Frankenstein SHELLEY, Mary W.


SHELLEY, Mary W.. Frankenstein - 1a ed - Buenos Aires : Alfaguara, 2008.
280 p.
ISBN 978-987-04-0956-4

Indización Juridica

SALUD PÚBLICA > BIOÉTICA
DERECHO CONSTITUCIONAL > DEFENSA EN JUICIO
DERECHO CIVIL >OBLIGACIONES Y CONTRATOS > RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES…/ RESPONSABILIDAD DEL PRINCIPAL POR EL HECHO DE LOS DEPENDIENTES.

Vinculación:

Un científico aspiraba, bienintencionadamente, a iluminar a la humanidad con sus descubrimientos, y como consecuencia de ello, dota de vida a una criatura inanimada. Con tal manipulación de los límites entre la vida y la muerte puestos en manos del hombre, los principios y valores bioéticos se ven avasallados por el avance de la ciencia.

Citas textuales:

  • “…La riqueza no era, a mi entender, más que una meta inferior, pero qué gloria obtendría con mi descubrimiento si conseguía liberar al organismo humano de la enfermedad y hacer del hombre un ser invulnerable a todo menos a la muerte violenta…”(p. 67/68).
  •  “…Sin embargo, mi imaginación estaba excesivamente enfebrecida por mi éxito inicial como para poner en duda mi capacidad para elaborar una criatura animal tan completa y maravillosa como el ser humano. Los materiales que estaban a mi alcance apenas si parecían adecuados para una tarea tan difícil, pero no dudé de que podría llevarla a buen término. Ciertamente esperaba numerosos fracasos y sabía que, muchas veces, mis tentativas se hallaban en peligro e incluso que, en última instancia, podía suceder que mi obra fuera imperfecta…” (p. 87).
  •  “…-Esperaba que me recibiera así –dijo el monstruo-. Todos los humanos odian a los desdichados. ¡Cuánto odio debo despertar yo, que soy el más desdichado de los seres vivientes! Incluso usted, que me dio la vida, me detesta y me rechaza, a mí, a la criatura con la que lo atan lazos que solo la muerte puede romper. Dice que quiere matarme; pero ¿cómo puede utilizar la vida como si fuera un juego? Cumpla antes con los deberes que tiene conmigo y yo lo haré con los que me unen a todo el género humano…” (p. 154).
  •  “…¡Oh Frankenstein! No se sienta satisfecho de ser justo para con los otros si conmigo, que tengo más derecho que nadie a su justicia y también, a su clemencia y su amor, se muestra tan implacable. Recuerde que soy su criatura…” (p. 156).

Interrogantes:

  • ¿Qué criterios suelen seguirse en la actualidad, en busca de un balance entre el avance de la ciencia, la ética en la investigación, y la protección de la salud pública?
  • ¿Existe acaso un núcleo básico de  normas aceptadas a nivel internacional, que fijan las pautas mínimas que deben seguirse en toda experimentación con seres humanos?
  • ¿Qué alcances tiene la responsabilidad por los daños causados a terceros por los propios hijos? ¿y por los dependientes? ¿y por los objetos creados, en tanto entrañen un riesgo para la sociedad?

Comentarios:

María Sol Dallochio

Estudiante de la Facultad de Derecho U.B.A.

dallochio499@est.derecho.uba.ar

            Los terribles daños que produce el ser creado por el Dr. Frankenstein en la obra, son producto del uso irresponsable de la tecnología y las investigaciones. Así, se logra percibir la perversión que puede llegar a traer el desarrollo científico, al manipular cuestiones tan sensibles como la dotación de vida a la materia inerte. Ello desencadena en una serie de desgracias que, a decir verdad, hubieran resultado previsibles ante el menor análisis y buen juicio que debería haber aplicado el profesional.

            De esta manera, se pone en juego la moral científica, el respeto por los principios generales de bioética, y temas sumamente relevantes como la creación y destrucción de vida humana (o cuasi humana) en manos de un científico.

            Esta temática no encuentra un cabal encuadre en el ámbito del Derecho. Sin embargo, los innumerables hallazgos en el plano científico-tecnológico, nos asombran día a día y nos hacen pensar en que no hay límites jurídicos precisos que nos tutelen. En el prólogo de la novela, la autora califica lo narrado en sus relatos como una fantasía fruto de su imaginación e imposible como hecho físico[1], y, ello es dable por el contexto histórico en el cual redactó su relato (en los albores del Siglo XVIII). Sin embargo, hoy la capacidad de dotar de vida a una criatura creada artificialmente nos convoca desde una reflexión propia de la bioética. ¿Es esto viable? Toda respuesta que pueda atinar al respecto sería incierta. El avance científico supera límites insospechados, lo que actualmente nos parece imposible, ya ha sido imaginado por mentes brillantes y no se podría afirmar a ciencia cierta lo que le depara el futuro a esta rama del saber.

            En otro plano de la novela, la escritora nos invita a analizar las pasiones humanas. Describe con agudeza la serie de acontecimientos que, a lo largo de los años, llevaron al protagonista a crear su obra y, posteriormente, a intentar destruirla. Mary Shelley no escatima en detalles, las emociones que orientaron al científico a elegir tal profesión y encaminar determinada investigación, son relatadas de manera tal que nos hace entender profundamente los orígenes de cada comportamiento del protagonista. Y si de conductas humanas hablamos, el Derecho es justamente la rama del saber que se interesa en comprenderlas, regularlas y, oportunamente, prevenir sus consecuencias dañosas (tal es la finalidad de la función preventiva de la reparación civil que se ve cabalmente abordada en el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación[2]).

            De esta manera, logramos comprender que los personajes que narran sus historias –Robert Walton, Víctor Frankenstein y el ser que éste último creó–, inicialmente enfocan sus ambiciones en enriquecer constantemente su educación, para así alcanzar la gloria y el reconocimiento de la sociedad. Resulta de gran interés que el lector pueda contagiarse de este entusiasmo constante por superarse intelectual y culturalmente.

            A lo largo de todo su relato, la autora resalta los valores de bondad y nobleza. A su vez, logra expresar a través de un personaje ficticio –Elizabeth Lavenza–, sus ideales políticos claramente republicanos, y su incansable búsqueda por lograr una sociedad más justa “Las instituciones republicanas de nuestro país han permitido costumbres más sencillas y felices que las que suelen imperar en las grandes monarquías que lo circundan. Por ende, hay menos diferencias entre las distintas clases sociales de sus habitantes (…)”[3]. Así, pueden entreverse diferentes vinculaciones indirectas con el valor justicia, que se tornan más palpables durante el juicio que juzgaría culpable a una presunta asesina, el cual es catalogado por el personaje principal como una “odiosa farsa de justicia”.

            Asimismo, se trastocan cuestiones muy cercanas a nuestra realidad, como los profundos lazos de amor que unen a familiares y amigos, el dolor por las enfermedades que estos padecen y, sobre todo, por su dramática muerte. Creo que aquí radica uno de los aspectos más atrapantes del relato, en poder entrelazar sucesos en principio sobrenaturales junto con una combinación de sentimientos humanos que nos resultan cotidianos.

            Desde una perspectiva jurídica, el accionar del Dr. Frankenstein roza en muchas ocasiones no sólo la insania, sino también los límites impuestos por el derecho, desde violar deberes de responsabilidad profesional y no tomar medidas de prevención y seguridad adecuadas a las circunstancias, hasta incluso profanar tumbas en búsqueda de miembros humanos que sirvan para dar cuerpo a su creación, lo cual nos hace pensar acerca del derecho de disposición de los cadáveres. Esto teniendo en cuenta que en el Siglo XVIII, las leyes permitían ceder a la ciencia exclusivamente los cuerpos de los ajusticiados. Pero la medicina avanzaba más rápidamente que la legislación. Mientras que en Inglaterra y Gales sólo se ejecutaban a unas cincuenta personas al año, las escuelas de la época demandaban medio millar de cuerpos anuales[4], es por ello se popularizó entre los científicos la práctica llevada a cabo por el protagonista. Así una investigación que podría haber sido acertada, se ve corrompida y desemboca en la desgracia, tal y como aconteció en la realidad tantas veces (no hay más que recordar la génesis del virus de VIH/SIDA para reafirmar dicho postulado).

            Por otro lado, el científico demuestra cierto dejo de superficialidad al rechazar, desde un primer momento, al ser que él mismo trajo a la vida tan solo por el desagradable aspecto que este poseía, sin siquiera darle la oportunidad de rebatir su primera impresión. Esto impacta centralmente en la conducta de la bestia, de hecho, en sus comienzos, la criatura era bondadosa e incapaz de lastimar a ser vivo alguno, lo cual nos hace reflexionar acerca de que las falencias en la educación son, a menudo, el principal motor que lleva a los seres a cometer las más terribles atrocidades.

            En este punto, el obrar del protagonista podría caer bajo la órbita de la responsabilidad civil de los padres por los actos cometidos por sus hijos[5], ya sea por no haber cumplido con las obligaciones de vigilancia activa, o por no haberle dado educación adecuada (según el fundamento en el que nos posicionemos). Aplicaríamos la analogía teniendo en cuenta que Frankenstein es quien trajo a la vida a la criatura y debería ser él quien responda por los daños que esta ocasionó.

            Vale la pena reflexionar acerca de qué hubiera sucedido si el científico hubiera dejado de lado su orgullo y temor, y hubiera hecho público el fracaso de su creación para así aunar fuerzas dirigidas a doblegar al monstruo y, principalmente, para alertar a toda la sociedad del peligro que los aquejaba. De esta manera ha incumplido el deber general de prevención del daño que se encuentra consagrado en el nuevo Código Civil y Comercial[6], lo que seguramente hubiera podido evitar varias de las muertes que acontecen en la novela.

Bibliografía complementaria:

  • La mirada en el espejo: ensayo antropológico sobre Frankenstein de Mary Shelley, de Francisco Rodríguez Valls. Oviedo, Septem Ediciones. 2001
  • La familia del Dr. Frankenstein. Materiales para una historia del hombre artificial, de Jesús Alonso Burgos. Alcalá Grupo Editorial, Jaén, 2007.

Para ampliar:

En cuanto a la normativa básica de investigación en Salud, puede consultarse:

 Código de Nuremberg

AMM. Declaración de Helsinki sobre principios éticos para las investigaciones médicas en seres humanos

Informe Belmont. Principios y guías éticos para la protección de los sujetos humanos de investigación

AMM. Declaración sobre el uso de animales en la investigación biomédica

CIOMS. Pautas Internacionales para la Evaluación Etica de los Estudios Epidemiológicos

CIOMS. Pautas Éticas Internacionales para la Investigación y Experimentación Biomédica en Seres Humanos

NUFFIELD COUNCIL ON BIOETHICS. Etica de la Investigación relativa a la Atención Sanitaria en los Países en Desarrollo

OPS. Buenas Prácticas Clínicas: Documento de las Américas

OMS. Guías Operacionales para Comités de Etica que evalúan Investigación Biomédica.

UNESCO. Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos. Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos. Declaración Internacional sobre los Datos Genéticos Humanos.

Sobre la utilización de tejidos humanos con fines de experimentación u otros, sugerimos ver nuestros comentarios a la novela “El Mercader de Venecia”.


[1] SHELLEY, M. W. (2007), Frankenstein, Buenos Aires, Ed. Tinta Fresca, p. 9.

[2] Código Civil y Comercial de la Nación Argentina. Ley Nº 26.994/14, con vigencia a partir del 1/8/15, conf. Ley 27.077/14.

[3] SHELLEY, M. W. (2007), Frankenstein, Buenos Aires, Ed. Tinta Fresca, p. 48.

[4] SILLAU GILONE, José A., “Historia de la Anatomía “, consultado en [http://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/enfermedades_torax/v49_n3/pdf/a10.pdf] el 24/03/2015.

[5] Arts. 1114 y 1116 Cód. Civ. de Vélez Sársfield; arts. 1754 a 1756, nuevo Código Civil y Comercial de la Nación Argentina, cit.

[6] Art. 1710. Código Civil y Comercial de la Nación Argentina. Ley Nº 26.994/14, con vigencia a partir del 1/8/15, conf. Ley 27.077/14.