El mercader de Venecia SHAKESPEARE, William


SHAKESPEARE, William. El mercader de Venecia - 1a ed.1a reimp - Madrid : Alianza, 2011.
978-84-206-6432-3 p.

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Traducido por Luis Astrana Marín

Indización Juridica

DERECHO CONSTITUCIONAL > IGUALDAD ANTE LA LEY.
DERECHOS HUMANOS > DISCRIMINACIÓN.

Vinculación:

Bassanio, amigo de Antonio, católico y rico mercader de Venecia, le solicita a éste 3.000 ducados para pretender el noviazgo de Porcia, que es la bella heredera de una fortuna. Antonio, no dispone de efectivo, por cuanto tiene su dinero invertido en mercaderías que están en sus barcos mercantes. Pero para poder ayudar a su amigo le solicita un préstamo a Shylock, que es un rico judío de la comunidad, quien, a pesar de su enemistad, accede, pero con la condición de que si Antonio no paga la deuda en el plazo de tres meses tendrá que darle, en concepto de penalidad una libra de su carne. Llegado el vencimiento y cuando en Venecia se corre el rumor que los barcos de Antonio han naufragado y Antonio no puede responder por su deuda, Shylock exige el cumplimiento de la cláusula penal en forma estricta. Por esta actitud, es presionado e insultado en su calidad de judío, por los amigos de Antonio, provocando una encendida defensa de Shylock por la igualdad con los católicos.

Citas textuales

“Salarino: ¡Bah! Estoy seguro de que no está en regla, no le tomarás su carne. ¿Para qué sería buena?

Shylock: Para cebar peces. Alimentará mi venganza, si no puede servir para nada mejor. Ha arrojado el desprecio sobre mí, me ha impedido ganar medio millón; se ha reído de mis pérdidas, se ha burlado de mis ganancias, ha menospreciado mi nación, ha dificultado mis negocios, enfriado a mis amigos, exacerbado a mis enemigos; ¿qué razón tiene para hacer todo esto? Soy un judío. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano?. Si nos pincháis, ¿no sangramos?. Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?. Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también  en eso. Si un judío insulta a un cristiano ¿cuál será la humildad de éste?. La venganza. Si un cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la instrucción que me habéis dado.” (pags 78-79)

Interrogantes

  • ¿Hay una sola forma de igualdad?
  • ¿Evolucionó el concepto de igualdad?
  • ¿Cuál es la normativa constitucional y legal aplicable al concepto de igualdad?

Comentario

Shakespeare describe con su habitual genialidad, que lo hizo el más célebre dramaturgo del mundo, el antagonismo existente entre la religión judía y la cristiana en la Venecia de los siglos XVI y XVII.

A principios del siglo XVI, en Venecia se consideraba a los judíos como una indignidad moral, y si bien los atacaban y hasta destruían sus casas, eran necesarios, por los servicios bancarios que proporcionaban, los préstamos que realizaban y los impuestos que pagaban al Estado.

Como su expulsión resultaba imposible, se decidió su segregación en el gueto, cuya significación deriva de la palabra italiana gettare, (arrojar) 

En el gueto, los judíos debían estar encerrados durante la noche y podían salir por la mañana y circular por la ciudad, aunque debían hacerlo con una insignia amarilla que los identificara. 

Así como los muros del gueto permitían hacer efectiva la segregación, “…. en el mundo moderno, los automóviles y las autopistas hacen las veces de muros de segregación…” 

La Real Academia Española define al gueto – del It. ghetto-, como barrio o suburbio en que viven personas marginadas por el resto de la sociedad.-

El derecho a la igualdad, al que Shylock apela en su discurso, como una forma de denunciar la marginación y discriminación a la que es sometido, tiene múltiples aristas, como lo explican en un excelente estudio, Liliana Ronconi y Leticia Vita sobre El Principio de igualdad en la enseñanza del Derecho Constitucional. 

En el mismo identifican tres formas de ver la igualdad:

1) Formal o estrecha: “… que no es otra cosa que el derecho a que no establezcan excepciones o privilegios que excluyan a unas, de lo que se concede a otros en iguales circunstancias”. 

Esta visión de la igualdad, que consagra el artículo 16 de la Constitución Nacional, es criticada por las autoras por cuanto no aclara cuáles son las circunstancias que deben ser legitimadas y puede derivar en fórmulas que justificaron las leyes raciales en Estados Unidos.

2) La segunda forma sería la no discriminación arbitraria en la que las circunstancias sobre las que se fundamenta la igualdad de trato deben ser razonables o relevantes, cuando el estado regula el ejercicio de un derecho.

3) La tercera es la igualdad como no sometimiento o exclusión en la cual se considera que el concepto de igualdad como no discriminación resulta parcial y debe ser completado con este último en el cual la persona no solo es tomada en forma individual sino como parte de un grupo excluido o marginado.

Éste es el sentido que le dio la reforma constitucional argentina del año 1994 en la Constitución Nacional, artículo Art. 75. Corresponde al Congreso: 23. Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad.

Tratados internacionales, reformas constitucionales, legislación y políticas de inclusión se vienen realizando desde hace muchos años para evitar la discriminación y la desigualdad.

No podemos decir que haya sido inútil, solo insuficiente, por cuanto la marginación, la desigualdad social, la discriminación, siguen estando enquistadas en el seno de la sociedad contemporánea.

El avance científico y tecnológico ha sido meteórico, pero la evolución en igualdad y justicia social es muy lenta.-

En nuestro país, en el mes de agosto de 1988, se sancionó la Ley 23592 contra la discriminación que expresa en su artículo primero: “Quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional, será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados.

A los efectos del presente artículo se considerarán particularmente los actos u omisiones discriminatorios determinados por motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos”.

A su vez en el mes de julio de 1995 se creó por la Ley 24515 el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) que tiene por objeto elaborar políticas nacionales y medidas concretas para combatir la discriminación, la xenofobia y el racismo, impulsando y llevando a cabo acciones a tal fin.

No obstante las políticas públicas en el sentido de luchar contra la discriminación, todavía queda un largo camino por recorrer, y en el mismo se debe incorporar una política educativa que tienda a concientizar y lograr un cambio cultural.

La lucha contra la discriminación es un viejo ideal humanitario y su eliminación aparece como una meta siempre inalcanzable. La sociedad humana parece empecinada en hacer de la diferencia social o física un argumento para la hostilidad o la marginación. 

Más de cuatro siglos han pasado desde que Shakespeare puso en boca de Shylock el estremecedor alegato contra la discriminación y la desigualdad y sin embargo, las mismas persisten con mayor o menor intensidad en el mundo.

En la ciudad de Medellín, Colombia, se han instrumentado políticas de estado para urbanizar las villas, con educación, obras y planes de inclusión, con un enorme éxito, transformando las mismas y rompiendo el gueto para que sean parte de la ciudad.

Sin embargo su Alcalde actual Aníbal Gaviria Correa expresa: “Disminuir la pobreza es fácil, lo difícil es disminuir la desigualdad” 

Difícil no es imposible y el trabajo por la igualdad, a través de la educación, la justicia social y la inclusión, es el único camino para que podamos consagrar los derechos humanos como una realidad incontrastable.-

MARIO DUBOIS