2 (Summer94 1994): 65.

Wilson, Robert Andrew. “Sympathy for the Lawyer: A Source for “Bartleby” and Nineteenth-Century Prison Reform.” Anq 21, no. 4 (Fall2008 2008): 24-30.